Tras el largo verano, el invierno se acerca a los Siete Reinos. Lord Eddard Stark, señor de Invernalia, deja sus dominios para unirse a la corte del rey Robert Baratheon el Usurpador, hombre díscolo y otrora guerrero audaz cuyas mayores aficiones son comer, beber y engendrar bastardos. Eddard Stark desempeñará el cargo de mano del rey e intentará desentrañar una maraña de intrigas que pondrá en peligro su vida… y la de los suyos. En un mundo cuyas estaciones duran décadas y en el que retazos de una magia inmemorial y olvidada surgen en los rincones más sombríos y maravillosos, la traición y la lealtad, la compasión y la sed de venganza, el amor y el poder hacen del juego de tronos una poderosa trampa que atrapa en sus fauces a los personajes… y al lector.
Orden de lectura Canción de hielo y fuego:
0. 5 El mundo de Hielo y Fuego 1. Juego de tronos 2. Choque de reyes 3. Tormenta de espadas 4. Festín de cuervos 4. 5 Festín de dragones 5. Danza de dragones 5.5 Arianne
“Tengo 82 años, 4 hijos, 11 nietos, 2 bisnietos y una habitación de 12 pies cuadrados”. Ya no tengo casa ni mis cosas queridas, pero tengo quien ordena mi cuarto, me prepara comida y me hace la cama, me revisa la presión y me pesa.Ya no tengo la risa de mis nietos, no puedo verlos crecer, abrazarlos; algunos de ellos vienen a verme cada tres o cuatro meses; otros, nunca”. “No sé cuánto me quedará, pero tengo que acostumbrarme a ésta soledad; hago terapia ocupacional y ayudo a los que están peor que yo, aunque no quiera apegarme demasiado: a esta edad desaparecemos muy frecuentemente. Cuando estoy sola puedo mirar fotos de mi familia y algunos recuerdos que traje de casa. Fotos de tiempos que no volverán, eso es todo lo que tengo. Y muchas ganas de llorar. Espero que las próximas generaciones entiendan que la familia está construida para tener un mañana, que aprendan a darle nuestros padres en la vejez el mismo tiempo que ellos nos dieron para criarnos.
Hoy desperté y me conseguí con este excelente relato de mi amiga Zeuxis Villalba. Los invito a deleitarse con esta maravilla de relato, Dos.
La Perla era el lugar perfecto para vivir. Tenía una de las mejores playas de la región costera y la calidez de su gente era una invitación a quedarse. Para una persona como Ana que amaba la naturaleza y la belleza existente en las cosas simples, el vivir cerca del mar y escuchar las olas […]
El cuarto de Andrea es un lugar maravilloso, aunque es muy sencillo, tiene una magia particular. Su olor, su risa, hebras de cabello sobre la almohada, su muñeco para dormir, su pijamita y unas estrellitas en el techo que se iluminan cuando apaga la luz. Tiene juguetes y sus libros ordenados, y ahí pegadita a la pared está su cama la que ya no tiene barandas porque es una niña grande. Esa estructura de madera y hierro con jergón y colchón recibe fuertes impactos cuando “Andre” se incorpora sobre ella y da saltos enormes haciendo rechinar los resortes. He dormido con ella y es una verdadera batalla, parece que bailara, nadara, corriera y saltara en sus sueños me lleva hasta la orilla o me arrincona y a veces me engancha con una pierna o me ahorca con su bracito alrededor de mi cuello. Toda una experiencia onírica. Una noche antes de dormir me hizo una pregunta que en aquel momento respondí para salir del aprieto ―” Tíiia, ¿tú sabes cómo es la cama de Dios?” ― De todas las preguntas que me preparé para responderle, esa jamás pasó por mi mente. Mi respuesta fue muy ingenua y ella muy benevolente porque aceptó que muchas ovejitas con alas se juntaban en el cielo para formar una “enoooooorme” cama suavecita para que Dios que era muy grande, pero no pesaba, se durmiera. Que las almohadas estaban hechas de nubes y que tenía una hermosa lámpara en forma de media luna que le alumbraba durante toda la noche. Andrea me miró y dijo ― “Guaooo”, Dios sí que tiene suerte”― y se acostó en su camita cuyo colchón impermeable sonaba bajo la suave sábana de princesas. Creo que ha sido una de las camas más puras y dulce donde casi, casi pude dormir. Desde entonces me quedó la curiosidad de preguntar cómo eran las historias de cama de otros y que se piensa o qué se sueña según el tipo de cama donde se duerma. Desde las camas de agua, de goma espuma, de resortes, con “box”, literas, sofá camas, dúplex, matrimoniales, individuales, catres, colchonetas, chinchorros, bolsas de dormir, butacas, toallas en la arena, las consabidas aceras, los banquitos de plaza, el asiento trasero del auto hasta las de tecnología avanzada, térmicas, masajeadoras, con olores, colchón inflable portátil y pare usted de contar, cada una tiene su historia
Recuerdo la historia de Zahie, sus padres venían de Marruecos, huyendo de la guerra contemporánea. Durante su viaje por el desierto tuvieron que protegerse de las tormentas de arena y polvo. Dormían entre piedras, pegados los unos a los otros, con la cara y la cabeza cubiertos con tela para evitar que la arena les hiciera daño. Fue un largo recorrido y Zahie soñaba con poder llegar a un lugar donde descansar cómodamente porque su cuerpo estaba agotado, cansado y adolorido. Extrañaba su cama y las noches en las que dormía bajo una bóveda de estrellas impresionante. En su pequeño pueblo de Nkob se levantaban los “Kasbah”, enormes construcciones de soberbia altura que servían para protegerlos de los invasores y tormentas de polvo y arena y ahí tenían pequeñas habitaciones con enormes “mijadda” donde dormían o tomaban siestas. Zahie soñaba sobe aquellas almohadas gigantes con que al fin acabara la guerra, para poder viajar por el mundo, pero se hizo más cruenta y tuvieron que abandonar sus refugios para sobrevivir. Cuando finalmente llegaron a europa, fueron acogidos por una organización que dirigía Alicia VK, una joven de ascendencia griega y latinoamericana que desde temprana edad se dedicó a llevar a cabo proyectos sociales y durante sus estudios de cine y Arte audiovisual pudo hacerse de una red de apoyo muy influyente que le permitió consolidar una organización sin fines de lucro para darle ayuda a los refugiados que huían de la guerra y las persecuciones políticas. Las casas donde se hospedaban contaban con los servicios básicos, comida y cómodas camas con colchones confortables, sábanas y almohadas limpias. Fue en aquellas camas donde Zahie pasó mucho tiempo recuperándose de su peregrinación por el desierto, soñó y juró que su vida sería extraordinaria, que estudiaría y se prepararía para recorrer el planeta y tener las experiencias más increíbles del mundo. Con el tiempo logró tener éxito en su carrera profesional y se convirtió en benefactora de aquella organización que le abrió las puertas a una vida posible. Su mentora, Alicia VK, recibió de sus manos el más alto reconocimiento para aquellos que entregaban su vida a ayudar a otros. Seguí mi viaje buscando historias