Arriba, en el aire (por Manuela Sánchez)


Los gritos penetrantes no me dejaban pensar, eran más bien como un chillido agudo y punzante, de esos que sientes que te perforan los cesos al punto de sentir que los vuelan por los aires.
Una y otra vez retumbaban en mi cabeza haciendo que sintiera ganas de vomitar, el estómago se doblaba un poco en alguna dirección en la cual generalmente no lo hace y los ojos tendían a irse un tanto hacia arriba y atrás buscando alguna especie de refugio dentro del cuerpo para huir de los gritos.
Arriba en el aire se veía flotar, mientras seguía haciendo ese sonido tan agudo y ensordecedor.
Podría intentar lanzar piedras a ver si dejaba de gritar, pero lo más probable es que cayeran de nuevo y me golpearan en la cabeza, así que preferí no hacerlo. Correr lejos sería una buena opción pero si corro no vería el final de aquella imagen, que después de todo, era el plan principal, solo que no imaginé que esos gritos penetrarían así mi cabeza.
—¡Cállate de una vez, perra desgraciada!, ¡deja de gritar como una loca que dañas mis oídos y no puedo pensar claramente que haré después contigo!
Hastiado de toda esta mierda mi estómago no pudo más, doy un par de pasos hasta los arbustos que están un poco más allá, me inclino colocando mis manos sobre mis rodillas y dejó que salga todo lo que tengo en el estómago, escupo y limpio mi rostro con el dorso de la mano, ahora estoy listo para seguir, me incorporo lentamente pero ya no escucho los gritos.
Arriba en el aire las aves vuelan, miro en todas las direcciones y no logró verla más. ¿Cómo pudo escapar si estaba bien atada? Faltaba tan poco para el gran final, ahora debo buscarla…
Caminando por el bosque bajo la luz de la luna, miro abajo, a los lados y arriba al aire, no sé de donde pueda salir… Paso a paso con cuidado, llevo mi hacha en la mano, un golpe certero será mejor que cualquier otra cosa, después de todo si la hubiese golpeado desde el principio no tendría que estar ahora buscándola.
Un trecho corto de camino me lleva a un bosque más espeso, con árboles de pino que miden más de tres metros de altura y que entre sus copas dejan entrever la luz de la Luna y una sombra negra que se desplaza rápidamente entre ellos; tomo mi hacha fuerte con ambas manos, respiro profundo y doy pasos lentos, intentando que mis pies apenas suenen al tocar la hojarasca que hay debajo de ellos, camino un tanto ladeado aguantando el hacha sobre mi hombro derecho, a la espera de conseguirla en el camino y lograr asestarle en la cabeza y explotarla como una calabaza podrida.
Respiro léntamente, tratando de ver las cosas como en camara lenta para que no me tome por sorpresa como la última vez, me salvé por poco, los demás no tuvieron la misma suerte.
Una endemoniada risa cruza el bosque, yo me agacho lo más que puedo para evitar que me vea, pero como siempre ella sabe bien en donde estoy, no hace falta que me vea, así como puedo oler su putrefacción ella puede oler mi sudor, que no puedo controlar…
La sombra se ve claramente, allá arriba en el aire cuando pasa sobre mí, pero no quiero levantarme hasta estar seguro que puedo golpearla, me arrastro despacio sobre el suelo húmedo del bosque sintiendo como las raíces se mueven debajo de mí, los insectos que allí viven se arrastran también pero hacia mí, comienzan a subir por mis manos una especie de ciempiés, ratones roen mis pantalones tratando de llegar a mi piel, los pateo con fuerza para que me dejen, pero mariposas nocturnas revolotean en mi rostro dejando una pelusilla que me dificulta la visión, no puedo hacer ningún sonido o ella sabrá donde estoy.
Levanto la mirada arriba al aire y me encuentro de frente su rostro amorfo y feo, con esos pequeños ojos negros, la gran nariz torcida y la boca llena de verrugas que babea sin parar, dejando caer sobre mi algunas gotas.
Acercándose a milímetros de mi cara me toma por las mejillas y me dice con su voz chillona —sé que te gusta mirar arriba, al aire, pero desde allá verás todo mejor…
—Arriba en el aire los sentimientos se sueltan, los miedos se van, las brujas volamos en silencio buscando almas como la tuya que nos alimenten. Ahora volaras para siempre conmigo…

Letter hunter

Te busqué en rincones en que obviamente no estabas. Traté de recordarte y todo era tan borroso que dolía. Quemaba la idea de fallarte al no poder recordar tus rasgos, tus ojos, tu sonrisa, tu voz. Me acobarda la idea de que desaparezcas completamente de mi mente. Los recuerdos son tan vagos: tu mano sobre la mía, yo mirando hacia arriba, tratando de vislumbrar tu cara, aunque solo puedo recordar luz ahí donde esta debería estar. De tu mano hubiese ido a cualquier parte, porque sabía que tu amor era tan grande que confiaría ciegamente en él. Era tan grande que aún sé que todavía me amas. Sé que tus pasos siguen los míos y que tu mano siempre estará ahí para levantarme cuando caiga, aunque realmente…no estés.
Me duele mucho la idea de olvidarte, pero habrán cosas que siempre me recordarán a ti: el color violeta, la tejidos bonitos que veo al cruzar la calle, la lluvia, mi pelo rizado, los viajes a ese lugar, él… él siempre me recuerda a ti, sé que él es fuerte por mí, y sé que una de tus mayores alegrías es que también lo ame.
Él te recuerda cada día. Quiero decirlo yo aunque sea más que evidente. Tú eras la luz de sus ojos, yo también lo soy, pero sabes que son luces diferentes, quizás de distinto color. Me lo oculta, pero yo lo sé, sé que en cada uno de sus días hay un pensamiento para ti, porque por más grande que sea un amor nunca es igual al otro.
Gracias. Nos hicistes fuertes, demasiado. Tu carácter le dio forma al de él y un poco más tarde al mío, si hoy tomamos la vida por los cuernos fue porque tú nos enseñaste que así debía ser. Nunca fuiste de esconderte tras el escudo, de ti aprendí cómo tomar una espada e ir tras mis propias batallas.

Hibernación

Hoy con mucho gusto les informó que por estos lados vamos creciendo y esto es debido a que se nos van sumando colaboradores, en esta oportunidad nos acompaña mo querido amigo escritor Ígor Collazos. Espero que disfruten de sus escritos.

Daria estacionó el deslizador robado detrás de un promontorio nevado, apagó las luces y activó el difusor térmico. Una luminosidad rojiza brotó del vehículo y la nieve que lo rodeaba comenzó a derretirse, formando una cavidad ovalada en la cual, lentamente, se hundió hasta quedar por completo oculto a la vista.

Ajustó su traje de terciopelo inteligente al máximo nivel de protección, abrió la puerta trasera del deslizador, extrajo una palanca de hierro y un par de turbo-esquíes y trepó hasta poder asomarse a la vasta superficie nevada. Al pie de la ladera norte del cráter de Xanthe, las luces del centro de entrenamiento de minería orbital se proyectaban hacia el tenue manto de nubes, dándoles el aspecto de anunciar una tormenta. Calculó el tiempo que tardaría en llegar al sitio, justo el necesario para ingresar a la hora del cambio de guardia. Aseguró la barra de hierro con una cinta de velcro, se calzó los turbo-esquíes, los activó a media potencia y partió.

Contaba tan sólo con esta única oportunidad. Si Lanus la hubiera escuchado. Tantas veces había insistido que se sacara esa idea de la cabeza. Pero no podía culparlo. Vida de marciano, como se solía decir. Y sin embargo, no hubiera sido preciso hacer todo ese esfuerzo. Claro que ni siquiera sumando los dos salarios hubieran podido comprar una habitación en Tharsis oeste. Habrían tenido que conformarse con un alquiler de por vida y además resignarse a la esterilización forzosa. Comprendía a Lanus, pero no podía hacer a un lado la persistente idea de que todo se había venido abajo aquel domingo, cuando subieron a caminar por las azoteas frutales y a ella se le escapó ese deseo de tener una casa propia.

Ahora ya estaba condenada. Estaba convencida de que en más de una ocasión, sobre todo las últimas semanas, el rastreador emocional la había marcado como sospechosa. Quizás todo se resumiera en una crisis de paranoia persecutoria, pero habría jurado que no era una mera casualidad que, los últimos días sólo había conseguido asiento en el comedor frente a las cámaras de seguridad. Incluso, dominada por la angustia, apenas comía y evitaba tratar a los otros empleados de la cámara de radiología.

Le costaba creer que control central, incluso tras haber empleado en ella de forma recurrente el rastreador, nunca la hubiera detenido. Había sido una fortuna encontrar la nota de despedida justo la noche anterior a su día de descanso. Claro que había llorado, no solo por la ausencia de Lanus, sino porque comprendía que sólo tendría una única oportunidad de liberarlo. No podía fallarle. Durante las semanas que duró el entrenamiento, siempre hizo lo posible por sobreponerse a la ansiedad o cuando menos disimularla sembrando aquí y allá la idea de que solo la agobiaba el despecho.

