Cuentan los ancianos más jodedores de Troke que en la Confusión, su catedral menos elogiada y de mala muerte, se organizó el concurso anual de jó-
venes trokianos. Más de un centenar de chicuelos ávidos de reconocimiento acudieron de las provincias del país. El
requisito de la competencia era complejo, consistía en dejar sobre una hoja de papel la huella de aquello que más deseaba el concursante. No había limitaciones de estilos ni tamaño de las obras. Al vencer el tiempo definido para la creación, en las propias mesas de trabajo, el jurado evaluaría las creaciones y el veredicto sería publicado ese mismo día para júbilo de todos y como premio se satisfaría el deseo del ganador.
Enseguida empezó “la cosa”. Luego de seis horas de empeño, se anunció que todos habían terminado. Cuentan además que, en el trayecto del escrutinio, el jurado pudo apreciar al mismo tiempo cuentos y poemas; corazones, extremidades, herraduras, autos e insólitas lágrimas pintadas, pero la noticia sensacional fue la intervención de la policía para calmar el alboroto que causó el hecho de que, las cinco mujeres que conformaban el jurado, habían entregado el premio al muchacho que dejó una blanda muestra de semen
sobre el papel.
Una noche de relámpagos y truenos, tras una tormenta anunciada, que tenía una alta probabilidad de convertirse en huracán, comenzó a llover fortísimo, tanto que aunque las ventanas estaban herméticas, ya Anna las había sellado con gomas en los torrenciales pasados, para evitar que se colara el agua, aún así el espacio estaba humedecido. Diego, un hombre cuarentón, abogado, especialista en criminalística, especialista en derecho penal, y director del área de investigaciones criminalísticas en España, se destacaba como jefe, además de estar guapísimo ante los ojos de las subalternas. El líder policíaco estaba de reposo en su casa porque había tenido un enfrentamiento entre mafias y lo habían baleado, nada grave, pero resultó herido.
Viendo una película con su pareja, pulsa el botón pause, y llamó a Anabella su mujer, ella estaba en la cocina haciendo unas palomitas de maíz, al llegar a la alcoba, él le preguntó: ¿Anna tienes algún temor? Y sorprendida le dice: ¿Diego, qué te sucede? Contigo jamás siento temor, eres mi protector, mi espacio seguro. Le dio play a la película y continuaron disfrutando la trama. Al rato, vuelve a pausarla, y comenta, amor he estado analizándome, y caí en cuenta que no le tengo temor a nada, ni siquiera a la muerte.
Su mujer se queda perpleja y con voz sutil le dice: Cuchito, -así lo llamaba por cariño-, oye Cuchito, todos tenemos siempre algún temor, cada quien lo siente distinto, hasta las personas que demuestran ser de hierro, con carácter y coraje como tú, alguna vez sienten temores…
Amor, para mí eres un hombre inquebrantable, te enfrentas a los peores delicuentes, a mafias de traficantes de todo tipo, eres el sostén de nuestro hogar, el pilar, el carácter y la fuerza, y además, donde vas eres sobresaliente. Verdaderamente, creo que no le temes a nada.
Pasaron un par de semanas, y Anabella tuvo que viajar a Italia porque su padre había fallecido de un paro respiratorio, ella muy triste y devastada por la pérdida de su progenitor estuvo ausente para Diego, no solo por la distancia, sino también de todos los medios para comunicarse.
¡Claro! estaba en todos los trámites del acta de defunción, y sobre la cremación.
Cuchito, aún convaleciente del disparo que recibió, sin nadie que lo atendiera. Comenzó a elucubrar, -ahora Anna queda millonaria por la herencia que le dejó Giuseppe-, y quizá no querrá volver a mi lado. Se preguntaba día y noche, ¿Y si se enamora de otro? ¿Si ya no le soy suficiente? ¿Si me deja? Se respondía una y otra vez; estoy solo, mi padre murió cuando yo era un niño, mi madre me abandonó, mi hijo vive en Irlanda, y yo sin Anna, evidentemente estoy solo.
¿Quién velará por mí? Pensamientos en vaivén, sin darse cuenta que entró en un cuadro ansioso, cada vez peor, hasta que cayó en un ataque de pánico.
Llamaba y llamaba a su amada, y no tenía respuesta. Pasó un mes de aquella despedida de su pareja, donde se dio cuenta que ella se había escapado de él.
Meses atrás de haber ocurrido el enfrentamiento donde salió herido, él se había realizado unos estudios médicos que le exigían en el cuerpo de investigación, entre ellos unos exámenes que arrojaron que tenía leucemia.
Anna, había planificado huir desde hace un tiempo, pero tenía pavor de que el criminalista la asesinara, ella no quería lidiar con esa enfermedad ajena, pues, no lo amaba.
Lo del fallecimiento del Señor Giuseppe le fue súper oportuno para abandonarlo.
El famoso y reconocido director, se reincorporó a sus actividades, destruído emocionalmente. En ese tiempo se dio cuenta que si tenía un gran temor, -llegar a la vejez-, enfermo y sin nadie que lo atendiera, es simple, -le temía a la soledad-.
Entre una guardia y otra de las que le tocaba hacer por su profesión, notó que ya no era el mismo hombre, ese, sin miedo alguno.
Una tarde, en una de las comisarías que Diego supervisaba, y al entrar a la oficina, Andrea la secretaria del departamento de homicidios se le insinúa, y no le fue indiferente, caminando por el pasillo se encontró un viejo amigo de esos de la infancia, que le dijo: Amigo, te ves débil de carácter y también físicamente. Y le reconoció; ¡tengo miedo a estar solo! Anna me abandonó sabiendo de mi enfermedad, y peor aún, justo cuando me estaba recuperando de la bala.
Su amigo el detective Antonio le comentó; yo también quedé en soledad, y lo superé.
¿Y sabes Diego? Parece increíble, pero hay un temor superior que si lo aniquilas puedes vencer cualquier otro. ¿Cuál? -el miedo a tí mismo-. Es tan poderoso, que nadie se atreve a reconocer que existe, me atrevo a aseverar que tú no le temes a la soledad, tú te temes a tí mismo.
Algunos, los más valientes son capaces de enfrentarlo dijo Antonio, y una forma de desmantelar cualquier miedo, es saber que lo sientes.
¿Cómo hago para saberlo? Descubriendo en qué aspecto puede afectarte. A veces paraliza, otras te vuelve ansioso, o te deprime, y en ocasiones te eleva el ego, y la razón es, no distinguir que eres un ser vulnerable, sensible, sentimental y espiritual. ¡Antonio por Dios, eso es anormal! El detective con tono fuerte le refutó, eso no es anormal, anormal es la coraza que te construiste por temor a ser tú mismo, -un hombre que siente-.
¡Coño cuarentón! ya viviste desde el ego mucho tiempo, te toca vivir desde tu esencia, creyendo en tí y sin Anabella. ¡Mujeres hay muchas! ¿No has notado cómo te mira Andrea?, Un Diego como tú solo hay uno, vuelve a creer, y jamás sentirás la soledad, cuando eso ocurra no existirá ningún temor que expropie tu ser, ni tus fortalezas. La mejor compañía de todo hombre, es la propia, nunca te abandona si tú no lo permites, es la única que puedes controlar y manejar a tu antojo.
Salieron de la comisaría, tomaron el tren, y se fueron al bar con Andrea…
«Lo conocí en la oficina, es de esos nuevos que aceptan sin pedir un perfil psicológico»...
He Estado trabajando en un escrito, que tengo la más firme convicción de que se convertirá en mi primera novela, tengo mucho que tener aún, pero me gustaría que le echen un vistazo a lo que va del capítulo 1 (aún no está completo) y me comenten que les parece, a ver si vale continuar con la escritura o si es mejor cambiar a otra historia.