forjadas desde la cama y conocí a Zafiro una enigmática mujer con suficientes historias para hacer un libro completo, pero de las cuales escogí las que a ella le fueron más gratas. En un pequeño café de “Monmartre”, aquella colina parisina a la derecha del río Sena, esperaba absorta mirando la cúpula blanca de la Basílica del “Sacre Coeur” en la cumbre del paisaje. Terminaba mi café y al apagar el cigarrillo, un intenso olor a flores y frutas cítricas impregnó mi metro cuadro y al instante escuché una voz que decía ―”Bonjour”, creo que me esperas a mí― La conversación con aquella mujer fue realmente deliciosa, sus anécdotas me hicieron reír y llorar en la misma proporción. Amé la historia del motel La Orquídea: ―”Andaba con Miguel Ángel, los dos perdidamente enamorados, hasta los huesos, nos comíamos vivos en aquel viaje de regreso a la ciudad. Él me acompañaba y luego volvería a su pueblo”―. Tenía una mezcla entre niña pícara y “femme fatal” que combinaba en sus gestos al contarme sus historias. Prosiguió, ―”entramos al motel que se encontraba en el camino, sólo para “saciar el deseo de la carne inquieta” y nos dieron una habitación con ¡cama de agua!. Nos metimos cada “golpe” tratando de hacer la diligencia y mantener el ritmo, entre risas y muchas ganas, quedamos exhaustos, intentando no caernos y disfrutar el momento. No son las más recomendables para emprender la cabalgata con un tipo de 1,98m”― Su historia sobre la mejor cama en la que había dormido fue muy divertida. Sucedió en las islas de Antigua y Barbuda en el Caribe. Su relato seguía así ―”la mejor cama en la que he dormido fue la del hotel “Sunset”, en Antigua, que delicia, dormía como una loca, desenfrenada, durante todo el día y cuando aparecía en las noches, todos bromeaban diciendo que Luis Miguel, el papá de mi hija, me estaba destrozando. Pero no, no, no, aquello fue puro dormir como narcoléptica. Definitivamente una cama cómoda sin otra igual”―. ― “Pero sin duda, la cama más alucinante en la que jamás imaginé dormir, ha sido en el hotel Napoleón, aquí en Paris. Era un 14 de julio, cuando llegue al hotel era de noche y había una algarabía en la calle. Se celebraba con bombos y platillos con una gran fiesta el aniversario de la toma de la Bastilla y para rematar, el día anterior Francia se coronó como campeón de la copa del mundo en Francia ´98. Fue emocionante lo que sentí al acostarme en aquella cama y caer en cuenta de que yo estaba ahí en un momento tan espectacular” ―. Sus pequeñas historias, estaban cargadas de cierta nostalgia, ella ama Paris y seguramente ha dormido en muchas más camas en esa ciudad. De pronto su brújula giró hacia sur américa y su sonrisa se llenó de colores vivos y tropicales para referirme una historia cortita sobre su viaje a la frontera entre Brasil y Argentina. Continuó rememorando sus aventuras: ―”en Iguazú también dormí en una cama muy rica, o no sé si fueron los 4 aviones que tuve que tomar para llegar, tenía sueño y trasnocho y eso quedaba en la selva espesa, muy, muy lejos de todo. Era un lugar que me recordaba la Quinta Anauco, todo era muy al estilo colonial―. Entre risas, vino, fiambre, quesos y café fue cayendo la tarde y yo tomaba nota de las anécdotas de Zafiro, una viajera cuyo “hobby” era conocer lugares donde dormir rico. Así llegué a sus dos lugares más remotos, allá en su país Venezuela. Ya casi era mi hora de terminar y escuche dos historias más: “―recuerdo que el sitio más frío donde dormí fue en la cama del Hotel Santo Domingo de Mérida, ni siquiera en Suiza, pasé tanto frío. Por más que tomé vino, “calentaito” y “canelita” no logré calentarme y eso que andaba en muy buena compañía―. ―Diría que el lugar más incómodo donde he dormido fue el cajón de la camioneta de Fabrizzio Laso. El tipo metió un colchón en el cajón de su camioneta y ahí cenamos, tomamos y “tiramos”. Dormí divinamente, a cielo abierto. Fue incómodo pero aquel espectáculo de estrellas, lo valió―. Cayó la noche y ella se despidió con un beso en cada mejilla. La vi alejarse mientras mi lápiz caía dormido sobre la mesa. Y aunque la pasé divinamente, durmiendo en muchos lugares y escuchando historias, siempre volver a mis 7 almohadas amañadas, mi colchón, mi trapito en los ojos, mi control remoto y mis sábanas frescas, no tiene precio. Porque como dicen por ahí: “en cama ajena, siempre se duerme mal”.
Es una técnica creativa que sirve para encontrar las mejores ideas a partir de un tema concreto. Consta de dos fases que es preciso diferenciar para que resulte efectiva. La primera fase consiste en escribir una lista con todas las ideas que te sugiera el tema. A más larga sea tu lista, más probabilidades tendrás de encontrar una buena idea. Puedes realizar esta tarea durante un tiempo limitado o escribir hasta que el tema no te inspire nada más. Pero escribe sin juzgar las ideas. Será unos días más tarde, en la segunda fase, cuando analices las ventajas y los inconvenientes de cada idea y selecciones las ideas que más se ajusten a lo que estabas buscando.
Recién acabada la Segunda Guerra Mundial, una joven pareja se reúne por fin para pasar sus vacaciones en Escocia. Una tarde, cuando pasea sola por la pradera, Claire se acerca a un círculo de piedras antiquísimas y cae de pronto en un extraño trance. Al volver en sí se encuentra con un panorama desconcertante: el mundo moderno ha desaparecido, ahora la rodea la Escocia de 1743, con sus clanes beligerantes y supersticiosos, hombres y mujeres rudos, a veces violentos, pero con una capacidad de vivir y de amar como Claire jamás había experimentado en su anterior vida. Acosada por los recuerdos, Claire tendrá que elegir entre la seguridad del futuro que ha dejado atrás y la apasionante incertidumbre del pasado que ahora habita. En «Forastera», la primera parte de la saga de Claire Randall, Diana Gabaldon narra una historia de amor diferente, en la que los encuentros fortuitos y el juego equívoco del tiempo se conjugan en un intrigante final.
Orden de lectura:
1 – Forastera 2 – Atrapada en el tiempo 3 – Viajera 4 – Tambores de otoño 5 – La cruz ardiente 6 – Viento y ceniza 7 – Ecos del pasado 8 – Escrito con la sangre de mi corazón 9 – Cuenta a las abejas que me fui
Amanecemos con esa sensación de que hemos crecido, de que hay que comenzar a tomar decisiones que definirán el resto de nuestros años. Y nos cagamos de miedo, así, crudamente. Están los que toman ese futuro por las riendas, se aferran a sus objetivos y luchan con garras y dientes; y están los que se agazapan en una esquina, como esperando que las soluciones lleguen envueltas en papel de regalo, o quizás, solo tienen la fantasía de que el tiempo no pase, de quedarse estancados en ese momento, en esa edad.
Es tan difícil decidir. ¿Qué queremos ser? ¿Hacia dónde ir? ¿Con quién compartir el camino? ¿Cuándo aferrarse y cuándo dejar ir?