Hasta esta semana, cuando lo vio llegar ante ella, hibernando en su cápsula de sostén vital, inmerso el cráneo en una translúcida gelatina azul, pálido por la reducción del flujo de sangre y apenas respirando con los ojos abiertos fijos en la nada.

No pudo entonces evitar llorar, pero ahora pensaba en cuánta suerte había tenido porque justo en ese momento, los otros camilleros habían salido por un instante a buscar café, de modo que ella pudo abrir por un momento la coraza transparente y acariciar y besar el rostro de Lanus, tal vez por última vez.

Qué idiota había sido –y qué terco. Bastante le había precavido de todos aquellos anuncios que prometían tras sólo cinco años de servicio una vivienda propia y un puesto de trabajo vitalicio.

— ¿Cuándo has visto tú alguien que haya regresado del Aragosta? –preguntaba ella.

Pero Lanus insistía que a todos los reubicaban en el hemisferio norte, en el remoto Albor Tholus.

Algún día se sabrá, pensó con una sensación de asco o de simple amargura. Pero ahora se reprochaba no haber hablado a tiempo. Claro que la hubieran detenido, quizás ejecutado. Pero al menos a Lanus no le habrían hecho todo aquello.

Debió haberse dado cuenta. Los últimos días había sido tan evidente. El, tan retraído y tan abocado a poner en orden sus asuntos. Pero ella no había querido verlo. Tal vez por eso aquella tarde al encontrar el hogar vacío, no había tenido siquiera que leer la nota. Bien adivinaba lo que anunciaba y, por supuesto, preveía cuántas semanas tendría que resistir hasta alcanzar justo este momento cuando, tras robar el deslizador de los dueños del café, había volado hasta las inmediaciones del centro de entrenamiento de minería orbital, se había calzado los turbo-esquíes, había traspasado el cercado de microondas, rodeado el centro de entrenamiento y traspasado el umbral trasero hasta ocultarse junto a la salida de los desechos.

Se preparó mentalmente por última vez. Recordó la ubicación de las cámaras de circuito cerrado. Contó mentalmente los agentes de seguridad y los ubicó a cada uno en su puesto de vigilancia.

Respiró a fondo, se descalzó los turbo-esquíes, caminó con paso resuelto al acceso de suministros, pulsó el sistema de reconocimiento dactilar y abrió la puerta.

Se activaron las alarmas. Corrió por el pasillo central hasta la sala de reinicio mnemónico. Atravesó la sala de espera en diagonal y salió hacia la sección de entrenamiento virtual. Tomó las escaleras al tiempo que escuchaba los pasos y gritos de los cuatro agentes que desorientados se preguntaban a dónde querría ella dirigirse.

— Control, informe de la posición de la sospechosa.

— Va al sector de hibernación.

Daria corrió por el corredor lateral, dobló dos veces a la derecha y una a la izquierda y se encontró frente a una puerta doble. Intentó abrirla. Como había previsto, estaba asegurada. Tomó la barra de hierro, incrustó su lado afilado en la rendija central, empujó dos veces a fondo y luego hizo fuerza a un lado. La puerta cedió. Entró. Atrancó la puerta introduciendo la barra de hierro por detrás de los tiradores de la puerta. Buscó el interruptor principal y apagó las luces.

La sala tenía ocho crujías en las que hibernaban los mineros. Un tanto inclinados, reposaban en ataúdes poliédricos de titanio y vidrio. Sabía que había un total de 320. Divididos en ocho bloques daba un total de cuarenta mineros por fila. Corrió a la quinta fila, posición 36. Comprobó el número. La cápsula de sostén vital manaba un tenue resplandor azul celeste. Delante del pecho, un tablero de luces mostraba los signos vitales. A un lado brotaba un atado de cables que aseguraban la vida del minero.

Los agentes no tardarían en llegar.

Pulsó el botón de reanimación.

— 10 segundos para reanimación –indicó una voz sintética.

Daria escuchó con atención. Dentro de ella se agolpaban en un mismo instante las noches que había pasado junto a Lanus, las largas caminatas por las azoteas frutales, las raras veces en que salían a cenar escabeche de tofu rosado en el café del tercer sótano.

— 5 segundos para reanimación.

Escuchó como los agentes golpeaban la puerta intentando forzarla.

— ¡Rápido! ¡Rodeen la sala!

— 3 segundos para reanimación.

Daria levantó la coraza acristalada. Los ojos de Lanus comenzaron a moverse aunque resultaba claro que todavía no transmitían imágenes a su cerebro.

— 2 segundos, 1 segundo. Reanimación completa.

Lanus volvió en sí.

— Mi bello amor –dijo ella.

— ¿Dónde estoy?

— Estabas hibernando. Vine a salvarte. Te hicieron algo tan horrible. Nunca los voy a perdonar –dijo Daria llorando.

— No entiendo. ¿Qué pasa?

— Tranquilo mi amor. No hay tiempo. Me vienen siguiendo. Te amo tanto. Perdóname.

Lo abrazó, lo besó y sollozando arrancó los cables de alimentación de la cápsula de sostén vital.

Para leer este y otros relatos de Ígor pueden visitar su página en médium https://igorcollazos.medium.com

Punk57 ( por Penelope Dauglas)

Género: #Romance #Erotico


Sinopsis

MISHA

Mi profesora creyó que Ryen era un chico, la suya que Misha era nombre de chica y las dos, completamente equivocadas, nos juntaron para ser amigos por correspondencia. A nosotros no nos costó mucho darnos cuenta del error, pero antes ya habíamos discutido sobre cualquier tema posible: ¿la mejor pizza de la ciudad? ¿iPhone o Android? ¿Es Eminem el mejor rapero de todos los tiempos?
Ella siempre escribía en papel negro con boli plateado. No lo hacía con regularidad.
Hasta que un día, encuentro la foto de una chica llamada Ryen, que ama la pizza de Gallo’s y adora su iPhone. ¿Demasiada casualidad? Joder. Necesito conocerla. Solo espero no acabar odiándola.

RYEN

No me ha escrito en tres meses. Algo pasa. ¿Se habrá muerto? ¿Estará en la cárcel? Conociendo a Misha, cualquier opción es posible. Sin él, me estoy volviendo loca. Necesito saber que alguien me escucha.

En Blanco y Negro (por Anastacia López Navarro)

Hoy quiero dar la bienvenida a este espacio, que es de todos ustedes, a una escritora que admiro mucho y con la cual he tenido el agrado de compartir varias experiencias literarias, ella es Anastacia López Navarro, venezolana, actualmente residenciada en Caracas, ella es muy talentosa y comenzará como colaboradora del blog, así que estaremos deleitándonos con sus obras por aquí, espero que la disfruten y esperamos sus comentarios, en esta oportunidad nos deleita con «En blanco y negro»

En blanco y negro

La gente entra y sale de la emergencia, confusa y desolada. Es otro planeta,  todos llevan el rostro cubierto, algunos llevan trajes especiales, esterilizados y nadie puede tocarse ni acercarse a más de 2 metros.  Esto es un caos, una tragedia se avecina. 

Salgo del hospital, camino por la calle que me lleva a la plaza, me sorprendo al ver como de la noche a la mañana la humanidad altisonante y soberbia fue detenida de golpe, obligada a tapar su boca como el símbolo inequívoco de que debía guardar silencio y empezar a observar y escuchar más.

Al llegar a la esquina, el semáforo carmín  cambia a blanco y negro.  Todo el lugar  a mi paso va opacándose, destiñéndose.  Los colores de los árboles, los autos, las personas, el cielo sobre mi cabeza, se combinan en una escala de grises que me sumerge en una profunda tristeza.

De pronto nuestro rostro se reduce a una mirada, un lenguaje por redescubrir e interpretar. Un virus ha llegado desde muy lejos  de la mano del hombre, y va mermando nuestra defensa, porque la ausencia de prevención es su jugada maestra.

La humanidad ve caer a su paso la memoria de su historia. He cruzado de una esquina a otra y de pronto  noto como se desdibuja ante mis ojos, Don Manuel,  historiador  y cronista empírico de mi ciudad, quien conocía sus anécdotas más interesantes y como había llegado a ser la sucursal del cielo.

Lo vi un instante, sentado en su sillita de madera, cuero de vaca y mecate, con la mirada perdida y sin poder hablar.  Su imagen se esfumó ante la incredulidad de mi mirada y siento la necesidad de atesorar sus historias en mi memoria.

Detrás del árbol de la plaza donde se apoya la silla de  Don Manuel, un pequeño asoma la cara, es Juan, su nieto.  De pronto, se sube al asiento y mira en derredor como buscando algo. Ahí, debajo de la silla, encuentra  una flauta de bronce, la toma entre sus manos y la hace sonar de manera estridente.  