Capítulo I «Sospechas Infundadas»
Conocí un psicópata, uno de verdad, verdad. Nunca me imaginé que iba a conocer a alguien así en mi vida. No se imaginan lo incómodo que fue estar cerca de él, es como si te leyera la mente; un rostro inexpresivo y una mirada perdida, pero me estaba escuchando mientras yo hablaba con alguien más y en un momento hizo una media sonrisa. Lo conocí en la oficina, es de esos nuevos que aceptan sin pedir un perfil psicológico, a veces este puede ser un error garrafal para cualquier empresa, sin importar cuál sea su rama. A pesar de ser un tanto extraño, tenía unas características físicas muy particulares, es un hombre joven de unos treintitantos años, de complexión delgada, tés blanca y baja estatura, es calvo en el medio de la cabeza, por eso deja crecer su cabello de un lado y lo peina hacia el otro tratando de disimular la calvicie, el color de su cabello es un rubio cobrizo. Darío, ese es su nombre y desde la primera vez que lo vi un escalofrío recorrió mi cuerpo, comenzando desde la nuca bajando lentamente por mi espalda hasta llegar a la parte baja, ahí donde se supone que antes teníamos una cola y solo quedó el huesillo. Su mirada fija me recorría cada centímetro igual que aquella sensación tan desagradable, observaba detenidamente mi cabello ladeando un poco la cabeza para poder ver bien la parte posterior, seguidamente miraba mis orejas y mi frente, pero evadió mis ojos, tal como si no le interesara mucho hurgar en mi mirada, en lugar de ello bajo su vista a mi nariz al tiempo que tocaba la punta de la suya con su dedo índice y pulgar, luego se detuvo un momento en mi boca y pude ver como su lengua salía ligeramente entre sus dientes mientras tocaba con ella su labio inferior, bajó un tanto más hasta mi cuello y pude ver como sus ojos se fijaban muy bien en los latidos de mi aorta, lo supe porque movía su cabeza al mismo ritmo que mis latidos, continuó bajando y se detuvo a mirar el escote de mi blusa, no era muy pronunciado pero como si tuviese una especie de rayos laser en los ojos su mirada se fue agudizando y su sonrisa ladeada apareció de nuevo mientras con su mano derecha tocaba su mentón y la izquierda entraba en el bolsillo de su pantalón de blue jean; mi incomodidad fue tan notoria que mi jefe, con quien yo estaba hablando en ese momento sobre unas muestras de pedidos que había que entregar, me preguntó si me sentía mal o algo porque había dejado de hablar sobre las muestras y mi pierna derecha temblaba un poco al tiempo que mi respiración aumentaba al punto de acercarme a la hiperventilación. —Estoy bien, gracias, solo necesito sentarme un momento y tomar agua, creo que se me ha bajado el azúcar. —Ana Elisa, ¿estás segura de que no es nada más? Preguntó nuevamente mi jefe No podía expresar mi temor, en realidad al volver la mirada y ver a Darío aun ahí, con la mirada perdida y la sonrisa de lado, helaba mi sangre, no había forma de que le dijera a alguien lo que estaba sintiendo, así que tomé el agua y simplemente asentí con la cabeza de forma pausada. Minutos después Darío se había alejado de mi puesto de trabajo, así que al no tenerlo cerca de mi vista hizo que me tranquilizara un poco, me concentrara nuevamente en el trabajo y continuara hablando con mi jefe sobre las muestras que había que entregar a los clientes. Desde que comenzó a trabajar en la empresa, Darío era muy responsable, generalmente llegaba temprano cada mañana, con María Alejandra, su hermana; a diferencia de él, ella era una chica linda, de piel blanca y larga cabellera rubia, ojos claros que dejaba ver muy bien detrás de sus lentes de pasta negros, a pesar de no ejercitarse tenía un cuerpo contorneado, era un tanto más joven que él, quizá unos veintitantos, pero mostraba en mismo ahínco en el trabajo, la empresa entera los reconocía como excelentes trabajadores, muy organizados en cada una de las cosas que hacían, él era un experto diseñador gráfico, ella una experta en organización de empresas y entre los dos daban una mejor estructura a la empresa. Cada mañana llegaban más temprano que el resto de los trabajadores, el único que estaba en la empresa era el encargado, y veía como cada día llegaban en una camioneta negra con vidrios ahumados, eran dejados en la esquina de la empresa y después de ver cuidadosamente que nadie más estuviese alrededor procedían a caminar a paso veloz hacia la entrada principal de la empresa, de igual forma, cada tarde al culminar la jornada laboral, la misma camioneta los esperaba en aquel punto, la misma esquina, ellos salían caminando a paso veloz y subían en ella sin dar tiempo de ver quien más abordaba aquel auto, una vez adentro esperaban hasta que no había nadie dentro de la empresa, incluso salía el encargado y luego la camioneta donde ellos abordaban ponía en marca el motor y arrancaba aunque muchas veces el encargado sugirió que era una actitud sospechosa, los demás solo alegaban que “eran precavidos, al fin y al cabo, no sabemos con quién podemos encontrarnos en la vía, este es un país muy inseguro…” Darío siempre ha sido uno de esos empleados que quieren ganarse el retrato en la pared como “el empleado del mes”, trabajaba arduamente sin mirar mucho hacia los lados y si pasaba algo en la oficina, podías estar seguro de que al día siguiente los jefes lo sabrían todo con lujo de detalles, más allá de importar lo que pensaran los compañeros de trabajo era mejor que los jefes estuviesen al tanto de lo que sucedía porque la empresa es de ellos y todo lo que pasa allí dentro es de su incumbencia, la oficina donde él desempeñaba sus labores era compartida con un grupo de cuatro personas, todas ellas mujeres, que procuraban no dirigirle la palabra, pues sabían bien que cualquier cosa que le dijeran iba a parar instantáneamente a oídos más altos, todos los empleados de la oficina sabían que era él quien daba la información, pero él alegaba con su voz chillona — En estas oficinas hay micrófonos y pueden escuchar todo lo que se habla aquí adentro. Su voz chillona, si, era una voz finita pero estridente, como cuando pasan las uñas por una pizarra de tiza o arrastran una chapa boca abajo sobre un piso de cerámica pulido, cuando hablaba hacía que me chirriaran los dientes, recuerdo que en algún momento alguien me comentaba que todos los psicópatas debían tener algún rasgo favorable para poder atraer a sus víctimas, pues para mí este no era el caso, cada centímetro de él me era repulsivo y de todo el conjunto, creo que su voz era lo más desagradable de todo. Llegó el jueves, esa había sido una semana difícil en el trabajo, la cantidad de pedidos de los clientes, las reuniones tanto con los clientes como con el equipo de trabajo y con los jefes me tenía un tanto agotada, a parte de las horas extra que había estado trabajando en las noches para poder adelantar pedidos y que en las fechas decembrinas pudiese tener vacaciones en tranquilidad. Era la hora del almuerzo y sentada en el comedor de la empresa, sumergida en mis pensamientos siento un olor muy particular, un olor que me hizo dejar de comer y mirar alrededor para saber de dónde venía, era una combinación de pino silvestre y agua brava, tan fuerte que penetraba hasta mi estómago, al girar mi cabeza, justo en la mesa de al lado estaba él, Darío, en silencio con su mirada clavada en mis piernas, mientras sostenía en sus manos un tenedor de metal con un trozo de carne más crudo que cocido, aún con sangre que goteaba y caía sobre el plato blanco, que contenía solo un bistec, sin ningún otro acompañante, sostenía el tenedor en el aire con la boca semi abierta mientras me miraba las piernas y en su otra mano, apoyada sobre el plato, un cuchillo de cierras. Al ver aquella escena preferí levantarme de la mesa, ya había tenido suficiente estrés aquella semana como para enfocar mis energías en aquella persona enferma, caminé hasta el cesto de la basura, lancé la comida en él y continué mi camino escaleras abajo para regresar a mi lugar de trabajo, en realidad ya no tenía nada de hambre, mientras caminaba levanté la mirada hacia el balcón que daba al comedor y allí estaba él, mirándome fijamente mientras sujetaba el tenedor en el aire con el trozo de carne a medio cocer y la boca medio abierta, apuré el paso casi hasta correr por el pasillo, subí las escaleras que dan a mi oficina y cerré la puerta detrás de mí, solo al sentarme en mi silla me di cuenta de que estaba temblando, las manos se movían por cuenta propia y las piernas sin fuerzas no paraban de sacudirse, más que el ejercicio hecho era el terror de aquella imagen que ahora estaba guardada en mi mente quien sabe hasta cuándo. María Alejandra era otra historia, era una chica conversadora, muy elocuente, que hacía chistes sobre el trabajo o la oficina, por suerte me tocaba compartir oficina con ella y no con su hermano, constantemente contaba anécdotas de algunos de sus amigos de la universidad, pocas veces hablaba de ella o de su familia, solo comentaba que su familia era muy reservada en todos los aspectos y que lo que le habían inculcado era que fuera de las paredes de la casa no debía hablarse sobre lo que pasada adentro, hay muchas familias así, conservadoras. Era un poco extraño el saber que ambos eran bastante mayores para aun vivir con sus padres, pero la situación económica del país no presentaba una cara fácil para ningún joven, los salarios ayudaban para colaborar en la adquisición de comida y cubrir algunos gastos básicos del hogar, más no para que dos jóvenes alquilaran algún apartamento y cubrieran las necesidades básicas, mucho menos para lograr comprar algún apartamento o casa, así que para mí ésta era la principal razón por la cual ellos vivía aún con sus padres, de poder hacerlo yo también viviría con ellos todavía, sólo que me casé muy joven y tengo una hija (Anya) y me toca trabajar horas extra para lograr subsistir igual que mi esposo, mientras mi suegra cuida a la niña, al llegar cada noche paso a recogerla y nos vamos a casa, nuestro lugar seguro.
¿Cuántos minutos contiene una existencia? Tantos como pulsos en su melodía. Los minutos marcan nuestra vida. En un minuto cambiamos de estación: primavera, verano, otoño, invierno. En un minuto nos hacemos mayores de edad. En un minuto alguien nuevo entra a formar parte de nuestra familia. En un minuto perdemos algo que llevaba con nosotros toda una vida. En un minuto nos damos cuenta de que nos hemos enamorado. En un minuto nos convertimos en abuelos, padres, hijos, tíos… Minutos, minutos y minutos… ¿Qué minuto hará especial a los protagonistas de esta historia? ¿Qué minuto marcará un antes y un después en sus vidas? ¿Qué minuto los convertirá en algo más?
Las distracciones son la principal causa de pérdida de productividad y rendimiento. No puedes escribir mientras ves la televisión o chateas con tus amigos. Para escribir con rapidez y eficacia, tienes que encontrar un entorno tranquilo y libre de distracciones.
Si no puede cambiar su entorno, debe eliminar las distracciones. Esto significa apagar la televisión, apartar el teléfono, desactivar las notificaciones del ordenador e informar a tus seres queridos de tus planes con antelación para evitar que te interrumpan. Una vez que te centres en la escritura, te sorprenderán los resultados.