Ojalá la vida viniese con instrucciones, ojalá todos fuésemos de esos que saltan al vacío confiando en que podemos volar.
Mientras terminaba de secar su cabello con la toalla, frente al espejo, miraba de cerca el hematoma debajo de su ojo derecho, muy cerca de aquella cicatriz que ahora quedaba oculta por la hinchazón que empezaba a formarse. Movió el cuello, sintió un dolor agudo en el músculo trapecio y le fue casi imposible girar la cabeza totalmente hacia el lado izquierdo. Frunció el ceño y tomó aire apoyando las manos sobre la pared. Aquel combate había sido diferente a los otros que había realizado durante todos sus años de práctica y entrenamiento, primero con su padre y luego cuando perdió el camino y aprendió técnicas letales orientadas a la aniquilación del contrincante. Ragnar Lamech, era un entrenador de Artes Maciales, especializado en el combate cuerpo a cuerpo. Dominaba estilos como el Tae Kwon Do, Judo, Jui Jitsu Brasilero, “Grappling”, Lucha Grecorromana, Aikido y Krav Maga, este último era un sistema de defensa popularizado por los ejércitos israelíes para complementar las destrezas letales de sus soldados. Ragnar era una máquina invencible, que dominaba un sin número de técnicas, pero además era muy versátil, sumaba a sus talentos otras artes como la danza, la gimnasia, tiro al blanco con arco y flecha y era amante de las armas de fuego, un campeón en la categoría de tiro deportivo. Su padre Bhaltair Lamech había sido su primer Maestro, tenía una escuelita que funcionaba detrás de la tienda de antigüedades de la que fue dueño durante 40 años. Un lugar mágico donde aquel joven pasaba horas con su pequeño hermano Moritz y su mejor amigo, Niklas Söle, escuchando historias sobre antiguos guerreros samuráis, griegos, vikingos, espartanos y romanos, cuyos dogmas y valores fueron formando paralelamente a la educación de sus padres, una línea de pensamiento con ideas inquebrantables que regían sus conductas. Su madre, Amelie, era una hermosa y destacada gimnasta y bailarina que le enseñó la gracia y la flexibilidad que el cuerpo podía alcanzar con otras disciplinas además de la marcial. Amuletos, espadas, escudos, símbolos, pergaminos, documentos antiguos llenaban la tienda de su padre. Bhaltair los había recolectado durante sus múltiples viajes por oriente y occidente, donde aprendió los diferentes estilos de combate que luego enseñaría en su escuela y en los que sus dos hijos fueron formados, bajo la promesa de siempre estar al servicio de los más débiles. Entregó a cada uno la mitad de un poderoso medallón de marfil y ébano que al juntarse formaban un yin yang blanco y negro. Éste tenía al fondo un lobo negro y uno blanco a cada lado, respectivamente y les recordó la importancia de saber a cuál de los dos alimentaban. Ese, era el secreto del equilibrio. Al salir de la habitación, para dirigirse a la trastienda del antiguo negocio de su familia, Ragnar recordó aquel día, que tras la muerte de Moritz, en un combate donde no fueron respetadas las reglas de seguridad y los límites de contacto, su padre se había marchado sin decir una palabra y su madre había sido recluida en un hogar de cuidados para enfermos mentales, aunque ella sólo se había sumido en una infinita tristeza. A pesar de todas las enseñanzas de su padre, basadas en principios y valores morales, Ragnar quebrantó todos sus paradigmas y fundó una escuela de peleadores en la que la piedad y el respeto por el contrincante no eran aspectos considerados dentro de sus leyes. Cruzó la delgada línea entre el bien y el mal. Así, constituyó un equipo de guerreros que transitaban por las calles amedrentando a todo aquel que no les rindiera tributo. Los formó sobre la base de antivalores, constituyéndose en una especie de banda que asistía a los torneos locales y en las afueras de su ciudad promoviendo el caos y dejando a su paso desolación y dolor porque todo aquel que se enfrentaba a sus discípulos perdía un brazo, una pierna, un ojo o la vida. Ragnar se había convertido en un líder negativo, ya no visitaba a su madre y clausuró la tienda cuando entendió que su padre no volvería. El dolor por la pérdida de su familia nubló su consciencia y confinó su corazón y su alma al olvido, para alejarse del recinto de sus más férreos y nobles principios. Una mañana llegó a su escuela un desconocido, quien se hacía llamar Anam Çelik y al abrirle la puerta sintió entrar una energía tan fuerte que no atinó a pronunciar palabra. Aquel hombre le entregó un pequeño pergamino donde lo invitaba a un combate al día siguiente en la tarde, en el antiguo Dojo detrás de la tienda de antigüedades. Absorto y confundido miró como aquel hombre enigmático se alejaba. Sin contarle a nadie se preparó para el combate como si una fuerza externa lo empujara, se puso su traje negro y sintió que le faltaba algo. Revisó y se topó con la mitad del medallón. Lo tomó apreándolo Al llegar al lugar, se removieron en su mente innumerables recuerdos, la voz imponente de su padre, el olor a lavanda y flores de su madre, la risa de Moritz y Niklas. Creyó entrar en una especie de vórtice y tuvo sentimientos encontrados de tristeza y furia que canalizó para concentrarse en su objetivo. Atravesó la tienda rápidamente y al llegar al umbral del salón vio el majestuoso Torii, aquel que solo debías cruzar dejando fuera todo lo mundano. Se quitó los zapatos y sin reverenciar el espacio entró. Miró hacia el lugar sagrado donde Anam vestido de blanco, se encontraba arrodillado en posición meditativa. Levantando su voz, lo increpó diciendo, ― “ya estoy aquí y no tengo tiempo que perder, así que acabemos con esto de una buena vez, quien quiera que seas”― Cuando aquel hombre se incorporó lo miró con serenidad y le dijo: ― “vengo en nombre de mi Maestro a devolverte algo que te pertenece, pero antes deberás combatir contra mí”― Ambos guerreros tomaron posición y mientras Anam hizo la venia para saludar a su Ragnar visiblemente contrariado, preparó de una vez la posición de combate. Con movimientos circulares iniciaron una especie de danza que los acercaba y alejaba buscando cada uno el momento adecuado. Como era de esperarse Ragnar tomó la iniciativa y atacó arremetiendo con seguridad y violencia. Anam por su parte desvió limpiamente el golpe siendo la defensa su mejor contra ataque. Al ver que no podía tocarlo si quiera, Ragnar visiblemente molesto y desenfocado esperó el momento preciso para de manera inadecuada sujetar a su oponente por la ropa y derribarlo, ya que el piso era su territorio para vencer. Ante tal ataque, el guerrero blanco pudo zafarse y limpiamente logró la sumisión de su contrariado oponente quien se golpeó la cara al caer y fue presa del pánico cuando sintió que no podía moverse porque se fracturaría su cuello y se estaba quedando sin oxígeno. Finalmente, tocó el piso dando tres golpes que indicaban que se rendía ante aquella soberbia técnica de sumisión. Débil y adolorido sintió como un hilo de sangre corría por su rostro e intentó ponerse de pie sin éxito. Anam le ofreció su mano y al contacto Ragnar volvió a sentir aquella descarga de energía que lo había dejado sin palabras. Cuando estaba más recuperado, Anam se acercó y le entregó algo envuelto en un paño blanco como la espuma. Se arrodilló frente a él y lo reverenció. Ragnar abrió con cuidado el paño y ahí estaba la otra mitad del medallón con el lobo blanco. Sus ojos se anegaron de inmediato ante el poderoso recuerdo que traía aquel objeto. Cuando levantó la mirada, ya Anam iba atravesando el umbral del Torii. Aturdido, aquel hombre vencido se puso de pie y preguntó: ― “¿Puedo saber el nombre de tu Maestro?” ―, el desconocido se detuvo, se volvió hacia él y con voz solemne dijo: Niklas Söle.