Raquel, la señora que vende algodón de azúcar, se acerca a saludar, y mientras seca una de sus manos con el delantal, mira a Juan y le pregunta, ―“niño,  ¿qué pasa con tu música?, nos atormentas a todos”― ofreciéndole un copo de algodón que él toma rápidamente y deja caer, gritando: ― “¡está salado!”―ante lo cual veo desaparecer a Raquel.

Siento una angustia subir por mis piernas y explotar en medio de mi pecho, los árboles están sin hojas, secos y crujen como si fueran a caer de un momento a otro sobre mí. Juan, envuelto en una atmósfera de incertidumbre sin alcanzar a afinar una nota, llora y me pide que lo levante.

Sus brazos  me rodean  y su cabeza se acomoda en el espacio entre mi hombro y mi cuello.  Su nariz fría me advierte que necesita protegerse, saco de mi bolsillo una mascarilla y se la pongo. 

A lo lejos, veo venir a una mujer que en medio de tanto gris ondea su cabello rojo como la lava, sus ojos de aquel irrepetible turquesa, caminan fijamente hacia mí, tras una mascarilla acrílica deja ver la línea de su sonrisa a media asta.  Su mano sin dudar toma la mía y una tibia corriente me recorre dedo a dedo, escucho su voz decir mi nombre, ― Anam Çelik―  y aquel sonido me sumerge en un vórtice donde alcanzo a decir: ― ¿Antonella?―, mientras, leo en su chaqueta Evah Kopsa.

― He venido a buscarte porque la humanidad está en peligro―  Una bola de fuego nos envuelve a los 3 en una espiral y nos extrae de aquel mundo distópico en un segundo.

Despierto bañado en sudor rodeado del sonido de monitores, con un respirador en mi cara y escucho a alguien decir: ― los resultados de sus exámenes dieron positivo, hay que aislar al Dr. Çelik―

Nadie nota que he despertado, vuelvo a cerrar mis ojos para tratar de escuchar un poco más sobre mi diagnóstico y a la vez me asaltan las imágenes, de aquel sueño que acababa de tener.   

Recordaba vagamente, que cargaba a un niño en brazos, que todo estaba sin color, y que había mucho ruido, gente murmurando y desapareciendo a mi paso.  Sin duda, era una proyección de la realidad que he estado enfrentando desde hace 4 meses en el hospital. Tanta gente muriendo en mis guardias; adultos mayores, colegas, amigos, familia, ante mi más insondable impotencia.  Y lo peor de todo, aún  sin suficiente información para combatir aquel virus,  el COVID19, surgido de la oscuridad más perversa del ser humano.

De pronto, todos han salido de la habitación y siento que entro en una especie de túnel donde sólo escucho voces a lo lejos. El respirador se transforma en una enorme mano que me impide tomar aire y entro en pánico porque no respiro.  Intento arrancar todas las conexiones que me atan a las máquinas y al moverme sin control sobre la cama, caigo al piso de la habitación, golpeando mi cabeza fuertemente.

Sin perder la consciencia, trato de darme la vuelta y un dolor agudo recorre mi brazo derecho, desde el hombro hasta la muñeca y al incorporarme un pequeño charco de sangre anuncia que mi memoria a corto plazo está comprometida.

Escucho pasos y voces que llegan gritando a donde estoy, ― ¡Dr. Çelik!, ¿puede escucharme?―  Siento que me levantan firme y cuidadosamente, devolviéndome a la cama. 

Las manos indiscutibles de una mujer, me auscultan mientras escucho una voz familiar decirme: ― “Anam, ¿en qué rayos estabas pensando?, ¡despierta!”―

Abrumado, aturdido y con un fuerte dolor de cabeza y en la muñeca, abro los ojos atinando a ver un rulo que se escapa de un cabello impecablemente recogido, rojo naranja, brillante. Logro tomar aire, entro en consciencia y tropiezo con el rostro maravilloso de una atractiva mujer que no reconozco.  Enfoco mejor y leo un nombre en el distintivo: Dra. Evah Kopsa.

La escucho nuevamente hablarme, en una especie de “sottovoce”, un susurro angustiado que intenta transmitirme algo que aun no comprendo, ― “debemos marcharnos pronto, no nos esperarán por mucho más tiempo”―,  sus palabras resuenan en mis oídos y al levantar la vista veo del otro lado de la ventana a un niño que sostiene una flauta de metal y me sonríe, la coloca sobre sus labios y deja sonar una melodía que mueve poderosamente a mi cerebro y mi memoria llevándome de un solo golpe fuera de la habitación.

Aquel sonido me conectó con  el momento actual. Estoy justo en medio de mi memoria futura.  Miro alrededor, me encuentro en una especie de isla y al intentar levantarme el permafrost hace que resbale pero unas manos me sujetan para no caerme y siento un frio intenso, como el de la tundra.

Su voz me reconecta con la realidad, ― “Anam, hemos llegado”―.

La reconocí de inmediato. Antonella o Evah, es la voz  que necesitaba escuchar.  ― “Aquí estamos para cumplir con el propósito de nuestro proyecto”―  

Llegamos a la isla Spitsbergen en Noruega.  Evah y yo hemos venido a buscar la semilla de “Hemp” una fibra,  también llamada el superalimento; resguardada en la bóveda acorazada de Svalbard. Sus propiedades nos permitirán crear la cura infalible del virus que azota a la humanidad.  Nosotros 3 somos la esperanza.

A lo lejos sigo escuchando la melodía que me transporta de un lugar a otro en el tiempo y un paisaje en blanco ya no negro, deja ver un arcoíris en el horizonte.

Reseña Troke

Recién terminé de leer Troke, el libro del autor cubano Lediher Armas, y debo decirles que es un libro apasionante.

Sin ánimos de hacer spam sobre el libro, en el planeta Troke, cualquier cosa puede pasar.

Son 22 historias cortas, independientes pero que todas acontecen en el mismo planeta, podemos sentirnos emocionados con noticias maravillosas, abrumados con infortunios, descubrir cómo las malas elecciones afectan a personajes, estar dentro de misiones fallidas y muchas otras sorpresas maravillosas.

Es una lectura amena, que atrapa desde un primer momento y que se lee en un dos por tres, es fluida por lo cual es recomendar para aquellos con poco tiempo pero que les gusta leer.

¿Que si la recomiendo? Pues le doy 5 estrellas, espero que todos lo lean y puedan disfrutar de este mundo maravilloso tanto como yo lo he disfrutado. Pueden adquirirlo por amazon

  <span class=»wrapper-link-to-mylibreto»><a href=»https://www.mylibreto.com/libros/es_troke-lediher-armas-relato-ficcion.html» target=»_blank» alt=»Visitar en mylibreto: TROKE por Lediher Armas» class=»link-to-mylibreto» rel=»nofollow noopener»>Ver en mylibreto: TROKE</a></span>http://a%20rel=http://a%20rel=

Conoce a tu Lector Modelo

Tan fundamental como mantener un tono atractivo es conocer a las personas a las que te estás dirigiendo. Sus características determinarán en gran medida cuál será la actitud más adecuada para lograr interesarlas por tu temática. Para conocer a tus lectores online puedes utilizar Google Analytics.

Por ejemplo, si descubres que el grueso de tu público son personas mayores, entonces deberás adaptar tus contenidos a dicha audiencia y omitir referencias dirigidas a adolescentes o a públicos demasiado específicos. Así, para conocer a tus lectores te sugiero responder a las siguientes preguntas:

1- ¿Cuál es su edad predominante?

2- ¿Cuál es el sexo predominante, si lo hay?

3- ¿A qué áreas geográficas pertenecen mayormente?

4- ¿Cuál es su nivel de estudios?

5- ¿Cómo es su estilo de vida?

6- ¿Cuáles son sus hábitos de consumo?

7- ¿Qué valor pueden aportarle tus contenidos?

Una vez respondidas tendrás una mejor idea de para quien escribes y en base a ello sabrás que contenido tendrá mejores resultados en sus escritos

Trilogía Finding Sabrina (por Marissa Honeycutt)


🏷Género: #Erotico

Sinopsis.

Los monstruos son reales. Las pesadillas se hacen realidad. Y el amor no es más que un sueño.
Tras ser desterrado hace dos mil años, Vamar Thilduri ha regresado para cobrar su venganza. ¿Su herramienta elegida? Una joven bailarina con poderes sobrenaturales que desconoce.
Sabrina Mansfield no sabe quién o qué es. Solo sabe que el sueño de su vida es convertirse en una bailarina profesional. Asistir a un campamento de baile de verano en Boston es el primero de muchos pasos en ese camino. Pero todo cambia en el momento en que encuentra la mirada de un apuesto soldado al otro lado del escenario.
Christopher «Chase» Ralston, recién graduado en la Academia Militar de West Point, esperaba pasar su breve permiso de verano visitando a su familia y amigos. El amor es lo último que tiene en mente, pero una mirada a una joven le hace cuestionar su deseo de permanecer soltero.