Al atardecer ya casi llegando la noche, Aurora se desconecta de su jornada, con el sonido de los grillos y viendo las lucecitas de las luciérnagas, una especie casi extinta, con eso calma su trajín de la agenda que lleva día tras día, siempre toma un espacio para dar valor a lo que la rodea y la arrulla, esa calma producto de la creación, y que por las ocupaciones normalmente ignoramos, al asomarse por la ventanilla de su habitación observa las aves volando más rápido de lo normal para resguardarse de la noche oscura y fría. Son esos pájaros los que comienzan su mañana, pues, antes que nadie, solo existe su trinar, se han convertido en su alarma para despertar, cuenta Aurora: «mis oídos se agudizan y empiezan a deleitarse con el cantar de cada ave que sobrevuela por las cercanías de mi alcoba, unos con sus cantos son más agudos que los otros, juntos hacen un orfeón por un buen rato, mientras sale el sol». ¡Qué forma de darle la bienvenida al día! Es la divina majestuosidad de ese orfeón la que la incorpora a la rutina diaria; con regocijo, alegría, entusiasmo y esperanzada de no estar sola en el transitar de la vida. Ella garantiza que no estamos solos en este mundo como humanidad; ha dicho que toda la fauna habla en su idioma, que somos los humanos los que no los podemos comprender, y se debe a que no todos tienen ese sentido desarrollado por cuestiones de niveles de conciencia, eso le contó una vez una mariposa blanca que se posó en su hombro para tener una charla muy profunda de lo inmenso que es nuestro universo, ella le puso como nombre «Pureza» y como apellido «del Alma». Pureza se le aparecía a Aurora cada vez que estaba en situaciones difíciles, en tristeza, duelo o angustia, era la persona precisa para pedirle un consejo; ¡oh, oh! Persona no, era el animal más sutil que podía darle un mensaje de aliento en esos momentos donde el alma se ensucia, ahí llegaba siempre Pureza, para dar las señales adecuadas para que Aurora tomara de nuevo el control. En la mañana, después de haber tenido ese concierto maravilloso que proporcionan las aves, suele preparar su café lo saborea, se pone muy coqueta y se perfuma, tan dulce con su frangancia, un obsequio enviado desde Francia, que parece una miel, donde las abejas se le acercan para recordarle de su dulzura. Se incorpora a su jornada como todos los días, y recordó por un momento, donde me contó; que un jueves al salir de su casa, se subió a su auto colorado y arrancó vía al lugar donde suele pasar la mayor parte del día; la oficina. Ese día encontró a las afueras, en el estacionamiento, antes de entrar a su trabajo, que estaba un perro blanco y pardo atropellado por un vehículo azul desconocido, lo encontró con su mirada perdida y triste, con sus patas fracturadas. Ella perdió su dulzura y su pureza y le dijo al perro muy iracunda: ¿Cómo un humano puede tener un estado de animalidad superior al de un verdadero ser del reino animal? ¿Cómo es posible que te hirió y te maltrató y se fue a la fuga?¿Por qué huyó y no te rescató? Icaro, así le puso Aurora como nombre al perro, le respondió: ¿Será que la humanidad ha involucionado a la era del Pithecanthropus Erectus y que van por la vida sin raciocinio? Así dicen de nosotros Aurora, pero ¿sabes? los animales por nacimiento no hacemos daño si no nos atacan, en cambio el hombre si, no les importa destruir una familia, un sentimiento, un hogar, la dignidad, no les importa llevarse por el medio a nadie sin importarles las consecuencias, mira lo que me acaba de pasar a mí con ese Pithecanthropus, ni le importó si mi vida estaba en riesgo, ni mi dolor. En ese momento de la conversación entre Icaro y Aurora, llegó Pureza y les dijo: «Tengan calma, esto que acaba de pasar es para que ustedes puedan abrir su conciencia de que todos en el universo entero somos diferentes, unos dañan y otros ayudan, y sí es cierto, un humano que hace daño de esa forma como el que te atropelló no es más que un ser sin alma, sin conciencia y sin escrúpulos, desde la sabiduría que me han dado mis alas, les recomiendo que dejen que la vida se encargue del hombre mono, y ustedes dos sigan siendo almas nobles, buenas y con conciencia en evolución. Justo en ese momento llegaron los proteccionistas de animales, e hicieron las curas al perro, al cual adoptó Aurora y lo hizo parte de su hogar. Una tarde se fueron a caminar Icaro y ella por la quebrada y se encontraron un torrencial aguacero, en la quebradita se estaban bañando un hombre y su familia, y empezó a crecer el caudal del agua y se desbordó, iba con mucha corriente el agua, la cual se llevó a esa familia con su furia. Icaro, ya estaba recuperado de sus fracturas y se sumergió a las aguas para salvar a esa familia, los rescató a todos, cuando llegaron a tierra segura, el hombre de la familia vió al perro y a la dueña, se despidieron sin ningún tipo de agradecimiento. Él, su esposa e hijos se montan ya sanos y salvos en un auto azul con rayas rojas, donde Icaro se da cuenta que el que manejaba, era aquel Pithecanthropus Erectus que lo había dejado casi al borde de la muerte. Se acercó la mariposa y les dijo, amores míos han actuado con «Pureza del Alma». La animalidad es un estado del ser y no de la raza. Y los tres; el perro, Aurora y Pureza aprendieron a volar juntos, la conciencia y la sabiduría les había otorgado las alas.
De cuclillas en la esquina de aquel callejón respiraba profundo, tratando de descubrir realmente quien era, a donde pertenecía y cual era su misión en este mundo, mientras desde la distancia era observado por aquel ser, que sabía en realidad el trayecto que su alma había tenido durante su evolución, lo había seguido por las diversas dimensiones que había transitado y lo había acompañado en sus vidas pasadas, era más que su guía, un observador de la creación que poco a poco se iba desarrollando de la forma en que debía, mientras las lágrimas se deslizaban suavemente por su rostro, el péndulo se movía a su favor, las energías se iban alineando poco a poco. Comenzaba a ser invisible para todos los demás ciudadanos, en los supermercados lo tropezaban sin verlo, en las calles pasaba inadvertido, sin saberlo el había evolucionado a tal punto que su cuerpo ya no era percibido, el momento estaba cerca, la verdad finalmente le sería revelada, su ser estaba completo ahora.
Una de las obras más conocidas de la fallecida Anne Rice verá la luz este 8 de enero como una serie de 8 capítulos, con Alexandra Daddario en el papel protagónico. Los libros siguen a una familia de brujas cuya fortuna ha sido guiada por generaciones por un poderoso espíritu que cambia de forma llamado Lasher.
Las Brujas de Mayfair es una serie de novelas de la autora Anne Rice. La serie se sitúa en el mismo universo de las Crónicas vampíricas. Y ambas series se fusionan a partir del libro Merrick, hasta que se unen totalmente ambas series, para el final de las Crónicas vampíricas, en el libro Cántico de sangre. La serie narra la historia de los miembros de la familia Mayfair, su conexión con un espíritu y los sucesos resultantes por el deseo de este de tener un cuerpo físico y reproducirse. Se trata de una serie de novelas de Terror y novela fantástica ambientada en distintos escenarios, comenzando al sur de Estados Unidos en la provincia de Nueva Orleans, hasta Escocia y Gales, donde se abarcan temas como la inmortalidad del alma, la vida pasada y los deseos instintivos de supervivencia.
Escribir cada día durante unos diez o quince minutos acelerará tu crecimiento. La escritura libre te permite conectar contigo mismo y plasmar tus pensamientos en el papel sin tener que pensar en la corrección y la edición.
No puedes esperar sobresalir en algo que apenas haces. Si quieres llegar a la cima, tienes que dedicar tiempo y esfuerzo. Los estudios demuestran que alcanzar la maestría en cualquier campo requiere una media de siete años. Por lo tanto, tienes que ser paciente contigo mismo mientras practicas. Todo lo que merece la pena lleva su tiempo. Escribir cada día te permite detectar tus errores y aprender de ellos.
Dedica unos minutos de cada día a escribir o tomar notas. No para los demás, sino para ti mismo. Piensa en las diferentes formas en que puedes describir una playa o un lugar de interés. Esto le ayudará a encontrar algo genial y único. No tengas miedo de esforzarte con tus palabras. La práctica dará sus frutos a la larga.