Harry Potter se ha quedado huérfano y vive en casa de sus abominables tíos y del insoportable primo Dudley. Harry se siente muy triste y solo, hasta que un buen día recibe una carta que cambiará su vida para siempre. En ella le comunican que ha sido aceptado como alumno en el colegio interno Hogwarts de magia y hechicería. A partir de ese momento, la suerte de Harry da un vuelco espectacular. En esa escuela tan especial aprenderá encantamientos, trucos fabulosos y tácticas de defensa contra las malas artes. Se convertirá en el campeón escolar de quidditch, especie de fútbol aéreo que se juega montado sobre escobas, y se hará un puñado de buenos amigos… aunque también algunos temibles enemigos. Pero sobre todo, conocerá los secretos que le permitirán cumplir con su destino. Pues, aunque no lo parezca a primera vista, Harry no es un chico común y corriente. ¡Es un mago!
Orden de lectura:
1 – Harry Potter y la piedra filosofal 2 – Harry Potter y la cámara secreta 3 – Harry Potter y el prisionero de Azkaban 4 – Harry Potter y el cáliz de fuego 5 – Harry Potter y la Orden del Fénix 6 – Harry Potter y el misterio del príncipe 7 – Harry Potter y las Reliquias de la Muerte
Sé que es un poco raro, a estas alturas, andar recomendando Harry Potter. Todos conocen la historia, todos saben cómo termina todo, así que no es sorpresa para nadie.
Pero estos libros son muy especiales para mí porque son mi saga de fantasía favorita. Se podría decir que leí los libros hace poco, solo hace unos 3 años, tuve la suerte de que cuando los leí no había visto las películas así que los libros sí fueron un descubrimiento para mí. Y conocí lo que era la magia. Que es la principal razón del porqué es mi saga favorita. Cuando se leen libros de fantasía uno siempre es consciente de que por increíbles que son los mundos en los que te sumerges, son solo eso, ficción, y que al cerrar el libro esos mundos vuelven a sus páginas. Pero con Harry Potter fue todo tan intenso, creo que contribuyó mucho, el que yo leyera los libros en plena época de confinamiento, éramos solo yo y mis libros, completamente solos en casa. Así que para mí, la historia se salió de las páginas, y Hogwarts se convirtió en un lugar casi real. Cuando me senté a ver las películas fue volverme a enamorar de la historia, las maratoneé una detrás de otra y las vi todas en un solo día. Aún así debo decir que por mucho que me gusten, las películas le han hecho un daño enorme a la saga, porque ya nadie quiere leer los libros y prefieren ver su adaptación cinematográfica.
Así que soy una potterhead de la cabeza a los pies. No le veo defectos a estos libros y para mí son perfectos. También debo decir que el hecho de ser potterhead me ha hecho conocer a personas maravillosas que ven los libros de la manera en la que yo los veo. El fandom de Harry Potter es una de las cosas más bonitas que me ha regalado la literatura.
Sé que hoy, son libros bastante criticados y la verdad me duele muchísimo, pero de todas maneras no creo que el amor por Harry Potter se pierda, porque marcó a generaciones y ya forma parte de la cultura popular.
Y mi sonrisa se borró… paulatinamente. Y mi cuerpo dejó de sentir… momentáneamente. Y mi luz se tornó en oscuridad… imperceptiblemente.
Un solo atisbo al espejo basta para notar que la vida ha escapado de mi rostro. La juventud, esa amiga pasajera, deserta. Aquel exiguo de inocencia no existe más. Mis ojos se han ensombrecido por el dolor; el rencor y la desesperanza me devuelven la mirada, acusadores. Camino despacio, sin prisa, en este palacio de voces tempestuosas, hasta situarme en el alfeizar de la ventana con un cigarrillo en manos. Miro al humo disiparse, así como lo ha hecho mi esperanza, y un impulso me hace subir, de pronto, al bordillo. La fría brisa incide en mi piel, arremolinándose en mi interior, acrecentando el vacío existente; su susurro arrastra imágenes de un pasado que ahora se exhibe distante. Un día el mundo se paralizó, sin ningún tipo de aviso, la primavera no supo esperar, el invierno me tomó sorprendida, y el eco del caminar se convirtió en mi único acompañante a través de los corredores. Una pandemia, una amenaza medieval que atraviesa fronteras e impone un aislamiento en búsqueda de protección y cuidado. Pero ¿qué sucede cuando la seguridad está fuera y no dentro del lugar que traicioneramente llamas hogar? He quedado a merced de él, víctima oculta de un adulto que dice tener la razón y que miente, prisionera del roce indeseado de unas manos que secan y agrietan. Sé cuándo despierta, le escucho preparar el desayuno, y odio tanto ese sonido que me obliga a recordar que debo estar atenta. Creí que sería algo pasajero, otra noticia que desaparecería con el tiempo… Qué equivoca estaba. Supongo que es más fácil creer que dudar. Como tantas noches sin estrellas, esta trae consigo amargos recuerdos, derrumbes pretéritos que ningún individuo es capaz de olvidar: «Sus manos me sujetan fortísimamente. Lucho, grito, sollozo. Es inútil. Cada prenda es despojada de mi cuerpo, rasgada; los hilos ceden frente a los violentos tirones. Mis suplicas inundan la sala: —¡Detente! ¡Detente, por favor! Gritos de agonía, gritos de desconsuelo. Lloro por una batalla que no puedo ganar. Me estoy rompiendo. El olor a almizcle y alcohol llenan mi nariz, mientras permanezco debajo de él. He estado aquí tantas veces. Pero existe un vaso, un vaso donde caen una y otra, y otra gota. Y entonces, de repente, se llena y desborda. Y ya no sientes nada, no escuchas nada. Ahora no soy nada. Percibo como una espectadora el empuje en mi cuerpo. Los dedos, sus garras, se clavaban profundamente en mi carne. ¿Cuento hasta diez? ¿Respiro con lentitud? ¿Suplico para que termine? Quisiera poseer un interruptor, evitar quedarme con él, advertirme a mí misma que en ocasiones no estás a salvo, ni siquiera con la persona que fue para ti un padre. De repente, suenan las sirenas, las paredes se derrumban, un calor caliente inunda mi interior y su cuerpo colapsa a un lado. Sus palabras en susurros me siguen a la nebulosa penumbra: —Eres mía… Para siempre». Las cenizas del cigarrillo al consumirse caen en mis dedos, queman. Desearía poder gritar, aunque si gritara… ¿me escucharían allá afuera?, ¿me brindarían su ayuda? Tengo miedo. Tengo miedo porque conozco la respuesta. Más de un año he sido prisionera de esta historia que se repite sin más. Algunos días es difícil despertar, algunos días es difícil abrir los ojos y darte cuenta que sigues viva. Ya no leo los titulares, ya no veo las noticias, porque al hacerlo mi fe se va, huye cuan vil ladrón. La enfermedad sigue avanzando, nos sigue consumiendo y yo sigo destinada a estar aquí, soportando. Por ahora la paciencia me ha abandonado y me es imposible continuar. Hago un esfuerzo por sofocar el gemido que amenaza en escapar de mi garganta. No podemos detener la lluvia ni la tormenta, pero sí prever y buscar un refugio adecuado. Mis pies tiemblan, aun cuando mi corazón se mantiene latiendo con calma. Un solo paso, un solo paso y todo ha terminado. Salto. La gravedad hace lo suyo, como siempre alcanza la victoria. Las sombras que pesaban sobre mi corazón se desvanecen. Lo último que me permito percibir es el sabor cobrizo en mi boca.