Soy

Soy una amalgama de sueños irrealizados y de fantasías que crei demasiado grandes para una persona tan pequeña. Soy un rompecabezas de intentos fallidos, susurros de «tú puedes» ante gritos de «fracasarás». Soy todas esas ocasiones en las que me rendí, todos los caminos en los que di marcha atrás simplemente porque eran demasiado largos para unos pies tan cortos. Soy la representación de una persona con miedos, de una persona cobarde, de una persona que sabe que puede pero prefiere creer que no. Soy solo un pequeño peón entre tantos peones iguales, todos con el mismo problema, todos queriendo llegar al final del tablero pero con el constante miedo a ser derribados durante el camino. Soy tantas cosas y a la vez no soy solo yo. Somos tantos con los mismos miedos, los mismos sueños, los mismos objetivos. Somos tantos, que me sorprende el hecho de que tan pocos lleguen hasta el final.

Animal (por Manuela Sánchez)

Desde la cabeza hasta la cola es un especimen hermoso, sin lugar a dudas, mientras se desliza lentamente va dejando entrever sus ojos, profundos y posesivos, con colores mate que a pesar de ello llaman enormemente la atención de quien le mira.
Su piel perfectamente lisa y satinada se siente tan bien al tacto que simplemente es imposible no querer tocarla, sentirla, acariciar cada centímetro de ella, poseerla…

Es una lucha con el propio yo el mantener la distancia para evitar caer en la tentación de hacerle mía.


No hace ningún ruido, ya no más, antes de vez en cuando podía sentir su sonidos, un suspiro entrecortado, una respiración profunda.


Un movimiento brusco y otra vez alguno lento me ayudan a saber que sigue ahí, que vive, que siente, intentando deslizarse una vez más por el suelo frío y húmedo, se siente tan bien verla en un ambiente así, donde podría ser libre pero a la vez es una presa fácil para cualquiera.


Depredador o presa, es así, simplemente ella, hermosa, digna, imponente, quiero tocarla, sentirla, hacerla mía de una vez, pero me contengo, no puedo tomarla, no aún, la paciencia es el mayor de los dones, desde una distancia prudencial la observo mientras se retuerce en el suelo.


Sé que espera, ella espera en silencio, ahí en su lugar, espera el momento de mi llegada; ella sabe que estoy aquí, que la miro aunque aún no me ha visto; sus sentidos son muy agudos, con el más mínimo movimiento que yo haga ella querrá defenderse, esta presta al ataque, aun cuando sus movimientos son muy limitados.


La he observado durante días, ahí en el mismo lugar, en el mismo suelo, arrastrándose por el lugar de aquí para allá, no intenta irse, sabe que no podrá hacerlo, no intenta gritar, sabe que nadie más escuchará, solo yo estoy en este lugar, aunque ella no me ve.


Come de vez en cuando, algunas sobras que he dejado en el lugar, bebe de cuando en vez el agua es una necesidad, pero su sed mas profunda es la que me alimenta en realidad, la sed de venganza, la ira que tiene contenida me anima a seguir más, a querer más, a centrarme más en mi objetivo.


El silencio es mi compañero y el suyo también, entre luces y sombras me refugio disfrutando su olor, ella mira por doquier tratando de encontrarme con sus ojos, pero me cubro de su mirada jugando con su mente, luces de noche sobras de día el tiempo pasa lentamente y pronto estará todo a punto para finalizar.


Todos somos animales, ella… yo… sumergidos en las ganas, ella de vengarse, yo de poseerla. No quiero un no por respuesta, no quiero obligarla, pero no quiero dejarla ir, el suelo frío y húmedo en el cual se desliza hace contraste con el día, mientras su cuerpo siente el movimiento del viento sobre sí, ¿seré yo? ¿Será ella? Una despedida que vendrá para llevarnos juntas a la eternidad.


El animal fue ella, una víbora que me envenenó de amor, me cegó y me llevo a matar a tantas otras por celos, por dolor.
El animal fui yo que la traje aquí para pagar sus deudas y sus promesas incumplidas, no sólo conmigo, sino con el tiempo, con la vida y con la muerte.

Nosotras dos, seguiremos juntas más allá del tiempo.

Notición (por Lediher Armas)

Hoy tenemos otro relato de nuestro querido amigo y colaborador Lediher Armas, quien en cada historia nos adentra más al mundo de Troke, su libro.

La noticia iba en contra del funcionamiento de una sociedad preñada de orgías y lujurias; donde la bigamia estuvo permitida desde los inicios, el incesto se tenía como un simple medio encaminado a satisfacer los deseos sexuales de un mundo patriarcal y la violación de mujeres no constituía delito. Los hombres podían emplear cualquier método para tener sexo.
Sucede que, con el arribo de la crisis económica mundial, las cosas se pusieron difíciles. Muchos bancos e instituciones se declararon en quiebra. El precio de los alimentos subió abrumadoramente en un país sobrepoblado y volcado a la práctica del sexo extremo.
Nunca se expusieron de qué pruebas se valdrían las autoridades para comprobar la consumación del hecho. La noticia comunicaba que se prohibía tener sexo y hasta hacer el amor durante los próximos cinco años.

People We Meet On Vacation ( de Emily Henry)

Dos mejores amigos. Diez viajes de verano. Una última oportunidad para enamorarse.

Poppy y Alex. Alex y Poppy. No tienen nada en común. Ella es una niña salvaje; él lleva caquis. Ella tiene un insaciable deseo de viajar; él prefiere quedarse en casa con un libro. Pero, de alguna manera, son los mejores amigos. La mayor parte del año viven alejados, pero cada verano, desde hace una década, se toman una semana de vacaciones juntos.

Hasta hace dos años, cuando lo arruinaron todo.

Poppy tiene todo lo que debería desear, pero está atrapada en la rutina. Cuando alguien le pregunta cuándo fue la última vez que fue verdaderamente feliz, ella sabe, sin lugar a duda, que fue en aquel malogrado y último viaje con Alex. Así que decide convencer a su mejor amigo de que se tomen unas vacaciones más juntos: ponerlo todo sobre la mesa, arreglar las cosas. Él acepta.

Ahora ella tiene una semana para arreglar todo. ¿Qué podría salir mal?

Noviembre

Esta es otra de las horitas que resultaron del Mundial de escritura de este año, en este caso debíamos tomar alguna cosa que nos hubiese pasado que fuese dolorosa, yo no tomé algo que me sucediera a mi, sino que imaginé un caso de algo que pudiese ser doloroso para alguien más, así nació noviembre. Espero que lo disfruten.


Ese dolor en la costilla derecha aparece de vez en cuando, cuando pienso que esta vez no aparecerá ahí salta como por arte de magia y viene siempre acompañado de su mejor amiga, la punzada en el oído, esto suele pasar en momentos de mucho estrés, donde la mente divaga y la cabeza no está centrada, cuando las piernas se sientes desfallecer y el alma parece abandonar el cuerpo, como aquel día.


Era noviembre, justo como ahora, recuerdo las palabras nítidamente como si pasó ayer, y cada día retumban en mi cabeza, una y otra vez repetía «no es nada, todo estará bien» Seguido inmediatamente por una arcada con bilis, yo, sujetandole por la cintura hacía fuerza para no dejarle caer al suelo frío, afianzando bien los pies para lograr contener el peso que recaía sobre mis hombros, el peso del cuerpo desfallecido y el peso de las emociones que me invadían, —¿seguro que vas a estar bien?
Como siempre, con una sonrisa en su rostro, y un gesto de amor en su mirada, aunque notablemente cansada de la vida que le había tocado y las penurias que había vivido, estaba entregada a lo que vendría, sabía que era su momento de encontrarse con el creador.


Subimos al auto, un pequeño Mazda cuatro puertas, ella iba sentada delante en el lugar del copiloto, a pesar de ir bien sujetada con el cinturón de seguridad, con el asiento un poco reclinado, yo, desde el asiento de atrás preferí sujetarla por los hombros, y el posa cabeza del asiento del copiloto iba clavado en mi costilla derecha (al momento no sentía ningún dolor, porque mi mente estaba enfocada en otra cosa, en ella)


Veía como en sus ojos, que me miraban fijamente iba apareciendo un color grisáceo, que poco se poco cubría desde el rabillo del ojo lentamente hasta sumergirse en el iris y la pupila, un manto que le iba quitando la luz a su mirada y se llevaba así su vida.


Los autos que iban en la vía, sin saber lo que pasaba, se detenían y Oswald (el chofer) tocaba la bocina de forma insistente pidiendo paso, era tal el ruido de afuera que en un momento sentí como una explosión dentro de mi oído y algún tipo de líquido comenzó a correr desde mi oreja, por mi rostro hasta llegar al asiento del copiloto, ella levantó su mano casi sin fuerzas y me acarició la mejilla llenándose sus dedos de sangre.