Ojalá, la vida se diera menos complicada, o tal vez, sea necesario que tú y yo tengamos una percepción diferente de ella. Ojalá, puedas convertir tus poemas en canciones. Ojalá, todo lo que quieras lo obtengas. Ojalá, tu cuerpo y tu sistema inmunológico sean siempre potentes. Ojalá, que el amor que das sea recíproco. Ojalá, cada sueño sea materializado. Ojalá, la dificultad gire, y sea una lección. Ojalá, que tu miedo termine en fortaleza. Ojalá, que tu casa soñada la despiertes, y sea tuya. Ojalá, recibas palabras en medio de la soledad y el silencio inclemente. Ojalá, encuentres silencio cuando todo te aturde. Ojalá, seas capaz de expresar lo que callas y te daña. Ojalá, puedas callar lo que pueda herir. Ojalá, puedas valorar lo intangible. Ojalá, seas tu propio faro. Ojalá, seas tu brújula. Ojalá, llores tus ojeras. Ojalá, sonrías lo que regocija. Ojalá, no seas coraza. Ojalá, te atrevas, y me atreva a ser vulnerable. Ojalá, no robotices tu vida. Ojalá, tengas tiempo para tí. Ojalá, seas abundante en lo que te favorece. Ojalá, tus cargas sean las tuyas y no las de otros. Ojalá, seas tú y solo tú… Ojalá, te reconozcas. Ojalá, te admires. Ojalá, sepas tu valor. Ojalá, recojas frutos de lo que siembras. Ojalá, sepas agradecer. Ojalá, valores. Ojalá, no te pierdas en lo sucesivo. Ojalá, seas suficiente. Ojalá la vida no te viva, sino que tú te la vivas a ella. Ojalá, tu mente no se canse. Ojalá, no esperes tanto lo que anhelas. Ojalá, la distancia no se haga fin. Ojalá, perdones y que el rencor no te carcoma. Ojalá, si engañas a todos no te engañes a tí. Ojalá, no te quedes sin esperanzas. Ojalá, tu adultez sea mejor que tu infancia. Ojalá, las caricias sean cálidas. Ojalá, seas para los demás un ser y no un objeto. Ojalá, el insomnio no te visite. Ojalá, un duende te abra los ojos. Ojalá, un marciano te lleve en su nave y te deje en ese lugar que quieres estar. Ojalá, la marea suba solo a tu favor, y baje para darte calma. Ojalá, el viento sople para tu beneficio. Ojalá, las heridas que provocas no se te devuelvan. Ojalá, tus ilusiones dejen de serlas. Ojalá, no idealices, sino que tengas. Ojalá, tu fuego esté con el carbón que encienda. Ojalá, tu frío tenga quien lo caliente. Ojalá, tu vecino sea un apoyo y no tortura. Ojalá, un amigo siempre esté. Ojalá, las decepciones sean transitorias. Ojalá, tu sentido del humor no lo conozca la tristeza. Ojalá, la ira no se convierta en violencia. Ojalá, la paz no te detenga. Ojalá, la guerra no te mate. Ojalá, tu pensamiento sea único. Ojalá, tu caridad nadie la sepa. Ojalá, tu transparencia no agobie. Ojalá, desnudes tu alma ante un ojo clínico. Ojalá, que los años te den sentido. Ojalá, la madurez no te pueda envejecer. Ojalá, si te equivocas, aprendas. Ojalá, solo te golpees una sola vez con la piedra. Ojalá, en tus viajes tengas puerto seguro. Ojalá, tu mirada tenga otra receptiva. Ojalá, la empatía esté en tí. Ojalá, tu gemido sea orgasmo y no ficción. Ojalá, tus sombras te hagan voltear a verte. Ojalá, en tus luces logres ver a los demás.
Sentado en el andén, en la estación terminal Retiro Belgrano, Dante intentaba pensar en alguna solución para su conflicto. Su alma estaba atormentada y no encontraba la salida para aliviar todas sus culpas. Necesitaba recuperarse a sí mismo como individuo porque había cometido demasiados errores. Miraba el reloj mientras sacudía nerviosamente su pierna. Debía estar en una hora en la entrada del estadio monumental de Buenos Aires y su amigo Virgilio estaba retrasado. Era la final de la copa del mundo en 1978, entre Argentina y Países Bajos. La ciudad, el país era una locura, la gente comía fútbol, bebía futbol, respiraba fútbol, había una algarabía premonitoria, estaban preparados para celebra la victoria. Dante era un fanático moderado pero su amigo de la infancia, de la escuela y de la universidad era un verdadero desquicio, conocedor y experto, llevaba estadísticas y registros de curiosidades que cualquier comentarista deportivo hubiera querido conocer. Era un maestro en su área de conocimiento y en su hobby, el fútbol. Le resultaba extraño que Virgilio aún no hubiera llegado. De pronto, Dante sintió un aroma que lo obligó a seguir la ruta del aire en medio de aquel bullicio. Se puso de pie y caminó unos pasos hacia el lugar de donde creía que provenía la fragancia; allí estaba ella, leyendo un mapa de la ciudad como si buscara algún punto en particular Sin quitarle los ojos de encima, sintió que aquel perfume lo obligaba a acercarse. Ya a escasos metros de aquella mujer, notó que un bolígrafo se deslizaba de sus manos y se apresuró a recogerlo. Ella dio varios pasos a un lado evitando ser tropezada y cuando Dante se puso de pie, arreglando su chaqueta y planchando su pantalón con las manos, vio como aquellos ojos caminaron hacia él y su mirada como anzuelo en boca de pez, lo atrapó sin remedio. Ella sonrío y extendió su mano en señal de: ― “por favor, ¿me lo devuelves?” y él con media sonrisa en camino contestó: ― “claro, aquí tienes”―. Ella cerró su delgada y pequeña mano y le agradeció. Se quedaron unos segundos en silencio como buscando desandar el encuentro y él se apresuró a preguntarle si era de Buenos Aires. El sonido del tren se llevó su respuesta pero un no fue dibujado perfectamente en aquellos labios modelados por algún pintor griego. Al detenerse el tren, ella volvió la mirada y levantó su mano, agitándola y empinándose en la punta de los pies como saludando o llamando la atención de alguien a lo lejos. Dante miró en aquella dirección y vio venir hacia ellos a un hombre alto portando la camiseta albiceleste de los hinchas de Argentina. Ella volvió su inolvidable mirada hacia Dante, y le dijo: ― “veré la final con mi esposo, que es un fanático empedernido”― al momento de emprender la marcha Dante le dijo: ―“disculpa”―, ella volvió a verlo y con media sonrisa en el rostro le dijo: ―” Beatriz, me llamo, Beatriz”― y se marchó dejándolo impregnado de aquella fragancia que se tatuó en su memoria para siempre. De pronto, sintió el golpe de un periódico enrollado sobre su hombro y una voz que le decía: ― “y vos, dónde estabas metido, che, tengo horas buscándote”― “¡apresúrate que se va el tren”!― Virgilio notó que su amigo estaba como en una especie de trance y le preguntó si se sentía bien que se veía atontado y pálido. Dante lo miró y le dijo: ― necesito que me guíes, yo debo volver a encontrarme con esa mujer, siento que sus ojos me salvaron”―
Viajábamos a bordo de un autobús por el interior de la isla Gris del lejano Troke. Gran cantidad de turistas visitaban esta misteriosa tierra para beber agua bendita del templo Oscuro que se encontraba en medio de la selva. Al pasar por el único claro que había, observé que a mi derecha estaba formado un grupo de extrañas criaturas que se alistaban para una especie de guerra. En medio de mi asombro, le solicité explicaciones al guía y resultó que el hecho ocurría cada año por esa fecha. Se trataba de una especie casi extinta, mitad hombre mitad lobo, con dos corazones, uno animal y otro humano, conocidos como “casiwolf”. Al fijar la mirada, me percaté de que ambos grupos estaban frente a frente. De un lado los lobos de la cintura hacia abajo, del otro los lobos de la cintura hacia arriba.
El guía explicó que ninguno quería someterse a la peligrosa cirugía en que le extirpaban uno de los dos corazones. Cada casiwolf que optaba por asistencia médica decidía, en dependencia de su elección, terminar su existencia como lobo o como humano. La porción que quedaba con su corazón transformaba lentamente a la otra hasta convertirla en la opción elegida. La intervención quirúrgica ostentaba solo un quince por ciento de éxito. Por lo general, ninguna de las partes sobrevivía con el corazón de la otra. Como refugio al desconsuelo de sus existencias, se enfrentaban en la extraña y encarnizada pelea, donde el más ágil cortaba de cuajo a su oponente por la mitad y se apoderaba de la parte del cuerpo que por naturaleza le había sido negada y que lucían luego en señal de triunfo.
Al preguntarle al guía si aquella trifulca era legal, dijo que el presidente era el casiwolf más viejo de Troke. Un lobo de la cintura para abajo que no había perdido ninguna pelea hasta el momento.
Sinopsis JORDAN Él me acogió cuando yo no tenía donde ir. No me manipula, no me hace daño, ni me ignora. Me escucha, me protege… ME VE. Pero mi corazón late demasiado fuerte cuando le oigo llegar a casa, o cuando me mira durante la hora del desayuno.… Tengo que parar esto. No puede pasar. Mi hermana me dijo una vez que no hay ningún hombre bueno, y que cuando lo encuentras, no está disponible. El problema es que no es Pike Lawson quien no está disponible. Soy yo quien está fuera de su alcance.
PIKE La acogí porque pensé que podría ayudarla. Pero a medida que han pasado los días, la situación cada vez es más difícil. Tengo que dejar de pensar en ella todo el tiempo, no puedo contener la respiración cada vez que tropiezo con ella por casa. Por más que lo desee, no puedo tocarla. No podemos hacer esto. Porque ella tiene diecinueve años, y yo tengo treinta y ocho. Y soy el padre de su novio.
Escribir para liberar emociones (no solo debes aplicar la escritura para el publico, sino también para ti mismo).
Liberar emociones Redactar sobre nuestros pensamientos nos permite ventilar emociones, sentimientos y pensamientos. Esa intimidad personal es un modo idóneo para conseguirlo, ya que a veces para muchas personas no es fácil poner en voz alta su mundo interior e incluso sus necesidades.
Nos ayuda también a reconocer emociones que de otro modo, es posible que no pudiéramos llegar a entender en su sentido íntegro. En ocasiones nos es difícil admitir que detrás de una sensación de rabia o ira, por ejemplo, se esconde la vulnerabilidad o la tristeza, que detrás del auto-perfeccionamiento se halla la inseguridad…máscaras que todos llevamos en la cotidianidad y de las que no somos del todo conscientes.
No lo dudes. Practica la escritura terapéutica. No te exige dinero, ni siquiera tener buena letra. Nadie va a leer tus palabras ni a juzgar tus pensamientos. Es un universo propio a desarrollar para encontrarnos a nosotros mismos.