Días después despierto en el hospital. Hui, escapé. E inesperadamente la fe regresa. La vida que había llevado llegó a su inevitable fin. Estuve enterrada en sueños rotos, hundida hasta las rodillas en oportunidades perdidas. En este apacible silencio, en esta dichosa soledad, respiro por primera vez. Mi cuerpo está allí, yo estoy aquí, a salvo. Observo a las enfermeras y al doctor, desde el umbral de la sala de operaciones, ir de un lado a otro, presurosos por salvar la cicatriz tendida en la camilla. —¡Usted es fuerte, señorita, soporte un poco más! En mi rostro se dibuja una sonrisa, sonrisa que se transforma en carcajadas, carcajadas que desgranan lágrimas. —¿Soportar un poco más? ¡¿Soportar un poco más?! ¡Cuánto más debería aguantar! —El monitor cardiaco enloquece, el sudor humedece la piel del hombre. Estoy bien ahora, estoy a salvo, estoy preparada para irme, sin embargo, no puedo. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo? Tal vez… ¿tal vez mi corazón, pájaro sin alas, está dispuesto a volar? Que soporte un poco más… Está bien, soportaré, soportaré cuanto pueda porque la esperanza volvió a despuntar y esta vez no la aplastaré. —Eso es, un poco más. Camina hacia nosotros. Recuerda que nada es perecedero, ni siquiera la muerte. Con ella siempre viene la vida —susurra el hombre mientras los fuertes pitidos se atenúan. Escucho su llamado. Me acerco. La calidez que antes sentí es incomparable a lo que me embarga en este instante. Un aroma particular llena cada uno de mis sentidos y solo queda la sensación de alivio, tan exquisita que me hace reír. —La tenemos de vuelta.
Volví, en búsqueda de la tan anhelada segunda oportunidad. Por ahora, aun cansada, sigo peleando; aun derrotada, sigo intentando. Porque comprendí, finalmente, que morimos solo cuando nos rendimos, cuando abandonamos el campo de batalla; porque comprendí, finalmente, que morimos solo cuando nos convertimos en prisioneros de la mente.
Aquella tarde era diferente, el sonido de sus pasos retumbaba en la casa vacía.
Ana había decidido volver a la casa de sus padres para pasar unos días, pero al llegar se encontró con la puerta abierta y todo en completo silencio.
No había nadie en la casa, pero algo la impulsaba a seguir adelante y explorar cada habitación.
Mientras caminaba por el pasillo, oyó un sonido que provenía del sótano. Era un ruido tenue, pero lo suficientemente fuerte como para llamar su atención. Con un poco de temor, comenzó a bajar la escalera en dirección al sonido.
Cuando llegó al final de las escaleras, se dio cuenta de que el sonido venía de una caja abandonada en la esquina. Con una mezcla de nerviosismo y curiosidad, se acercó lentamente a la caja y la abrió. En su interior encontró un diario, el cual guardó en su bolso sin pensarlo dos veces.
Después de inspeccionar el sótano y la casa, Ana no encontró nada más fuera de lo común, así que decidió subir para descansar un rato. Fue en ese momento que sacó el diario de su bolso y comenzó a leer.
El relato que estaba escrito en el diario la dejó sin aliento. Era la historia de un amor prohibido, de un hombre y una mujer que lucharon por su felicidad a pesar de la oposición de sus familias y de la sociedad. Pero la historia terminó en tragedia, con los amantes separados para siempre.
Ana no podía dejar de pensar en el relato, y decidió que tenía que averiguar más acerca de los personajes que había leído en el diario. Así empezó su aventura en la búsqueda de la verdad detrás de aquel relato de amor y tragedia. Después de leer el emocionante relato en el diario que había encontrado en la casa de sus padres, Ana decidió buscar más información sobre los personajes de la historia. Sabía que podría encontrar las respuestas en la ciudad donde se había desarrollado la historia y viajó hasta allí para comenzar su búsqueda.
Ana pasó días investigando por la ciudad, hablando con personas mayores y visitando lugres que habían sido importantes para la historia que había encontrado. Incluso fue capaz de localizar al autor del diario, pero cuando lo buscó, resultó que había fallecido hace varios años.
Sin embargo, Ana no se rindió. Continuó buscando en las bibliotecas locales y preguntando a la gente. Finalmente, después de muchas semanas, su investigación la llevó a una pequeña aldea en las afueras de la ciudad. Allí encontró a una anciana que parecía conocer la verdad detrás de la historia.
La anciana le explicó todo lo que había sucedido y le proporcionó detalles que no se encontraban en el diario. Ana estaba emocionada y agradecida por haber encontrado finalmente la verdad.
Al regresar a casa, Ana escribió su propia versión de la historia, incluyendo toda la información que había encontrado. Para ella, había sido una aventura increíble que la había llevado a descubrir la verdadera historia detrás del relato de amor y tragedia. Ahora sabía que, aunque había terminado trágicamente, aquella historia tenía un valor y una belleza única que merecía ser recordada y contada. Desde entonces, Ana nunca dejó de buscar la verdad, y cada nueva aventura fue una oportunidad para aprender y descubrir algo nuevo
Imagínate que al acostarte y taparte con las mantas se te ocurre una idea para una historia de terror de… ¡sábanas mutantes! Quizá por la mañana ni te acuerdes, así que ¡anótalo!
Las ideas son inesperadas y volátiles. En serio. Además, en muchas ocasiones no te surgirán nuevas ideas y vas a necesitarlas para continuar escribiendo. Así que aprovecha las rachas de inspiración para apuntarlas.