Finalmente llegamos a la clínica, después de unos veinte minutos en la vía, me bajé del carro para abrir la puerta del copiloto y poder sacarla, la tomé entre mis brazos y la apreté contra mi cuerpo lo más fuerte que podía, recuerdo que sus brazos rodearon mi cuello y me dió un beso tierno, caminé con paso apresurado hasta la emergencia y le dije al residente:
—»por favor haga algo», la respuesta fue pronta —»no tenemos como atender este tipo de casos aquí, debe llevarla a otra clínica»
—»pero… Si la saco de aquí morirá, los dos morirán… «
—lo lamento, no podemos hacer nada…


Subimos nuevamente al auto, mientras veía como su mirada se seguía apagando y su color era cada vez más pálido, con voz tenue me dice —»tengo sueño… Quiero dormir un poco… » —»duerme… » Le respondí, mientras mi respiración se aceleraba y mi mente gritaba ¡no duermas, por favor no duermas!


El posa cabeza incrustado en mi costilla derecha ya había hecho su trabajo, una fisura, más por la presión que yo aplicaba para sujetarla que por otra cosa, y el oído sangrante con la punzada penetrante no me importaban, me importaba ella y lo que estaba en su vientre que ya no se movía.


Pasados unos minutos llegamos a la siguiente clínica, donde nuevamente me bajé de la parte trasera del auto para tomarla en mis brazos, esta vez su cuerpo era más pesado, inerte, su respiración ya no se sentía, sus manos frías ya no se sujetaron a mi cuello y al llegar a la emergencia con ella cargada el médico me dijo las palabras que jamás un hombre quiere escuchar de la mujer que ama, —»lo siento, esta muerta».


Acostarla en la camilla y saber que sería la última vez que la vería no era lo más difícil, darle el último beso y saber que ya no envejeceríamos juntos, eso es lo que más duele, saber que ella y mi hijo están juntos me conforta un poco, mi familia está en el cielo.


Me tocó seguir viviendo, porque así lo prometí, en soledad los sueño y el dolor en la costilla derecha que surge cuando estoy en momentos de estres junto con su amiga la punzada del oído me recuerdan aquel trágico día, donde perdí lo que más amaba.

Encuentra Siempre tu Propio Interés en el Tema

¿Te imaginas cuán aburrido es escuchar una historia narrada con desgano?

Para lograr interesar a tus lectores por aquello que les estás contando, ¡es fundamental que tú mismo estés interesado en el tópico que estás tratando! Más allá de la temática en sí, lo esencial es que tu mirada sobre ella sea vivaz e interesante.



Así, para asegurarte de mantener un tono atractivo y que incite a la lectura te recomiendo identificar qué es lo que a ti mismo te resulta relevante del tema que vas a presentar.

Hazte preguntas como:

¿Por qué es interesante esta temática? ¿Qué de ella me resulta relevante? ¿Qué me gustaría conocer sobre el tema?.

Si logras dar con las respuestas y apasionarte con el tema que vas a mostrar seguramente los lectores también se interesen y puedas tener más éxito en tu relato

El Desierto (por Lediher Armas)

Hoy compartimos con ustedes un relato de nuestro colaborador Lediher Armas, este se llama «el desierto» De su libro Troke, conozcamos un poco más sobre este mundo.

El desierto de Escaseca figura entre los más extremos del mundo. En tiempos de auge vivían en él, alrededor de ochenta familias. Aunque era bastante tedioso llegar a sus predios, gran cantidad de comerciantes acudían para vender los productos a precios exuberantes. Sobre todo, toneles de agua que acarreaban sobre camellos y elefantes que aprendían de memoria el trayecto. 

El cambio climático incluyó a Troke y en especial a Escaseca, que fue continuamente asediada por tormentas de arenas y nubes de polvo. El precio del agua fue tornándose violento. Los comerciantes que se decidían a emprender el viaje eran cada vez menos. Volaban las noticias de asaltos en medio del desierto y sepulcros provocados por antojos del viento. Una tras otra, las familias fueron abandonando la ciudad, solo el alcalde y su esposa se atrevieron a permanecer en aquel inhóspito paraje. Era un desafío personal. Querían demostrar al mundo que en Escaseca era posible vivir y hacerlo a plenitud. Una mitad del caudal matrimonial la destinaron a la compra de agua y la otra para alimentos. Ahorrando al límite, fueron esperando la mejoría del clima. El vestido y el entretenimiento fueron desterrados del pensamiento y el lenguaje familiar. 

Con esfuerzos sobrehumanos fueron capaces de construir una presa de muros de piedra. Elevadas cantidades de arena eran removidas de su reposo para desenterrar las rocas que se destinaron a la obra. Una inversión de tiempo, esfuerzo y vida para una utilidad prevista e incierta. Desear la lluvia no garantizaba la humedad de su ocurrencia. Sus cuerpos se consumieron a medida que se acrecentaba la espera. El amor a su tierra se traducía en lamentos mientras casas y plazas se deterioraban al aproximarse el último mes de los últimos dos años. 

En vísperas del año nuevo, el cielo se tornó rojizo al punto de arder. La lluvia era inminente. El olor, como plato entrante les informó el advenimiento de un salpicado futuro. El alcalde y su esposa gritaban de alegría. El jolgorio se impuso. Corrían despavoridos de un lado a otro. Revisaron detrás de la casa principal, del establo, de la carreta, la presa, y a cada paso descubrían que se trataba del mismo cielo encapotado. Un cielo cerrado en rojo. El mismo cielo preñado de lluvia a punto de parir que se contraía y gruñía de dolor por tanto chaparrón dentro. De momento un destello lo encandiló. Tras instantes de inmovilidad y aturdimiento, en el vértice de la enajenación, el alcalde movía la cabeza a ambos lados para escapar de la confusión. Al recobrar la vista quedó mudo. La inclemencia de sus días pasados le canjeaba la lluvia por la vida de su mujer, que yacía carbonizada a dos pasos de la presa. Entonces lloró dentro de la lluvia y maldijo a Dezeus y su sempiterna familia para todos los tiempos de la fe. 

Palabras que ahogan

Finalizamos el Mundial de escritura, y siempre quedan algunos resultados satisfactorios como práctica de escritura, este escrito es uno de ellos. Espero que les guste


Tantas veces he intentado callar, guardar para mis adentros todo aquello que he querido gritar a toda voz, pero que tantas veces se me ha quedado así como quien dice: «las palabras trancadas en el codo»

Un golpe seco que recibí una vez me enseñó que debía callar las quejas, el golpe en el alma me quiso mostrar que los sentimientos se sienten encerrados y que a veces me encuentro en un tres y dos entre el hablar o dejar esas palabras trancadas y olvidarme de que están ahí, aunque sé que el codo duele…

Traté muchas veces, en la clase de boxeo que soltar lo que llevo dentro, pero el codo quedaba engatillado como mis palabras al intentar defenderme. Aunque soy fuerte soy incapaz de maltratar, con las manos, con los brazos, con los pies, con las palabras y con los sentimientos, no soy de mucho hablar, ni de golpear en realidad, pero la suerte y la vida me trajeron  al ring, a este en el cual no ataco pero intento defenderme, aunque las palabras no fluyan y el codo duela por frenarlo cada vez que debo golpear…


Me armo de valor y sobre el ríng lucho fuertemente contra lo que más temo, mi propio ser, mis agonías internas, mis pasiones, mis indecisiones, mis ganas de callar lo que llevo dentro cuando lo mejor es soltar el codo y dejar que fluya el golpe, ese que es certero, directo a la mandíbula, ahí en ese punto donde sé que hay un knockout seguro, donde sé que caerá al piso y a la cuenta de 10 no podrá levantarse, no seguirá luchando conmigo; donde las palabras fluyan sin pensarlo y sin importar lo que lleven en ellas, donde como flechas corten el aire con un silbido silencioso y finalmente me liberen de mi agonía interna.


Tantas veces he querido callar, guardar lo que millones de veces he querido gritar, que la libertad de los sueños no corresponde a una sola voz, que no me podrán dominar ni podrán frenar mis riendas, pero a pesar de eso las palabras se quedan engatilladas en el codo y el golpe final no sale… El knockout seguirá siendo para mí mientras no logre soltar el codo y las palabras que por tanto tiempo he llevado en mi interior.


La mente se eleva, inventando, ingeniando como soltar esas palabras y me digo a mi mismo
—¿qué somos más allá de la materia?
—¿qué ofrecemos más allá de lo que somos?
—no somos más que palabras que se traban en el olvido, no somos más que golpes bajos que nos damos a nosotros mismos buscando esquivarlos pero que se nos traban en el alma, en la conciencia, en el vacío de los sentimientos, como diría Shakespeare seremos o no seremos, almas distantes llenas de palabras.


Vamos caminando en un rumbo en el cual no nos conducimos a nosotros mismos, sino donde somos conducidos por una multitud inerte, pensamos lo que nos hacen pensar mientras pensamos que estamos pensando por nosotros mismos, creemos que amamos pero no amamos a nadie ni a nada solo dejamos que pase como nos enseñaron que debía ser. Miramos en un mundo que creemos que debemos mirar mientras en otra dirección pasan cosas que callamos, porque las palabras que decimos son las que nos enseñaron a decir, mientras las que debemos decir las callamos, se nos quedan atoradas entre el pecho y el golpe, entre el codo y la mano, entre la mente y el corazón y terminamos siendo lo que no somos, ahogándonos en nuestras palabras, en nuestros sentimientos.