A veces, el amor de tu vida no tiene un cuerpazo, no es el más guapo y casi nunca regala flores. Suele cometer errores, es olvidadizo, un desastre con las fechas y no es demasiado romántico. Pero es tu mejor amigo, el que mejor te conoce y el que te arranca las mejores sonrisas. Muchas veces el amor de tu vida, es complicado y difícil de soportar pero aunque no sea perfecto es exactamente lo que siempre estuviste buscando. La mayoría de las veces, el amor de tu vida no es el que te enamora y se larga, a menudo el amor de tu vida es el que un día aparece, te acepta, te cuida y se queda para siempre.
Esa noche, con un cielo de fondo negro y estrellado, en aquel mirador estaba ella con su mejor aliada, su mejor amiga, y conversaban sobre el camino que han recorrido, haciendo referencia a eso que llaman pareja, ella le decía: Una pareja se escoge, se elije, se selecciona. Su amiga le dijo: ¡Tienes razón! Y ¿Por qué todo este tiempo seleccionaste tan mal? Entre un recuerdo y otro la respuesta que se daban fue que era necesario recorrer, conocer, tener intentos fallidos para poder entender que una relación era de dos, que el término pareja eso definía, un par. Esa noche estaba silenciosa, solo podía escucharse los grillos característicos de esa montaña los que hacían que el lugar tuviese una orquesta agradable para la charla entre ellas. Se acercó hasta su auto, sacó una botella de champagne y una copa, empezó a saborearla y junto a ese trago, vinieron los sinsabores y las más plácidas lecciones que tomó de ellos. Su aliada era ella misma, su discurso era propio y con su ser, estaba sentada en ese mirador sola, hablando con su conciencia.
Se decía: ¿Has visto cuántas parejas comienzan mal desde el principio? ¿Y no se van? ¿Qué clase de intereses habrán ahí para quedarse?
¿Has notado que una mujer siempre dará lo que recibe? Pero eso lo hace solo cuando se da cuenta que no tiene reciprocidad, de lo contrario es ciega y entrega todo.
¿Has visto a otras mujeres en relaciones que no le proporcionan paz y estabilidad? Siguen ahí, sin coraje de salir. Por temor al que dirán, a los paradigmas de la sociedad, o por no estar solas, no se atreven por excusas de familia, o razones económicas, también por eso de no enfrentarse consigo mismas.
¿Has evaluado las que tienen años sumergidas en maltrato; físico o psicológico? ¡Wow! Si, ellas no se atreven a admirar el poder y valor que llevan dentro, si se arriesgaran a amarse más, se van.
Alza la copa y dice apuntando a las estrellas; ¡Salud y amor para tí reina! El camino te ha enseñado que hay amores duraderos que llevan su historia de felicidad y dolor, y es válido de ahí se forjan las grandes uniones, pero también hay los que se mantienen por temores o intereses.
Seguía en su charla, enchaquetada, con copa, botella y aquella roca grande donde estaba sentada, parecía que esa comunicación era interminable.
¿Viste que después del enamoramiento es cuando conoces realmente a quien tienes a tu lado? Es ahí, cuando se comienza a dar justo a su medida, si recibes hielo te vuelves un témpano, si recibes fuego eres la llama más fogosa, si recibes indiferencia te transformas y lo eres, si por el contrario tienes atención y detalles, despiertas un lado tierno, si te dan actos de soberbia y desplantes te conviertes en ello.
¿Cuándo decides quedarte? Cuando hay equilibrio, cuando hay transparencia, cuando hay retroalimentación, cuando hay entendimiento, cuando la pasión se mantiene, cuando el respeto no se ausenta, cuando la complicidad está presente, cuando las diferencias te hacen crecer y empatizar.
Ya con las cinco copas de champagne terminadas se da cuenta que esto sucede en todo tipo de relación, en todo ámbito, no solo en la pareja, esto es el transitar del camino.
Mujer: Eres lo que recibes, te haces espejo de ello, eres reflejo del lugar que ocupas, del entorno que frecuentas, de lo que permites.
Eres amor y desamor. Eres luz y oscuridad. Eres hielo y eres fuego. Eres calma y tormenta. Eres ilusión y desilución. Eres idealización y lo que puedes lograr. Eres paz y guerra. Eres alegría y tristeza. Eres dicha y desdicha. Eres fuerza y debilidad. Eres verdad y ficción. Eres prosperidad y miseria. Eres segura e insegura. Eres amabilidad y repulsión. Eres humedad y desierto. Eres lujuria y castidad.
Se montó en su auto, tomó la autopista que la hizo llegar a casa, se dio un baño relajante, se colocó su más linda pijama, se acostó y abrigó con su plumón favorito, y antes de quedarse dormida pensó: ¡Eres lo que quieres ser! ¡Eres lo que eliges! ¡Depende solo de tí!
¿Has entendido que la mejor compañía es la tuya? ¡Y se durmió!
Orden de lectura: 1-Casa de tierra y sangre 2- Casa de cielo y aliento
📍Saga aún en proceso, no se ha confirmado la cantidad exacta de libros que tendrá.
Bryce Quinlan tenía la vida perfecta, trabajando cada día y saliendo cada noche, hasta que un demonio asesinó a sus amigos y la dejó vacía, herida y sola. Cuando el acusado está entre rejas, pero los crímenes continúan, Bryce hará lo que sea para vengar sus muertes.
Hunt Athalar es un ángel caído, esclavo de los arcángeles a los que una vez intentó destronar. Sus brutales habilidades sirven ahora para un solo propósito: acabar con los enemigos de su dueño. Pero entonces Bryce le ofrece un trato irresistible: si la ayuda a encontrar al demonio asesino, su libertad estará al alcance de su mano.
Mientras Bryce y Hunt investigan en las entrañas de Ciudad Medialuna, descubren dos cosas: un poder oscuro que amenaza todo lo que desean proteger y una atracción feroz que podría liberarlos a ambos.
Con personajes inolvidables, un romance apasionante y un suspenso adictivo, esta nueva e inventiva serie de fantasía por la autora #1 del New York Times Sarah J. Maas explora el dolor de la pérdida, el precio de la libertad… y el poder del amor.
La tribu Ak Na’, basaba su existencia en un ritual de nacimientos periódicos durante los cataclismos lunares. Cada 14 años nacía un niño con cualidades extraordinarias que sufriría cambios físicos, espirituales y psicológicos que lo convertirían en el nuevo guía de la comunidad en la que nacía.
Aquel niño, sería el guerrero más poderoso de su pueblo, la conjunción inusual de dos lunas, le otorgaría todas las virtudes al momento de nacer.
De aquella nación, Ak Na’ era la única tribu que gozaba de ese privilegio, lo que la hacía una de las más prominentes de la región.
Llegado el día, nació el trigésimo tercer niño, quien regiría los destinos de su pueblo. Nadie sospechaba que otras tribus, conspiraban para robarles el don que sus dioses les habían otorgado por haber cumplido con todas las tareas físicas y espirituales asignadas por sus ancestros.
En aquella isla existían creencias muy arraigadas respecto a la idea de que cada quien nacía signado por un animal y su elemento, de acuerdo a esto, su vida sería regida por las características más resaltantes de aquel que le tocara en suerte.
Asimismo, las fases de la luna favorecían las condiciones del medio ambiente para el momento de la llegada del nuevo miembro de la familia y la aldea.
El Jefe supremo, consagraba los amuletos o tótems que acompañarían al recién nacido durante toda su vida y determinaría su lugar y funciones en la tribu.
De esta manera, la organización social de aquel pueblo estaba establecida de acuerdo a los diferentes clanes, conformados según el animal y el elemento que los regía.
Los de la tierra, araban y cultivaban los campos, también eran férreos guardianes, fuertes, hábiles cavadores y constructores. Las imágenes que los representaban eran osos, lobos, caballos, búfalos. Amurallaban y protegían su región.
Los del agua, cuyos tótems eran especies marinas, controlaban las mareas y la lluvia, sus símbolos les otorgaban poderes especiales, como el desarrollo de branquias durante el tiempo que necesitaban estar sumergidos. Eran ágiles y veloces nadadores. También cuidaban a sus embarcaciones de los peligros del mar.
Las imágenes de aves, acompañaban a quienes controlaban el aire. Soplaban las velas de las embarcaciones, sobrevolaban el espacio. Inspiraban los sueños reveladores. Y cambiaban la dirección de las enfermedades.
El clan del fuego determinaba la purificación, el renacimiento, el calor que da vida y destruye. Tigres, leones, dragones, salamandras y la mítica ave fénix, eran los símbolos que acompañaban a quienes también eran la luz del conocimiento.
Durante siglos, los hombres de aquella aldea nacían en los tiempos destinados para su llegada. Pero aquella noche, el cataclismo en el ciclo lunar hizo que dos lunas coincidieran en un mismo instante, justo cuando Eluney, estaba trayendo al mundo al pequeño Anam, lo que le otorgó el don de poseer todas las virtudes.
Su cuerpo fue expulsado en medio de una noche fulgurante; su llanto fuerte y estruendoso como un aullido, hizo brillar la luz de la luna llena que luego quedó atravesada por la curva de un cuarto menguante agudo, produciendo una densa oscuridad.
El clan del fuego trajo sus antorchas para iluminar el lugar y vieron con horror que el niño ya no estaba, Todos acudieron al centro de la aldea donde el jefe supremo organizaba cuadrillas que buscarían por aire, tierra y mar al pequeño. Si no lograban encontrarlo se rompería el ciclo vital y la tribu perecería al morir sus líderes.