Los elfos vienen por dos motivos: por la guerra y para encontrar esposa. En ambos casos, traen consigo la muerte.Hace tres mil años, los humanos eran cazados por poderosas razas poseedoras de una magia salvaje, hasta que se estableció un pacto. Ahora, y desde hace siglos, los elfos toman a una joven del pueblo de Luella para ser su Reina Humana.Ser «la elegida» es interpretado como una sentencia de muerte por la gente del pueblo. Una marca de la que Luella, de diecinueve años, está agradecida de haber escapado en su infancia. En cambio, ha dedicado su vida a estudiar herbología y convertirse en la única curandera del pueblo. Hasta que el Rey Elfo llega inesperadamente… a buscarla.Todo cuanto Luella pensaba que sabía sobre su vida y sobre sí misma era, en realidad, una mentira. Llevada a una tierra rebosante de magia salvaje, se ve obligada a ser la nueva reina de un Rey Elfo frío pero tremendamente atractivo. Una vez allí, aprende sobre un mundo agonizante que solo ella puede salvar.La tierra mágica de Midscape tira de una parte de su corazón, su hogar y su gente tira de otra… pero lo que realmente la romperá es una pasión que nunca quiso.
Orden de lectura:
1. A deal with the Elf king 2. A dance with the Prince Fae 3. A duet with the Vampire Lord
Este es otro de esos libros que leí por todo el hype que había a su alrededor. Siempre me lo recomendaban argumentando de que era muy parecido a ACOTAR. Y es cierto que la manera en la que está escrito da vibras de esa saga, pero el concepto de esta historia tampoco está nada mal.
Me gustan mucho los mundos donde hay un reino humano y otro mágico así que esta historia estaba destinada a gustarme. Además el hecho de ser un retelling de Hades y Perséfone (pero muy sutil) ha sido un plus para mí.
Qué puedo decir? Lo leí de una sentada. Amé a los personajes principales. Amé su historia de amor y amé el mundo en que se desarrollaba la trama. Es una historia muy sencilla, fácil de leer así que lo recomiendo a aquellas personas que se encuentran pasando por un bloqueo lector.
PD: Como pueden ver el libro forma parte de la serie Married to Magic, es decir que la historia de los protagonistas cesa aquí y los demás libros transcurren en el mismo mundo pero con otros personajes principales. Los otros dos los leí y sin ser malos, tampoco los disfruté mucho.
TE GUSTARÁ ESTE LIBRO SI: – Te gusta el romance + fantasía – Te gustan los retellings de Hades y Perséfone
No he vuelto a buscarle. Ya las horas no se me hacen eternas pensando en su ausencia.
No me asalta su recuerdo cuando vivo momentos felices, deseando que ella también los viviera junto a mí. Ahora, cuando me miro en el espejo solo veo mi reflejo, ya no veo el contorno de su cuerpo, tan bien definido como si fuese real. En las noches ya no necesito su calor, no porque otra persona me lo otorgue, sino porque aprendí a encontrarlo entre mis sábanas.
No necesito a otra que me haga olvidarla. Sé que ni en mil años, ni en mil vidas, se borrará de mi memoria los años vividos junto a ella. Por eso ni lo intento, no es que quiera olvidarla, es que no lo necesito.
Porque aprendí a ser feliz sin ella, aprendí a reír solo, a bailar solo, a gritar a los cuatro vientos que soy feliz. Que soy feliz porque por primera vez en mi vida no estoy tan perdido al punto de sentir la necesidad de encontrarme en alguien más. Por primera vez en mi vida las noches no son solitarias sino que danzan en mi mente con un millón de sinfonías. Por primera vez en mi vida la recuerdo, pero no la necesito en lo absoluto. Quien iba a decir que el amor estaba donde nunca lo iría a buscar: en mí mismo.
Desgranaban los días últimos del invierno, cuando una familia (dos padres jóvenes y su hija), recién llegada a Guayana, marcó de por vida la «Casa de los Morichales». La más joven despertó sobresaltada esa fatídica noche por un estridente ruido, producto del cristal al besar el impávido suelo. Alguien o algo había entrado. Se asomó temblorosa a la puerta de su habitación, consiguiendo ver en el salón solo restos de vidrio y pisadas escarlatas. La indecisión la apresó: quería ir con sus padres, mas no toparse con el intruso. La sentencia le fue arrebata, una serie de alaridos resonaron, era su madre pidiendo auxilio. Corrió al cuarto de sus progenitores, en la planta superior, encontrándolo vacío. Los gritos se repitieron, esta vez en la estancia. Nada la preparó para lo que se encontró. Desde lo alto de las escaleras observó la sala cubierta de sangre; el olor a carroña en breves instantes hizo lagrimar sus ojos. Destacaba el acuchillado cuerpo de su madre, el líquido carmesí fluyendo cuan caudal hasta toparse con el de su padre. Él estaba aún con vida, pero exangüe. Intentó decir algo, nada salía. Pronto ella descubrió qué era. La ambivalente forma que merodeaba la casa la empujó, haciéndola rodar hasta que quedó inerte en la base, un pétalo marchito. Al día siguiente, los cuerpos no estaban, la vivienda se hallaba vacía. Desde entonces se escuchan bramidos y llantos al anochecer. Y cada familia que intenta vivir en la casa de los alaridos desaparece.
Nunca olvidaré aquella sensación… Caminaba lento y pausado, respirando profundo para que el olor del salitre entrara a mis pulmones, mis pies que se enterraban en la arena con cada paso, comenzaron a sentirse más livianos, como si el peso de la vida se iba quedando sumergido en aquella arena que rozaba mis pies y yo podía continuar andando libremente. Mis ojos, que extasiados podían maravillarse con aquella inmensidad, las olas de color turquesa rompiendo suavemente en la orilla, la arena blanca y sedosa y los niños corriendo por la playa con entusiasmo, me hicieron ver que la vida es una sola, y que somos insignificantes comparados con aquella grandeza. La perfección de la creación apareció frente a mi, aunque pensándolo bien, siempre estuvo allí, solo que esta vez puedo entenderla, somos un pequeño grano de arena, tal como aquella que mis manos podían tocar, pero mi ser no podía contar, en medio de aquella playa, las olas con su vaivén la llevan y la vuelven a traer, así como el tiempo, que se va y no regresar, pero nos queda el presente, ese regalo maravilloso que debemos atesorar. Caigo de rodillas frente al mar, mientras su sonido me calma y me trae pensamientos dulces, el arrullo de una madre, el cantar de las aves, una nueva vida que llega al mundo, el amor más grande que he conocido, adiós que no son adiós, sino un pronto nos veremos. El sol baña mi cuerpo con su luz radiante, cargándome de su energía renovadora, vuelvo la mirada al cielo con un suspiro, agradeciendo este momento. Soy yo, pero no soy más, estoy sin estar en este presente, el pasado me ha enseñado y el futuro es incierto, pero este día que tengo me llena de alegría y de esperanza. Mi mente ha sanado y como aquella Alicia, ya no soy la misma de antes, soy ser nuevo y renovado, capaz de comerme al mundo y lograr todos mis sueños. Sueños, que no son más que simplicidades comparados con los de otros, pero que para mí lo son todo. Ser amado y amar… Andando con paso seguro hacia el mar me sumerjo en sus aguas, que para mí son sanadoras, mi cuerpo no tiene mal, soy sano y eso agradezco, siempre lo que me aquejó ha sido mi mente, tantas veces me ha invadido la depresión, por vivir el el pasado, otras tantas la ansiedad, por un futuro incierto y la espera de un ¿y qué pasará si? Ya no más, hoy me niego, hoy renuncio a este mal. Con el agua del mar sobre mi cabeza entiendo que hay cosas que no puedo controlar, fluir, es lo que debo hacer, como las olas que fluyen el el mar y sueltan toda su energía en la playa, fluir, es mi lección de hoy. Me senté en una roca mirando al mar, estuve allí un rato, sintiendo la brisa fresca en mi piel, y tratando de ordenar los pensamientos, los detalles que antes no había podido ver, ahora son más claros, las conchas de mar que se encontraba en la playa, los cangrejos que se escondían en sus agujeros y las aves que volaban por encima de ella, todos ellos creando su paisaje natural. La playa siempre ha sido una de mis mejores terapias, la tranquilidad llegó a mi ser y las preocupaciones empezaron a desvanecerse. Todavía no soy la misma persona, pero ahora sé que he encontrado algo en la playa que me ha dado paz y fuerza para lidiar con los problemas. Puedo ver la belleza de la vida, incluso en situaciones difíciles.