Tantas veces he intentado callar, guardar para mis adentros todo aquello que he querido gritar a toda voz, pero que tantas veces se me ha quedado así como quien dice: «las palabras trancadas en el codo»

MICROCUENTO



Derribo la puerta después del tercer empujón. Mi hombro derecho late por el golpe pero no es momento para pensar en ello. Me abalanzo hacia las escaleras y en un abrir y cerrar de ojos estoy dentro del sótano desde donde recibí la primera señal, luego solo hubo silencio. Entonces mi corazón se detiene.


Muerta. Esta muerta. Lo veo en la palidez casi verdosa de su cuerpo.


Arrodillado junto a ella está Flavio. Bastardo. Lo voy a desangrar con mis propias manos. Cómo no lo vi venir. Cómo pude ser tan jodidamente ciego.


Ese bastardo la deseaba. Joder. Los dejé solos en demasiadas ocasiones. Cómo no lo sospeché antes . Por qué no lo sospeché antes.


Flavio me mira con cara de confusión. Como si eso le fuera a servir de algo. Confié en él. Puse mi bien más preciado en sus manos y las envolvió alrededor de mi pescuezo. Era mi hermano, lo hubiese dado todo por él sin apenas pestañear. Él lo sabía y aún así me traicionó.


Me acerco a grandes zancadas. Flavio parece paralizado, será que ahora es realmente consciente de sus actos y de lo estúpidos que fueron. Demasiado tarde. Saco mi cuchillo y veo como abre la boca paa decirme algo, no lo dejo y en su lugar rebano su garganta. La sangre salpica mis manos y los zapatos antes inmaculados.
Me acerco a Anna y al tomar su pulso me doy cuenta que aún late, eso me llena de una emoción tan efímera pero a la vez real. Pronto llegarán los refuerzos, solo resta esperar así que miro alrededor.


Veo cuerpos desperdigados por muchos rincones. Cuando entré no fui consciente de ellos, la ira me impedía pensar en nada más y mucho menos observar como debería. Miro a Flavio y lo veo cubierto de sangre, entonces pienso en el momento que entré y recuerdo sus manos sobre el pecho de Anna. No puede ser. No. No puede ser.


Observo a uno de los hombres despatarrado sobre una mesa con un cuchillo enterrado en su sien, el cuchillo de Flavio.


Siento que me falta el aire y se me hace imposible respirar. Flavio. Muerta. Reanimación. Estaba intentando salvar a Anna. Estaba intentando salvarla y yo lo maté. Maté a mi hermano. El dolor me desgarra y ni siquiera puedo gritar. Arderé en el infierno, cualquier dolor quedará pequeño para el que realmente merezco. Mi hermano, mi todo. Esperaré que lleguen los refuerzos. Anna lo merece, yo … yo no puedo decir lo mismo.

«Terminal de trenes» Por Lediher Armas

De camino a la estación pensaba en Mónica. El hombro apenas soportaba el peso de tanta ropa y recuerdos. Había escapado de la habitación 115 aprovechando que mi compañera de viaje y de cuarto dormía. Era comunicativa en extremo. La conocí en la terminal de trenes de Troke, en mi último viaje. Eran las seis de la tarde y aun pernoctaba en uno de los pasillos del ala lateral del recinto.

— ¿Puedo? —pronunció Mónica cuando ya me hallaba dominado por el sopor del sueño.

—Eh…si —contesté con expresión de duda. Me hice a un costado y la muchacha tomó asiento.

Allí permaneció largo rato sin pronunciar palabras. Me impresionaba aquella situación porque yo era un pobre diablo, más ella aparentaba ser una chica de clase.

— ¿Extrañado? —preguntó de momento como si hubiese adivinado mi pensamiento—, pues sepa que los trenes no escogen a sus pasajeros, ni el destino, ese papel lo juega el azar. Unos viajan por placer, otros por trabajo, otros por rutina y hay quien no tiene más remedio. Usted por ejemplo parece integrar el cuarto grupo. 

Al llegar a este punto me paré bruscamente, me sentía escudriñado y ultrajado. ¿Qué sabía esa mujer de mí?

—Me parece que está sacando conclusiones precipitadas. No me conoce y sin embargo me aborda con juicios que me niego a aceptar.

—Ya veo que no entiende nada. No me hace falta saber quién es, su aspecto lo delata. 

— ¡Eso es asunto mío! —exclamé.

—No se alarme. Yo, por ejemplo, viajo por adicción.

— ¿Adicción? —pregunté en tono de burla—. ¿Qué persigue con tanto ir y venir?

—No se ría. Lo que digo es en serio. Me agrada saborear el aroma de cada pueblo, el color de las estaciones, el calor de la gente. Por cierto, cada persona tiene su modo de viajar. Algunos prefieren ir sentados. Otros de pie. Recostados en los extremos y hasta sujetados de los estribos. Puedes ver personas en trenes, autobuses, aviones, metros, bicicletas o simplemente a pie. Sin embargo, todos persiguen un único fin, viajar. Las relaciones cortas que se presentan en viajes pueden llegar a ser tan duraderas como el mismo tiempo.

— ¿Hacia dónde vas?

—Aún no lo tengo claro —contestó.

— ¿Quieres venir conmigo a Endland? Es una hermosa ciudad de aquí de Troke. Famosa por las fiestas y el hospedaje.

—Me sorprende. Primero se enoja, luego se burla y ahora me hace una invitación. ¿Qué pretende? Ni nos hemos presentado.

—Discúlpeme por mi variable carácter —le dije en un plano menos formal—. No es mi deseo que te formules una falsa imagen de mi persona. Soy Marcos, dependiente de un pequeño bar.

— ¿Dependiente de un bar? ¿Por qué la gente tendrá la manía de apellidarse con el oficio que realizan? Es absurdo pensar que eso dejará una idea contraria de lo que realmente son —hizo una pausa y se alisó el vestido—. Me llamo Mónica, Mónica Gutiérrez Albarán y acepto tu invitación. Ya te dije que soy adicta a viajar.

El tren llegó en el momento en que el tráfico de gente entorpecía el orden del local. Recogimos las pertenencias y nos fuimos a Endland.

Llegamos a la mítica ciudad. Al preguntar el motivo de la celebración nos contestaron que era costumbre que a toda hora hubiese fiesta. Así los viajeros eran recibidos con apego en cualquier momento del día y de la noche. Dejar el equipaje en el suelo y sumarnos a la algarabía fue lo mismo. Enseguida nos brindaron jarras de barro abundantes en cerveza fría. Al rato reíamos como tontos. Cualquier cosa era motivo para dejar que carcajadas bufónicas se nos posaran en el rostro. El baile lo iniciaron grupos de aficionados que acudían a Endland para exhibir diferentes estilos. La gente asaltó el escenario cuando el último grupo terminó la función. No fuimos menos y nos sumamos al espectáculo. Agarré a Mónica y comenzamos a dar vueltas. Ella disfrutaba y se conducía en medio de la alegría y mis imperfecciones como bailador. Después llegó el teatro para calmar el calor que iba dominando el cuerpo y la mente. La obra puesta en escena era improvisada retazo a retazo y hubiésemos bebido un tonel de cerveza si no es porque un borracho nos sugirió no beber más. Sonó el campanazo del reloj de la plaza que delató la llegada de las ocho de la noche. Al levantar la vista el cuerpo nos exigió descanso. Así que, cargando el equipaje y el cansancio, nos fuimos al hotel Reencuentro. 

Cerramos la puerta y nos dirigimos al mostrador amarillo que terminaba en dos extensas filas de muebles.

— ¡Bienvenidos! —nos saludó una muchacha de aspecto sencillo que también disfrutaba de la música y la cerveza.

—Una habitación —dijo Mónica antes de que la chica peguntara si preferíamos dormitorios juntos o separados.

El agente de piso nos llevó a la habitación. Una peculiar habitación. Grandes ventanales blancos resaltaban el paisaje. El piso y las paredes estaban cubiertos de una espesa alfombra verde que amenazaba con invadir el techo. No había adornos ni cuadros ni mesas; solo un pequeño diván y una cama sencilla. El diván desapareció con rapidez al servir de sustento a nuestras pertenencias. La cama permaneció intacta.

Estábamos aturdidos por la mezcla de la cerveza y la algarabía. Nos dimos un baño y fuimos al restaurante para comer algo ligero. Era bastante tarde y el estómago se declaraba en huelga.

— ¡Buenas noches! Bienvenidos al restaurante El Olvido. ¿Qué desean? —preguntó una rubia flaca en exceso.

—Buscamos un aperitivo sencillo que nos ayude a conciliar el sueño —respondió Mónica conjugando el verbo nuevamente en plural. 

Pedí la carta y la entregaron de inmediato. Ordenamos y mientras transcurría el tiempo no hacíamos más que mirarnos. Por su parte no sé, pero yo intentaba descifrar que se traía aquella mujer inusual que de repente se entrometió en mi camino. 