El jefe aire había volado hasta la tienda del patriarca y le había susurrado en sueños que aquella noche nacería un niño con todas las habilidades reunidas en él. La conjunción de dos lunas iba a signar su destino y el de su tribu, convirtiéndola en la más próspera y poderosa de aquella región.
Por su parte, los raptores trasladaron al niño envuelto en una manta de cielo para confundirlo con la noche. Fue llevado a la cueva de marfil en el centro de la montaña de los corales dorados, la cual emergía de las aguas del mar silente y era custodiada por remolinos de viento que avivaban una hoguera alrededor del pequeño.
Debía permanecer confinado durante 3 edades atávicas para poder ser despojado de su esencia y orígenes.
Anam tenía que ser encontrado antes de que alcanzara los 21 años, porque justo en ese momento, su cuerpo desaparecería ya que no habría podido experimentar la transformación de los procesos emocionales y sensaciones de la adolescencia a la adultez por estar aislado y su alma quedaría en un limbo, susceptible a ser robada por otra tribu a la cual se le traspasarían los atributos y virtudes del joven guerrero.
Esto truncaría sin remedio el renacimiento de su nación.
En los años siguientes, dos cataclismos lunares fueron eclipses de luna roja en la que los niños virtuosos nacieron muertos.
El jefe aire entró de nuevo en el sueño profundo del supremo guía y le indicó que en la luna 273 perderían la oportunidad de rescatar a Anam.
En la penúltima luna, el cuerpo del joven se estremeció sobre la piedra de cristal donde reposaba, su madre había perdido la esperanza y murió al lanzarse al río una noche de luna menguante.
Las lágrimas del joven rodaron por sus mejillas y agrietaron aquel mineral sobre el cual había permanecido inmóvil durante años. El don de poseer todas las virtudes fue la clave para su rescate porque esto lo conectó con cada clan.
Su llanto guío al clan del agua que convertido en peces llegó a aquel lugar, aquellas lágrimas en la tierra abrieron zanjas que marcaban el camino recorrido por los raptores. Los guerreros fuegos convertidos en ágiles tigres atravesaron y treparon las montañas que los separaban de Anam y las fuertes alas de las águilas del clan aire, congelaron los remolinos para que los peces apagaran el fuego.
Un silencio se apoderó de aquel lugar y de la cueva salió una luz resplandeciente. Flotando dentro de una burbuja de agua un joven con una piedra brillante en la mano, cayó de pie sobre la tierra y emitió un fuerte rugido que detuvo el tiempo.
Mientras tanto, en la aldea, el Jefe supremo hizo arder la zarza y levantó sobre su cabeza a la tortuga sagrada del tiempo para celebrar el regreso del salvador de su pueblo. A quien guiaría sabiamente hasta el momento de su partida.
Los otros pueblos fueron extinguidos por el fuego y las grandes inundaciones que fuertes huracanes produjeron como castigo divino por haber robado el corazón de la tribu Ak Na’.
A los 33 años, Anam celebró la ceremonia del renacimiento en la que tras entregar el alma de su maestro a la madre tierra, iniciaba un proceso de decantación de la consciencia para conectar con lo espiritual, regresar al amor de la familia y convertirse en el guía de los siguientes protectores de su nación.
Estábamos sentados compartiendo el silencio. Era cómodo, pero había una pregunta que no paraba de rondar mi mente. – ¿Te arrepientes? – pregunté. – ¿Qué si me arrepiento? Todos los días de mi vida. No existe uno solo en el que no piense en lo que hubiese podido ser. Cada noche cuando llega el momento de dormir le dedico unos minutos a pensar cómo sería mi vida si le hubiese dado otra oportunidad. – Entonces ¿Por qué no lo hiciste? Toma el libro que estaba leyendo entre sus manos y le arranca una página. -¿Por qué hiciste eso? – interrogó alarmada. – Es solo una hoja, el lector la echará en falta, pero podrá leer el libro aún en su ausencia. Ahora imagina que voy arrancando página tras página. Dentro de poco será imposible encontrarle sentido a la historia, te perderías entre fragmentos inconexos y rotos. Yo ya tenía muchos pedazos arrancados. No podía permitirme uno más. – Entiendo – dije a pesar de que no le entendía completamente, creo que solo él podría hacerlo- quizás hubiese sido una linda historia. – Quizás – contesta antes de volver a nuestro silencio.
La lluvia era densa y amenazaba con no dar tregua cuando se escucharon toques en la puerta de la iglesia trokiana, encargada de venerar al Dios Dezeus. El centinela quedó asombrado, pensaba que nadie se atrevería a salir de casa bajo aquellas condiciones. Se dirigió a la puerta con determinación. Un poco de pesadumbre ritmaba sus pasos. Con bastante esfuerzo, logró abrir la pesada puerta que crujió en una especie de quejido. Al asomar el rostro vio a un campesino ajado y entrado en años que sostenía un sombrero de pajas y un desgastado rosario. El recién llegado informó que quería hablar con el párroco. Un asunto singular justificaba su urgencia. Con el beneplácito del portero pasó al interior. Afuera, la lluvia seguía en curso. El centinela fue en busca de su santidad y lo encontró en la cámara que se reservaba para orar. Pidió permiso y entró. La santidad preguntó qué ocurría, a lo que el siervo contestó que en la entrada se hallaba un anciano que deseaba verle con urgencia. —Llega usted a la casa del Señor en Troke, bienvenido —dijo el cura al tomarle las manos al anciano—. ¿En qué puedo servirle? Al instante cayó de rodillas con ríos de lágrimas que se mezclaron con el agua de lluvia.
—Es mi hijita padre, está muy enferma, ya no sale de la cama, le ruego que rece por ella. —Levántese por favor. Su presencia aquí me muestra la magnitud de su pena. Nada me reconfortará más que visitarlo mañana. Apenas salía el sol cuando el padre llegó a la morada del campesino. La puerta permanecía abierta. Al entrar fue blanco de una tristeza infinita. El silencio estaba impregnado en las paredes y suelos de la casa. —Buen día padre, venga por aquí si es tan amable —dijo el anfitrión que llegó sin ser advertido. En el interior de una pequeña habitación descansaba una adolescente con los parpados abiertos a media asta. Al ver al cura su rostro reflejó un poco de sosiego. La expresión inocente y sufrida de la joven acaparó toda la porción de benevolencia que tenía y tendría el párroco que día tras día acudió a la misma hora a rezar al borde de su cama sin poder evitar un fatal desenlace. Nadie fue a pedirle ayuda el médico del pueblo. Aunque tenía la cura para la enfermedad, nada pudo hacer al respecto.
Después de tanto tiempo llegó el día de la despedida. Entrar nuevamente por esa puerta, que al abrirse rechina como queriendo hablar y soltar las verdades que dentro se vivieron, de contar los secretos que se ocultan tras esas paredes, las sonrisas cómplices, las carcajadas de noches de domingo mientras hacíamos las charadas y los llantos que no podíamos contener mientras hablabamos cuando finalmente decidimos pasar la página. Una página que en parte estaba manchada de dolores y errores que era mejor no recordar, de engaños y traiciones que aunque decíamos perdonar, era solo de la boca para afuera, porque en el fondo eso no se olvida, el perdón, debe ser más que solo decirlo, más allá de eso verdaderamente sentirlo y en nuestro caso no fue así. Dentro de la casa está todo igual, no falta nada, como si todo hubiese sido ayer, tu chaqueta colgada en la entrada y los zapatos debajo, donde siempre los dejabas al entra; las fotos de cuando éramos novios, las del perro en el parque jugando, que decíamos, como no podíamos tener hijos, que él lo era, hasta que desapareció de nuestras vidas misteriosamente. Me siento en la alfombra contemplando del lado izquierdo de la chimenea, la mancha de sangre que dejaste al decidir quitarte la vida, como siempre egoísta, no pensaste en nada más sino en lo que tu sentías, en que ya no aguantabas más y simplemente dejaste de vivir, esa no era la solución. Pensé que tu carácter forjado era más fuerte y te hacía ser más íntegro, jamás imaginé que acabarías así. Es mejor empacar las cosas y sacarlas de aquí, quizá sea una buena casa para alguien más, alguien que pueda llenarla de amor como lo hicimos la principio. Tu ropa aún tiene tu aroma, a pesar de la distancia ese abrazo que no se pudo dar en mucho tiempo es dado a esa ropa, con lágrimas rodando por las mejillas, porque al final, a pesar de las circunstancias, tú lo fuiste todo para mí. En tu mesa de noche aún están tu reloj y tu celular, eso será mejor desecharlo quien más podría usarlo como lo hacías tú, con porte y elegancia, mirando la hora de reojo en las reuniones para hacerme la señal de costumbre avisando que era hora de volver a casa a hacer travesuras en lugar de estar ahí aburridos con gente hipócrita, con esos gestos pícaros que nos hacían cómplices y que nadie más entendía. Dentro de la gaveta muchos papeles que quizá no valga la pena leer, facturas de restaurantes y correo leído, parte de una historia que jamás olvidaré y que me ha marcado de por vida. En medio de todos esos papeles puedo ver uno de color azul que me llama la atención, una factura de la clínica general con exámenes que no son de rutina, es mejor que siga buscando… Después de media hora de revisar los papeles, de botar cosas inútiles y que para mí no tenían ningún sentido, finalmente doy con eso que quería encontrar, una enfermedad terminal que se estaba llevando tu vida, pudo más con tu psiquis que con tu cuerpo, tú siendo un hombre joven, ágil, que siempre se ejercitaba y tenía buen porte, no podía ver cómo se degeneraba de a poco, así que preferiste un disparo certero en la boca, una vez más la cobardía pudo más que la razón, huir siempre fue lo más fácil para tí. Un adiós, una canción, una despedida que jamás llegó y que me tocó hacer en silencio, frente a la mancha dejada cerca de la chimenea, porque tu voz se extinguió en una melodía ahogada que solo sonaba para tí.