Una vida que nadie recuerda.Una historia que nunca olvidarás.Francia, 1714. En un momento de desesperación, una joven hace un pacto faustiano para conseguir una vida infinita. ¿Cuál es el precio que deberá pagar para vivir eternamente? El olvido. Todas y cada una de las personas que conoce la terminarán olvidando.Así es cómo comienza la extraordinaria vida de Addie LaRue; una vida que atraviesa siglos y continentes, una vida que atraviesa la historia y el arte, en la que ella intenta comprender hasta dónde será capaz de llegar con tal de dejar su marca en el mundo.Sin embargo, todo cambia cuando, después de 300 años, Addie conoce a un hombre en una librería. Pero hay algo más… él es la única persona que recuerda su nombre.
Siempre te recordaré Addie.
Empecé este libro con unas expectativas enormes. Todos me hablaban de lo maravilloso que era, y con la curiosidad vino el miedo a la decepción. Y aún así, contra todo pronóstico, este libro más que estar a la altura de mis expectativas, las ha rebasado. Es esa clase de libros que nos habla del amor a la vida, del paso del tiempo, de las personas que nos acompañan a lo largo del trayecto. Addie es una de mis protagonistas favoritas, es un personaje que encierra la magia de amar la vida, de no rendirse a las adversidades, de no inmutarse ante las adversidades y superarse cada día. Es la clase de chica que después de 300 años aún sabe apreciar la belleza plasmada en un amanecer. Y aunque Henry y Luc son unos personajes masculinos maravillosos no son capaces de estar a la altura de la grandeza de Addie.
La autora tuvo la pericia de saber atraparme durante todo el libro, y mientras lo leí fue como un viaje en el tiempo, y sentí el pasar de los años y el cambio de las estaciones. Y Addie simplemente era la misma chica de siempre pero más sabia y con un conocimiento enorme del mundo. Aún hoy, no decido como sentirme respecto al final. Siento que fue un buen final pero a la vez esperaba más. Confieso que cuando lo terminé lloré. Y fue un llanto extraño puesto que no sabía si lloraba de alegría o de tristeza, y todo el tiempo sentía que Addie siempre estuvo a mi lado para luego irse, dejándome ese sentimiento de alegría que te embarga cuando cierras un buen libro.
Es un libro que a muchos les puede parecer lento, sobre todo porque va alternando entre épocas, e incluso admito que cuando leía las escenas del pasado, solo pensaba en volver a las escenas del presente. Pero curiosamente, cuando terminé el libro, fueron las escenas del pasado las que más grabada tenía y las que más bellas me parecieron.
TE GUSTARÁ ESTE LIBRO SI: -Te gusta el romance + fantasía. -Te gustan las historias basadas en maldiciones.
Se inició en la pintura desde bien temprano. Tendría seis años cuando realizó el primer ejemplar que ganó un concurso para principiantes. Al crecer, cursó la especialidad de pintura en una prestigiosa escuela de arte donde fue el alumno más destacado. Durante su incipiente carrera, expuso en una de las mejores galerías de la ciudad y alcanzó un reconocimiento considerable para su edad y trayectoria. Así se convirtió excepcionalmente en un pintor de renombre en el mundo entero. Atesoraba envidiables premios y otros no tan pomposos.
Un día despertó bastante entusiasmado, con ganas de pintar algo distinto. Estaba harto de paisajes, animales, frutas, rostros. Sentía deseos de pintarle a la vida, al amor, los sentimientos. Se fue al estudio y montó el caballete. Lo acomodó a su gusto para dedicarle todo el tiempo que fuesenecesario. Las pinturas y los pinceles estuvieron listos enseguida. Después de ocho largas horas contempló el lienzo virgen. Permanecía intacto. Lo firmó y lo dio por terminado. Nada sabía respecto al tema que quería expresar.
Aprender a escribir no es abrir la hoja del procesador de texto cada vez que nos viene la musa o nos hemos pimplado media botella de vodka.
Aprender a escribir es pasarse el día entero leyendo, corrigiendo, estudiando, analizando y, por supuesto, escribiendo. Aprender a escribir es odiar con furia todo lo que escribes, porque sabes que puedes hacerlo mejor.
Aprender a escribir es dedicarle esas puñeteras diez mil horas, y que valgan.
El joven príncipe Patroclo mata por accidente a un muchacho. Repudiado por su padre, es exiliado al reino de Ftía, donde lo acoge el rey Peleo, un hombre bendecido por los dioses, inteligente, apuesto, valiente y reconocido por su piedad. Tanto que se le concedió el más alto honor, la posibilidad de engendrar un hijo con una diosa: Aquiles. Aquiles es fuerte, noble, luminoso. Patroclo no puede evitar admirar hasta el último de sus gestos; su belleza y perfección hacen que sea incapaz de contemplarlo sin una punzada de dolor. Por eso no se explica que Aquiles lo escoja como hermano de armas, un puesto de la más alta estima que lo unirá a él por lazos de sangre y lealtad, pero también de amor. Así emprenden juntos el camino de la vida, compartiendo cada instante, cada experiencia, cada aprendizaje y preparándose para el cumplimiento de una profecía: el destino de Aquiles como mejor guerrero de su generación. Especializada en cultura clásica, Madeline Miller acomete una relectura del mito de Troya, demostrando su plena actualidad y vigencia. Todos los elementos que tan familiares nos resultan y que forman una parte tan esencial de nuestra cultura tienen cabida en ella: la belleza de Helena, la fuerza de Áyax, la astucia de Ulises, la nobleza de Héctor, el sacrificio de Ifigenia, la obstinación de Agamenón… Y, sin embargo, toman una nueva dimensión, moderna y actual, en un estilo tan firme y fluido, desarrollando una trama tan inteligente y bien perfilada que resulta imposible abandonar su lectura ya desde la primera página.
Voy a ser completamente sincera con este libro porque lo acabo de terminar justo hoy. Me han hablado tantas maravillas de La canción de Aquiles que quería leerlo para recomendarlo en este especial de recomendaciones de fantasía. Pero antes de leerlo, decidí primero probar con Circe, para ver qué tal escribía la autora. Circe me encantó, así que pasé a este libro.