Llegó el pedido y comenzamos a devorarlo con sumo apetito. No habíamos probado bocado desde que salimos de la terminal de Troke.

—Si piensas que soy una mujer fácil te equivocas —dijo de momento tratando de convencerme de un juicio que no me había hecho—. Me declaro libre de extremos. Ando por la vida con paso firme y no me agradan las improvisaciones, más bien le temo a lo desconocido.

— ¿Y qué puede resultarte más ignoto que yo? No sabes quién soy. ¿O me equivoco? —le dije tratando de sacarle alguna información—. Sin embargo, estás cenando conmigo y luego dormiremos en la misma cama.

—Es cierto, pero es la primera vez que hago esto. Simpaticé contigo, nada más. Llevaba bastante tiempo en la sala de espera y quería hablar con alguien. Me sentí segura y como dices, aquí nos encontramos. Deberías sentirte orgulloso. 

No pude evitar reír al llegar a este punto. ¿Por qué debería sentirme satisfecho? Sin dudas Mónica padecía de vanidad.

— ¡No rías! ¿Acaso no es lo que persiguen los hombres? Muchos pasan la vida coleccionando historia de mujeres.

Al escuchar su punto de vista se me borró la risa. Mónica estaba completamente equivocada. Yo no era un santo, pero tampoco un donjuán. Sin mucho esfuerzo había logrado mantener un ritmo de vida tranquilo.

—Permíteme confesarte que estas errada. No pertenezco a ese grupo de hombres. He tenido no pocas mujeres, pero no presas fáciles. Han sido mujeres que he amado y que me han amado algo. Que han estado a mi lado no una noche sino toda una vida. A pesar de las rupturas aún las llevo conmigo. Mujeres de bien. De pasión. De calma. De blando pensar y sentir. 

La miré a los ojos y noté paz adentro. Al parecer era el tipo de respuesta que esperaba. Pensé que tendría lugar una rivalidad de opiniones y conceptos, pero lo cierto es que el acercamiento fue inevitable.

Desde que abandonamos el restaurante la seguí con la vista. Ella se había adelantado un poco. No sin antes rozar mi mano con sus caderas. El vestido le sentaba terriblemente bien. El pelo caía hasta justo dos dedos debajo de los hombros. Cerré la puerta con suavidad. Al virarme me alegré de que el vestido fuera cayendo al suelo. Tiré a un lado la camisa y la estreché en mis brazos. La cama permaneció intacta porque prefirió el pelaje de la alfombra para hacer el amor. Al terminar tomó un largo trago de whisky y se durmió. Permanecí largo rato a su lado, contemplando la textura de la piel que minutos antes se calentó con mis manos. Me vestí y recogí mis pertenencias. Al salir vi que se trataba de la habitación 115. Sería inolvidable. De eso estaba seguro.

Sentado en este banco pienso en los viajes, en la vida. Pasan varios trenes y la gente no hace más que ir y venir. Hay dos tipos de personas en la vida. Las que viajan, que buscan aventuras y estilos nuevos, que toman la iniciativa y van en busca del porvenir; y las que no, que se resignan a la aceptación, que carecen de instinto, que se sientan en el peldaño de la espera. Aquí llega mi tren. Mónica se equivocó otra vez. Esa fue mi primera aventura y pertenezco al grupo que viaja por rutina.

El faro de los amores dormidos (de Andrea Longarela)



Este libro será tu próximo amor de verano

«Una historia bellísima sobre amores de verano, mareas imprevistas y un secreto que permanecerá para siempre en el corazón de los lectores», Alice Kellen.

Un regreso inesperado, un faro lleno de secretos y dos historias inacabadas que, quizá, se merecen la oportunidad de un nuevo final.

«Alba, vive el presente. Porque un día será pasado y te atormentará no haberte dado cuenta antes de que todo acaba, incluso lo que creías que era para siempre.»

Haz bocetos

Tras esclarecer el objetivo de tu escrito, llega el momento de definir la estructura de tu texto. Hacerlo te ayudará a ordenar la información que compartirás con tus lectores, para asegurarte de cumplir con los objetivos planteados inicialmente. De esta forma, tu boceto te servirá como guía de la escritura.

En estos días, conversaba con un grupo de amigos escritores y comentaban que es bueno siempre hacer una escaleta de lo que vas a escribir, les comentaba que para mí es un tanto difícil hacer esto, porque soy escritora brújula, y la escaleta es más bien un mapa de la historia, con esta herramienta me siento como muy limitada, sin embargo les dejo por aquí la técnica del boceto para aquellos que sean mapa y les ayude el apoyo de este tipo de guías. (Los Escritores brújula también pueden usarla pero al final de escrito para ver si esta correcta la estructura, la concordancia de los hechos, los tiempos, entre otras cositas)



A través del boceto de tu texto puedes definir cuestiones como:

Cuál es el estilo de título que deseas utilizar (te aconsejo terminar de definirlo al finalizar la redacción de todo el texto).
Qué idea o conceptos transmitirás en cada párrafo.
Cuántos subtítulos emplearás para abordar los distintos temas.
Qué clase de imágenes ilustrativas emplearás.
Cuál será la ubicación de dichas imágenes.
Cuál será la extensión tentativa de tu artículo.

Letter hunter

Día 1095 en el que no te veo.

Me parece imposible que un día te amase tanto y hoy vagamente recuerde tu rostro.

Es increíble como las cosas pueden llegar a cambiar, como lo más importante en tu vida puede pasar a no significar nada, y algo que no significaba nada puede convertirse en lo más importante.

Hoy me sorprende la intensidad de lo que sentí por ti. Me sorprende porque sé que fue demasiado fuerte, pero me es imposible recordarlo, como si una nebulosa se hubiese apoderado de esos recuerdos y yo solo fuese capaz de verlos a través de un filtro difuminado.

¿Cuándo dejaron de importarme las noches sin ti?

¿Cuándo dejé de extrañar esos besos que quedaron por dar?

¿Cuál fue el momento exacto en el que olvidé tu sonrisa? Muy extraño me resulta haberla olvidado.

Cuando reías se iluminaba mi día, cliché, pero tenías la sonrisa más linda del mundo mundial.

Es impresionante. Inverosímil la capacidad de que un día, todo eso que constituía tu mundo, se convierta en otra piedra más que dejaste atrás.

Amor propio

Y decidí amarme, por sobre todas las cosas, decidí darme todo lo que he merecido toda mi vida, porque nadie más me lo dió, decidí abandonarlo todo menos mi ser, porque al final de todo solo me tendré a mi.


Decidí ser libre porque la libertad no consiste en hacer lo que se te da la gana, sino lo que te hace ser feliz sin dañar a nadie.


Decidí sacar esos sentimientos, esos sentimientos que guardaba y me atreví a usarlos… Nunca es tarde para decirte me quiero, lo siento, me necesito, perdóname…


Somos de quien nos encuentra en pedazos y nos ama hasta dejarnos completos, de quien no nos cambia, pero nos mejora y si somos nosotros mismos pues es mejor, finalmente así seremos nuestros propios dueños.


Me Libéré de todo lo que no quería ser, lo que no está alineado a mi alma, lo que no es auténtico y verdadero a mi sentir… Solo soy yo en esencia.


Cuando nadie me celebre, me celebraré yo mismo. Cuando nadie me dé un cumplido, lo haré yo mismo. No le corresponde a otros darme coraje. Ese es mi trabajo. El coraje solo puede venir del fondo de mi ser.


Todos tenemos adentro una insospechada reserva de fortaleza que emerge cuando la vida nos pone a prueba y en muchas oportunidades lo podemos demostrar solo debemos tener confianza en nosotros mismos y matarnos sobre todas las cosas.


Existen lugares que nos salvan de nosotros mismos. Comenzamos a ver la vida de diferente manera, jodidamente queremos ser felices y ya no hay marcha atrás, nos volvemos la prioridad y lo demás pa’ el carajo.


Nos merecemos una historia bien bonita y si es con nosotros mismos es mucho mejor.

Define el Propósito de tu Texto

Lo primero que debes hacer antes de comenzar a escribir cualquier clase de contenido, es definir el objetivo de tu texto. Ello te ayudará a tomar la actitud narrativa adecuada, y a escoger la información necesaria para transmitir a tus lectores aquello que has definido en tu objetivo.

Así, para esclarecer cuál es el propósito de tu texto puedes responder las siguientes preguntas:

¿Cuál es el mensaje que deseo transmitir?
¿Qué efecto quiero causar en la audiencia?
¿Qué aportaré a los lectores a través del texto?

A veces puede ser complejo ese punto, pero te aseguro que si logras responder estas preguntas el texto fluirá más fácilmente.

«Cosas de los dioses» Por Lediher Armas

Hoy a parte de dejarles este segundo cuento de nuestro nuevo colaborador Lediher Armas, les contaré un poco sobre él.