Un libro de fantasía perfecto para las mentes juveniles de hoy. Emma es una joven universitaria con pocos amigos y una vida monótona, no se siente parte del universo que la rodea. Pero todo cambiará cuando, a través de un sueño, se revele un mensaje que la encaminará por senderos impensables. Nuevos mundos, amistades sinceras, aventura, peligro y audacia acompañarán este desconocido y misterioso destino que, poco a poco, revelará un secreto hasta ahora oculto. Emma conocerá la magia que habita dentro de ella y sus amigos, y juntos formarán lazos que van más allá de este plano. Siete personajes con siete destinos por descubrir.
Leer te va a servir para estudiar la escritura de otros: estudiar diferentes géneros, ver otros estilos, los elementos que usan otros autores, las tramas más comunes, las ideas que mejor funcionan…
Soy escritora de fantasía, pero, por ejemplo, leyendo poesía he aprendido mucho sobre la utilización de figuras literarias. Cualquier género es bueno y está bien que los explores todos (o la mayoría).
Además, leer te va a permitir adquirir nuevo vocabulario (ten un diccionario cerca para buscar palabras que no conozcas, anota frases y palabras que te gusten…) y también es la mejor forma de aprender a escribir (cómo se monta una escena de batalla, cómo crear tensión sexual, cómo crear angustia al lector, cómo encontrar tu voz de escritor…) otros escritores ya lo han hecho, fíjate en ellos.
Por si fuera poco, ¡leer es un disparador de la creatividad! Olvídate de esperar a esas musas tan infieles que siempre te abandonan.
Ahora estás a salvo -dice al ver que mis lágrimas no cesan- ya nunca volverá a hacerte daño. Lo observo con odio en la mirada, con el mayor rencor que soy capaz de engendrar. Todo. Toda mi ira. Todo mi dolor. Todas mis penas las conduzco hacia él en un último grito de dolor. – Tú. Tú que piensas que me has salvado. Tú que crees que me has librado de esa prisión en la que me veías recluida. Tú tan príncipe que por fin había encontrado su doncella en apuros. No sabes cuánto te odio – me mira estupefacto, pero yo ya no puedo parar- me has arrebatado todo lo que conocía y amaba. ¿Quién te engañó diciéndote que yo era su prisionera? ¿Quién te dijo que él era el malo de esta historia? ¡DIME QUIÉN TE PIDIÓ QUE ME RESCATASES! ¡YO ERA FELIZ CON ÉL! Él… él fue el único que me dio calor cuando el mundo entero me abandonó. Él fue quien me acompañó cada noche, quien se sentaba a leer conmigo hasta que la luz de la vela exhalaba su último suspiro. Mis años se fueron junto a él y con ellos vinieron los sentimientos, de esos que nadie sintió por mí antes. ¡YO LO AMABA! ¿Acaso entiendes el significado de amar? ¿Acaso has amado verdaderamente antes? Solo eres una imitación de caballero aferrado a la idea de rescatar a alguien y así, sin más, ser amado. Pero yo no era la princesa en apuros, yo era la mujer que había encontrado su final feliz junto al malo de la historia, porque si te cuento un secreto, él nunca fue malvado, en realidad, él… fue mi salvador. Y por ello, por todo lo que me has quitado, te odiaré hasta que mueras, hasta que el último aliento te abandone para siempre, y así, esta maldición caerá sobre cada uno de tus hijos. No seré más la princesa, ahora soy la bruja de esta historia, ahora soy a quien debes temer, corre y vive, pero no por mucho tiempo. Algún día, nos volveremos a ver.
Hoy quiero presentarles a otra colaboradora, gran amiga de hace muchos años y quien recientemente descubrió sus grandes capacidades como escritora Novel, mi estimada Nilsen Lares, con este relato «El Gran Amor» Se estrena en el blog. Bienvenida y gracias por tus aportes que son maravillosos.
El gran amor. -Nilsen Lares
En esos tiempos de amores de la juventud, Paula, en su adolescencia, comenzó su primera relación de noviazgo, de esas relaciones más puras e inocentes que vivimos una vez en la vida, de esas historias del primer amor, cuando se entrega todo el corazón, en tiempos fugaces. Conoció su verdadero amor muy temprano, el universo los hizo coincidir cuando la madurez brillaba por su ausencia, ellos se conocieron desde niños, porque sus padres eran amigos. En todo viaje de paseo, idas al club, o a una fiesta, se veían. Crecieron y se dio el desenlace de esa historia de amor…
Una tarde, Paula me escribe por el chat para encontrarnos en un café de Las Mercedes, en Caracas porque estaba en Venezuela, en mi país por unos días, fuí a hacer unos trámites de venta de las propiedades de mis padres que viven en Madrid, por ser su apoderada legal y por cuestiones de la edad ellos no quisieron hacer ese papeleo, me aproveché de la situación para tener una excusa para viajar a Venezuela. Pau, me escribe para invitarme a un encuentro de amigas. Salí desde Macaracuay hasta el lugar acordado para vernos después de tanto tiempo y tomarnos un café, entre charlas y recuerdos, se acerca el mesonero y le pedí un latte vainilla y ella un skinny caramel macchiato, al que le agregó jarabe de amaretto, su preferido.
Teníamos muchos años sin vernos, imagínate, Paula es amiga mía desde que teníamos siete años, pasados treinta años nos reencontramos. Mi Pau y yo estudiamos desde primaría hasta la universidad, cursamos la misma carrera, nos graduamos de Médico Cirujano en la Universidad Central de Venezuela, por como se mueve la vida y eso del destino, yo me enamoré de un Inglés que conocí en Mérida, en ese viaje que hice por los páramos de mi tierra, fue la mejor oportunidad que se me presentó por haber tomado la iniciativa de darme un viaje sola, para encontrarme conmigo misma, estaba pasando por tiempos difíciles. Mi mayor sorpresa es que conocí a Felipe. ¿Quién no se iba a enamorar entre esos paisajes? Unas montañas llenas de frailejones, escarchadas por los destellos de nieve, un fenómeno natural que ocurriría para esa época del año, con bebida de chocolate caliente en mano, arepas andinas y truchas que pescaba mi Inglés en los espacios habilitados para la truchicultura. Desde mi pensamiento lo admiraba; recuerdo que le encantó la chicha fermentada y el miche. Entre tantas cosas, la amabilidad de los merideños lo tenían más enamorado de Venezuela que de mí.
Ese viaje se llenó de paseos en motos de cuatro ruedas, a caballo, vestidos con ruanas, viajes al teleférico y a los picos, y de aquella magia que surgió entre nosotros.
Nos enamoramos, y me fuí a vivir a Inglaterra con él, pero nunca me logré desarraigar de mi terruño. Mantuve el contacto con mi familia a quienes día tras día extrañé con locura y también lo mantuve con mis amistades que se vuelvieron familia. Me hacían tanta falta en ese proceso de adaptación a la cultura europea, los ingleses eran un poco distantes para crear amistades con extraños. Entre esas, a quien más extrañé era a mi Pau, mi amiga y hermana de vida. Por cuestiones de trabajo y responsabilidades no pude volver a mi país, sino hasta ahora.
Estando en el café, comenzamos a conversar y a contarnos de lo que hemos hecho con nuestras vidas, lo mío fue un cuento breve, realmente mi historia era monótona y cuadrada, pero feliz y muy bonita; viviendo mi matrimonio con un hombre responsable, estable económicamente, amoroso, dulce, atento, amable, cariñoso, respetuoso y complaciente de todos mis caprichos.¿Qué más podía pedirle a la vida?
Pedimos unas copas de vino, yo pedí cabernet, y ella tempranillo, nos pusimos al día, mi amiga estaba en proceso de divorcio, -su tercer divorcio-, en temas del amor no funcionaba. Los médicos tienen un transitar profesional muy entregado a sus pacientes más que a cualquier otro ámbito, y eso hacía que sus relaciones fueran fallidas. ¡Sabes, cuestiones de prioridad! Su vida la dedicó de hospital en hospital, de guardia en guardia, no tenía tiempo suficiente para amar a una pareja, pero si para amar a su vocación. Entramos en una conversación más del pasado, que del presente o del futuro. ¡Claro! Era el tiempo que compartimos juntas ¿Qué otra cosa íbamos a recordar?
Le dije: Pauuu, aquí repasando lo que recuerdo de nuestras vivencias, y de lo que me cuentas de tu fracaso en tu vida de pareja, viene a mi mente cuando te hiciste novia de Emilio Antonio. ¡Él si que te amaba, estaba realmente enamorado!