Y mientras lo leía, estaba atrapada por la historia (ya les he dicho que la mitología griega me encanta), pero siempre tuve un pensamiento: este libro es hermoso, pero no espectacular, así que no entendía tanto el hype. Pero cuando llegué a la parte donde empieza la guerra de Troya sentí un cambio en mí. No sé si es porque he leído mucho sobre esa guerra y he visto tantas películas sobre el tema también, pero a partir de ahí la autora se lució, que bonitas son las últimas 100 páginas del libro, y cuando lo acabé, sentí que el libro se había vuelto parte de mí.
Lo leí en menos de 24 horas porque la manera en la que escribe Madeline Miller es preciosa, tiene un innegable talento para escribir sobre héroes y dioses y para dar vida a personajes tan conocidos como Aquiles o Ulises.
Me sorprendió mucho que el narrador de la historia fuera Patroclo, por el título del libro pensé que el protagonista sería Aquiles, pero no. El indiscutible protagonista de esta historia es Patroclo. Y me ha encantado. He amado el hecho de que se le concediera protagonismo a un personaje que en otras historias siempre aparece a la sombra de Aquiles. Y ha sido un personaje bellísimo, glorioso, y fue ese apoyo que ayudó a brillar a Aquiles. Al menos en este libro, Aquiles no hubiera sido Aquiles sin Patroclo, el mejor de los mirmidones.
El Aquiles de esta historia también me ha gustado muchísimo. En todo lo que he leído y visto sobre este personaje, siempre se habla del Aquiles fiero y guerrero, el más grande de los griegos. Aquí la autora se esfuerza en mostrarnos su lado más humano, el Aquiles hombre, con sus virtudes pero también con sus defectos, el Aquiles que solo era un muchacho, el Aquiles músico, el Aquiles enamorado…
La historia de amor entre estos dos fue preciosa y claramente es lo mejor del libro en mi opinión.
Ahora…había tardado bastante en leer la historia por el final, todo el mundo decía que si te hacía sufrir, que si te partía el corazón, que si te hacía llorar a mares… Y pues claro que me dolió, y tuve que pausar la lectura un rato para coger un respiro, pero tampoco creo que sea ese final desgarrador del que todos hablan, no sé si es porque me he vuelto una lectora más dura, porque me había hecho ideas terribles en mi cabeza o porque simplemente me conocía muy bien la historia de la mitología sobre Aquiles y Patroclo, pero el caso es que solo derramé unas lágrimas y acepté los hechos. Me pareció un final muy bonito, y el último párrafo es verdaderamente mágico.
TE GUSTARÁ ESTE LIBRO SI: – Te gusta la mitología griega. – Te gusta el romance + fantasía. – Te gusta el Friends to Lovers.
Esto comienza con el érase una vez de cada historia. Ya sea de héroes, villanos, princesas y sus castillos. O de cómo una princesa decide dejar su corona y convertirse en la heroína que el pueblo necesita.
No necesita de un príncipe o un cabellero en armadura para que la rescate y guíe en el camino que debe seguir…
Pero que pasa con la historia de los villanos, de verdad lo son, o son solo los personajes incomprendidos que terminamos tomando como malos solo para darle una historia al protagonista.
Yo creo fervientemente que el villano se puede quedar con la princesa sin necesidad de darle una historia al héroe, pero dime tú que te aventuras en mis historias, cómo crees que debería ser?
Realmente no se a quien pertenece este escrito, pero me gustó tanto que quise compartir con ustedes, con mis felicitaciones por celebrarse el día de las madres, espero que lo disfruten.
Dice un antigua leyenda, que cada mujer en el parto, abandona su cuerpo y viaja a las estrellas para recoger el alma de su hija o hijo, para regresar a la tierra juntos. Después de ese viaje, después de ese vuelo profundo y sublime, la madre jamás vuelve a ser la misma. De regreso ella viene convertida en loba, en mariposa, en delfín, en luna, en sol, en tierra y en viento, es todo en la tierra y en todos los multiversos. Llega convertida en el misterio eterno de la vida convertienda en luz. Somos una nave perfecta que trae a la humanidad entera y a todos los humanos alados arcoíris.
La maternidad te regala gran parte de la destrucción del ego, ya que ahora tu misión es más clara que nunca, proteger, cuidar, amar y anclar incondicionalmente a todas las almas y a todos los seres vivientes. En sus hijas e hijos, ve reflejado a todo ser, incluso a ella misma. Por eso, respeta, cuida, honra y ama a los animales, a los humanos hombres y mujeres sin distinción, a las plantas, cristales y a todos por igual. Ve en cada uno, una semilla de luz resplandeciente llena de magia, belleza y el milagro más sublime materializado en amor.
Embarazada y amamantando, eres más mamífera que nunca, más tu que nunca, estás en tu máximo esplendor, donde brota una expansión del corazón. A través de tus pechos cargados del elixir más dulce, suave y nutritivo, creas la alimentación perfecta y así eres el manatial y si, de ti brotan cascadas, cascadas del más puro amor, infinito y eterno.
Las mujeres, aunque no sean madres en esta vida de hijos e hijas, fueron en tantas otras vidas, además somos madres de nuestros perros, de proyectos y de toda creación artística existente. Todas somos madres eternas por el solo hecho de llevar nuestro útero cuenco mágico, visible o invisible. Bendita mujer, bendita madre, bendita Diosa creadora y de la creación.
Gracias a los hombres por entregarnos una parte de ellos, su semilla divina y así acompañarnos a crear la alquimia de la vida, convertidos en nuestros padres, hijos, compañeros de vuelos y de caminos, amigos, amados y amantes. Gracias por poner de su parte y compartir juntos el misterio de la vida, cómplices del amor.
Feliz día a todas las madres, siendo nuestro día todos los días🌷
Aquel día se tornaba falso. Amenazó con llover desde temprano.
La gente hacía preparativos para la contienda. La oscuridad alcanzó a todo por igual. Las pocas superficies blancas resaltaban como no lo hicieron ni en épocas de esplendor. Manchas blancas en todo lo negro. El bostezo de un trueno se escuchó a lo lejos. Era inminente la proximidad del diluvio.
Cayeron las primeras gotas cuando los animales más astutos corrieron a refugiarse y los demás fueron rescatados. Las personas se apresuraron. Unas a cerrar puertas y ventanas, otras a guarecer autos y motos. Las antenas se bajaron y las cortinas se corrieron a todo lo ancho.
Cada cual permaneció en su casa mientras duró la tormenta. Ya fuese al amparo de seres queridos o al abrigo de mascotas o de un libro. Cuando amainó, se fueron asomando poco a poco. Entre persianas los ojos se salían de órbita. El húmedo paisaje ocupaba todo el espacio. El agua corría ferozmente cuesta abajo. El sol aún no era capaz de atenuar el gris que se aferraba. Más adentro, en el portal de una antigua mansión, enroscado en sí mismo, dormía un vagabundo. Al acercarme a él noté que el agua y el churre lograban una mezcla andrajosa sobre su cuerpo. Los mechones de pelo le cubrían el rostro que nunca vi. Fijé un poco la vista y palpé la desdicha de aquel trokiano que tenía el alma seca de los despojados del destino.