¡Qué buena memoria tienes! Le dice Vero, ¿y Emilio? le pregunta: ¿Por qué decidiste dejarlo? Ella respondió: Emilio Antonio tenía solo dieciocho años cuando terminamos nuestra relación, en ese entonces apenas mi carrera de medicina estaba comenzando, tú más que nadie sabes el esfuerzo y el tiempo que dedicamos a la universidad, él se fue a estudiar hotelería a la Isla de Margarita, eso terminó no porque nosotros quisimos sino por razones de estudio, y él siempre me culpó de ese fracaso. Amiga, Emi y yo aún mantenemos contacto, se fue a vivir a República Dominicana donde gerencia una cadena de hoteles. Él es impredecible, porque me escribió en el dos mil doce, solo para enviarme una canción que me dedicó cuando tenía dieciséis años, después se lo tragó la tierra hasta el dos mil dieciocho que me volvió escribir estando ebrio, me decía: Pau, me acuerdo cada instante lo que he vivido desde que estoy sin tí, me acuerdo de nuestros primeros besos los más tiernos que he recibido, esos que se convirtieron en fuego para llevarnos a la intimidad. Me acuerdo aquella primera vez que hicimos el amor, nos escapamos y nos fuimos a la cancha, ¿Recuerdas el césped debajo de las gradas y con el cielo estrellado?, tú temblando de miedo por perder tu inocencia, y yo también, me acuerdo que también fue mi primera vez, no te lo dije por eso de que los hombres nunca hablan de su primera vez. Me acuerdo que lloraste, y me abrazaste, me acuerdo que te prometí que nunca te dejaría, me acuerdo que te juré estar contigo siempre, me acuerdo que me dijiste que confiarías en mí, me acuerdo que quería cuidarte, me acuerdo que eras mi princesa, me acuerdo que te regalé la luna tantas veces y otras unas estrellas, me acuerdo de tu ombligo adolescente, me acuerdo que fuiste tú quien decidió ya no más, me acuerdo que han pasado décadas de no volverte a ver, me acuerdo que si fuera por mí, tú hoy estarías a mi lado, me acuerdo que no puedo olvidarte, me acuerdo que te lloré un río, me acuerdo que me dolió tu ausencia, me acuerdo mi despecho, me acuerdo que no te importó, me acuerdo que aún así te amé y te sigo amando, me acuerdo verte casar con otro, me acuerdo verte divorciar, me acuerdo que también me casé y también me divorcié, me acuerdo que tú no eres para nadie más, porque somos uno del otro, me acuerdo que la vida nos va a volver a encontrar, en esta o en la otra, pero me acuerdo, me acuerdo de tí, tú mi gran amor.
Verónica lloró con Paula, las copas de vino estaban surtiendo efecto, y tomó su teléfono y le escribió después de cuatro años sin saber de él, se basó en aquella confesión donde Emilio desnudó su silencio.
Ni lo saludó, solo le envío una canción que ella le dedicó en aquel tiempo de amores, y le siguió el hilo del último chat que habían tenido; me acuerdo de tu sonrisa pícara, me acuerdo de tus abrazos calentitos, me acuerdo de tus serenatas por el balcón, me acuerdo de tu ronca voz, me acuerdo de nuestras promesas, me acuerdo que fuí una tonta niña al dejarte ir, me acuerdo de tus detalles, me acuerdo de tu atención, me acuerdo de tu caballerosidad, me acuerdo de tu aliento, me acuerdo de tu perfume, me acuerdo que he pagado caro tu ausencia desde que ya no estás, me acuerdo que nadie es como tú, me acuerdo que un amor así es irrepetible, me acuerdo que por la inmadurez te perdí, pero me acuerdo que me dijiste que siempre estarías para mí. -¡Aquí estoy!-
Se hizo tarde… pagamos la cuenta, las dos teníamos que conducir nuestros autos y no queríamos pasarnos de tragos, nos despedimos hasta nuevo aviso, yo tenía que ir de vuelta a Inglaterra y ella se quedó esperando la respuesta de Emilio…
Pasados tres meses y sentada aquí en mi sofá, me acuerdo que él una vez me dijo que Paula sería su eterno gran amor y que la buscaría tarde o temprano, que todo lleva su tiempo, que después del sufrimiento llegaría el momento de estar juntos y ser felices, me acuerdo, eso me acuerdo…
Recordando una de las primeras historias en escribir, publicada en el blog en sus inicios, vale la pena volver a compartir, verán como ha sido la evolución de la escritura aunque siempre con la misma esencia
Miro por la ventana las estrellas, dentro de mí estalla un rugido que no puedo contener, mis ojos demuestran lo que siento, ahí van brotando como cascadas.
Recuerdos vienen a mi memoria… ¿estás…? Solo aquí donde me siento atascado en lo profundo.
A pesar de mis días de claridad, las noches de oscuridad me consumen con pensamientos, ¿qué hubiese pasado si…? Me entrego a la negación, intentando borrar lo que yace en el inconsciente, que lo veo más consiente cada segundo que pasa.
Me siento de nuevo en lo profundo de aquella alcantarilla de donde he salido, el olor nauseabundo que emana de mi alrededor me lleva a ese momento donde todo comenzó y pensé que había acabado.
Un gato callejero se acerca a mi ventana, me observa y pienso: ¿será? Todo se resume a ese momento, volteo hacia otro lado, tratando de evitar su mirada que me pesa y me penetra hasta los tuétanos, haciendo que quiera sumergirme de nuevo en ellas…
Intento ahogar mis pensamientos en aguardiente, hasta que incluso mi propia transpiración expulsa ese olor, ahí vienen de nuevo…
Recuerdo claramente como me sumergía, cada segundo ellas me atrapaban: a veces eran polvo, a veces eran piedra, otras veces no eran nada y a la vez eran todo lo que poseía y anhelaba, pero que al despertar no había más, solo restos de porquería, botellas vacías, jeringas, pipas, orine y semen por todas partes…
Recuerdos vienen como visiones, y me llevan a ese momento donde todo acabó… donde al borde de mi vida perdí lo que mas quería, entre momentos de lucidez que se esfuman y de vuelos que me llevan al más allá, haciendo el mayor esfuerzo para regresar, para mantenerme aquí, para no ahogarme más.
Vuelvo a mirar por la ventana y el gato ya no está, ¿sería una visión nada más? Ese gato hediondo, flacucho y sarnoso; buscando alimento y atención, sumido en la miseria; tan parecido a mi yo del pasado
Hola. Espero que alguien me esté escuchando. […] Nada es lo que parece en Universe City. No puedo decirte quién soy. Puedes llamarme… llámame Radio. Radio Silence. A fin de cuentas, no soy más que una voz en la radio, y quizá nadie me esté escuchando.
El tema central de Radio Silence no es otro que el estrés que la universidad provoca en los jóvenes (y los efectos que tiene en su salud mental), pero también cobran gran importancia las relaciones interpersonales y el uso de las nuevas tecnologías.
Antes de comenzar a escribir, debes tener claro quién contará la historia y cómo lo hará, es decir, necesitas definir el narrador (si será primera, segunda o tercera persona) y el tiempo (presente, pasado, futuro). Esto te ayudará a imaginar la perspectiva desde la cual se contarán las cosas, pues no es lo mismo utilizar un narrador protagonista, cuyo conocimiento se limita a lo que es capaz de ver, escuchar y experimentar, que valerse del conocimiento absoluto que ostenta el narrador omnisciente.
¿A qué nos referimos con el narrador? Es decir: ¿Qué responsabilidad asume? ¿Cómo se decide el escritor por un tipo u otro? ¿Para qué sirve?
Primero sus funciones: el narrador es el responsable de contar una historia, es el que organiza la información y decide cuánta y en qué momento se ofrece al lector; por lo tanto, decide también qué se oculta para ir generando la intriga. Determina el tono de la historia y el ritmo, organiza el tiempo del relato y establece en qué orden se cuentan los sucesos.
Aunque cuando hablamos del narrador en realidad hablamos de dos cosas distintas: la voz y la mirada. Quien narra, quien habla, no siempre es el que percibe, el que mira. La mirada es un aspecto del narrador.
Mieke Bal define la focalización como la perspectiva sensorial o ideológica desde la que se presenta a los personajes y los sucesos que se narran, que viene determinada por el espacio físico o psicológico desde el que se miran.
La focalización es el punto desde el que se observa. Puede corresponder a un personaje de la historia o estar fuera de la historia. Lo que permite una primera clasificación: contar desde dentro o contar desde fuera de la historia.
Llamamosnarrador homodiegético al narrador cuya voz se nombra a sí misma, habla de sí misma y pertenece al mundo que narra, forma parte de él. Es un personaje de la historia quien se hace cargo de contarla. Habita el mundo que nos está mostrando. Homodiegéticos son los narradores que cuentan en primera persona.
La voz heretodiegética, en cambio, narra los acontecimientos desde fuera del mundo narrado, no se nombra a sí misma, cuenta la historia de otros. Son los narradores que cuentan en tercera persona.
Esta división, que presenta múltiples variantes, podemos simplificarla si la miramos desde la persona gramatical que usa el narrador para contar: Si cuenta desde dentro del mundo narrado usará el “yo”. Si cuenta desde fuera del mundo narrado, usará el “él” o el “ella”.
La voz y la mirada coincidirán en esos casos en que el narrador use el “yo”. En los casos en que el narrador cuente desde fuera de la historia, en que use “él” o “ella” para referirse a los otros, la mirada no corresponderá a la voz. La voz deberá elegir entre las miradas de la historia aquella desde la que contará la historia: la de un personaje, varios personajes, una mirada más omnisciente o la de una cámara que solo verá y oirá lo que en el mundo que narra ocurre.
Los narradores del yo, en primera persona, son los que cuentan desde dentro la historia que narran. Se refieren a sí mismos porque están allí.
Son tanto los narradores que cuentan su propia historia, los protagonistas de la historia que se cuenta, como los narradores que cuentan la historia de otro, como si fueran los testigos. Los narradores omniscientes, en tercera persona, son los que cuentan desde fuera la historiaque narran.
Me gustaría saber, de tí, escritor (a) ¿cuál es el narrador que más utilizas en tus relatos, cual de ellos te hace sentir más cómodo al momento de escribir?