Lediher: «Soy amante de los cuentos y microrrelatos. He participado en múltiples concursos literarios. Mis obras han sido publicadas por Ediciones Alborismos (Venezuela) en su antología “Los Herederos del Parnaso”. Editorial Digital EOS Villa (Argentina) en su antología “El Texto en Crudo” y en diferentes números de las revistas literarias digitales Terminus, Trinando, Letras Vivas de Caracolí, Camaleónica, El Narratorio y Óclesis, de Argentina, Colombia y México. Autopubliqué mi libro TROKE (2021), un compendio de cuentos singulares, en el que expongo al mundo mi visión imaginada de la realidad. «

Los dejo con el cuento de su libro troke, que pueden adquirir <span class=»wrapper-link-to-mylibreto»><a href=»https://www.mylibreto.com/libros/es_troke-lediher-armas-relato-ficcion.html» target=»_blank» alt=»Visitar en mylibreto: TROKE por Lediher Armas» class=»link-to-mylibreto» rel=»nofollow noopener»>Ver en mylibreto: TROKE</a></span>http://a%20rel=http://a%20rel=

«Cosas de los dioses»

Según los ancianos de la sexta generación, la creación de Troke fue obra mística de dioses infames. Fornitud había quebrantado el primer mandamiento de Dezeus que prohibía todo contacto directo con terrícolas, reservándose la procreación santa al vínculo conyugal con las diosas o semidiosas de la Casa Dezeus, una especie de burdel sagrado con el permiso del Divino Consejo Supremo (DCS). 

La casa disponía de innumerables chicas de todas las razas con rasgos finos, cuerpo esbelto y senos firmes de cualquier tamaño, nalgas bien sólidas, salientes y redondas sobre talladas piernas tonificadas. Como elemento común y definitivo; embriagador aroma a hembra limpia. 

El dios que deseara formar familia con alguna de las doncellas de Dezeus debía solicitar el servicio y pagar la contribución que el jefe fijase. Aporte que no variaba en su modalidad, pero si su cuantía. Cada chica costaba entre cien y trescientos horas sagradas en las que Dezeus disponía a su antojo del comprador. Y los deseos de Dezeus eran sorprendentes. Desde labrar la tierra, hacer labores domésticas; hasta compartirse él mismo con el solicitante y la prometida en su alcoba. En la que solo las partes conocían lo que allí sucedía. 

Cuando Fornitud se interesó por adquirir mujer, Dezeus dispuso en automático que trescientas horas sagradas de íntima compañía no eran suficientes. Turbado por el afrodisíaco físico virgen del demandante, dispuso que se sometiera al DCS la modificación del primer mandamiento y se ampliase el precio de sus chicas hasta cuatrocientas cincuenta horas. Agregándose que la virginidad eclesiástica pasara a ser propiedad suya y que solo él, el dios Dezeus, podía consumirla antes de toda consumación de matrimonio con las doncellas que estuvieran en oferta. 

En menos de cuarenta y ocho horas, el DCS aprobó por rotunda unanimidad la modificación de la norma sometida a debate. Dezeus se encargó de que un manojo de secretos que poseía de sus miembros acelerara los términos del análisis. 

Al publicarse en las nubes oficiales lo dispuesto por el consejo, Fornitud tomó la decisión de abandonar el terreno sagrado y rechazando su condición eterna, bajó a Troke. Para ese entonces tierra inhóspita donde conoció a Gesica, una hembra de piel blanca y pelo rubio. La viva esfinge de la fertilidad vuelta mujer. La dama que le envenenó la existencia y le provocó un orgasmo físico y mental a primera vista nunca antes vivido. 

La unión sexual de Gesica y Fornitud reventó las luces sagradas de la tierra santa. La oscuridad ocupó todos los espacios. El libertinaje de Dezeus se conoció como el detonante de la “traición” de Fornitud. Los hombres se formaron juicios morbosos sobre el imperio de los dioses y a riesgo de ver develados sus secretos, el DCS tomó la iniciativa. Despojaron a Dezeus de su nombre y su pene divino. Lo condenaron a vivir entre terrícolas en condición de semidiós invisible con un coto de vida de tres mil años. Período en el que como buen perro huevero se encargó de fomentar la barbarie, el fornicio desenfrenado, el incesto, el divorcio y la bigamia acompañada de la violación de la especie entre sí. Así Dezeus fue venerado por la mayoría de los trokianos que hicieron de sus versículos la religión oficial, dedicándose la iglesia protestante únicamente a la formalización de matrimonios. 

15 de noviembre

El 15 de noviembre de 1945 Gabriela Mistral recibió el premio Nobel de Literatura siendo la primera latinoamericana en obtener este galardón

La influencia de su hermana resultó determinante en su decisión de dedicarse a la enseñanza, promoviendo un pensamiento pedagógico centrado en el desarrollo y la protección de los niños.

Entrevista

Mi colega Lediher Armas me hizo una entrevista, la cual compartió en su página, por aquí les dejo el enlace para que se pasen por allá y conozcan un poquito más de su servidora.

https://www.google.com/url?q=https://www.lediherarmasescritor.org?mailpoet_router%26endpoint%3Dtrack%26action%3Dclick%26data%3DWyIzNiIsIjdmMDI5Y2I1MjMxYjk3ODAxOGNmMTg5YzIzOGM2YjU5IiwiMjIwIiwiNjczMWY0MTBhYmZlIixmYWxzZV0&source=gmail&ust=1668466889401000&usg=AOvVaw3nxBeu5h-lxebj3RkYYn_4

Resistencia

RESISTENCIA

No te rindas,
aunque a veces duela la vida.
Aunque pesen los muros
y el tiempo parezca tu enemigo.

No te rindas,
aunque las lágrimas
surquen tu rostro y tu entraña
demasiado a menudo.

Aunque la distancia
con los tuyos
parezca insalvable.

Aunque el amor sea, hoy,
un anhelo difícil,
y a menudo te muerdan
el miedo, el dolor, la soledad,
la tristeza y la memoria.
No te rindas.

Porque sigues siendo capaz
de luchar, de reír, de esperar,
de levantarte las veces que haga falta.

Tus brazos aún han de dar
muchos abrazos, y tus ojos
verán paisajes increíbles.

Acaso, cuando te miras al espejo,
no reconoces lo hermoso,
pero Dios sí.

Dios te conoce,
y porque te conoce
sigue confiando en ti,
sigue creyendo en ti,
sabe que, como el ave herida,
sanarán tus alas y levantarás el vuelo,
aunque ahora parezca imposible.

No te rindas.
Que hay quien te ama
sin condiciones,
y te llama
a creerlo

.

– José María Rodríguez Olaizola, SJ

20 Frases de «Juan Salvador Gaviota»


01.
¡Hay tanto que aprender!

02.
Tenemos que rechazar todo lo que nos limite.

03.
La vida es lo desconocido y lo irreconocible.

04.
No se debe amar el odio y el mal.

05.
La única ley verdadera es aquella que conduce a la libertad.

06.
Somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos.

07.
Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra.

08.
Ya sabes el refrán, y es verdad: Gaviota que ve lejos, vuela alto.

09.
¡Volar es tanto más importante que un simple aletear de aquí para allá!

10.
Lo que necesitas es seguir encontrándote a ti mismo, un poco más cada día…
11. No tengo ningún deseo de ser líder. Sólo quiero compartir lo que he encontrado.

12.
¡Hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres!

13.
¡Durante mil años hemos escarbado tras las cabezas de los peces, pero ahora tenemos una razón para vivir; Para aprender, para descubrir; Para ser libres!

14.
Tienes que practicar y llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay en cada una, y ayudarlas a que lo vean en sí mismas.

15.
No creas lo que tus ojos te dicen. Sólo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de volar.

16.
La libertad es la misma esencia de su ser; Que todo aquello que le impida esa libertad debe ser eliminado, fuera ritual o superstición o limitación en cualquier forma.

17.
Elegimos nuestro mundo venidero mediante lo que hemos aprendido de éste. No aprendas nada, y el próximo será igual que éste, con las mismas limitaciones y pesos de plomo que superar.

18.
Su único pesar no era su soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al volar; Que se negasen a abrir sus ojos y a ver.

19.
Tu cuerpo entero, de extremo a extremo del ala (…), No es más que tu propio pensamiento, en una forma que puedes ver. Rompe las cadenas de tu pensamiento, y romperás también las cadenas de tu cuerpo.

20.
¿Tienes idea de cuántas vidas debimos cruzar antes de que lográramos la primera idea de que hay más en la vida que comer, luchar o alcanzar poder en la bandada? ¡Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien vidas más hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfección, y otras cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección y reflejarla.

Falcon’s Prey

📍Falcon’s Prey
📍C. Lymari
🏷Género: #Darkromance

Sinopsis.
Peón.
Princesa de los diamantes.
Presa.
Desde que tengo memoria, he sido un peón en el juego de alguien.
El peligro me acechaba, pero nunca lo suficiente como para dañarme.
Hasta ahora.
Entonces llegó él. Mi nuevo guardaespaldas. La única persona que veía más allá de mis defectos.
Mientras tanto, estaba metida en una red de engaños, tratando de salvarme.
Se suponía que él debía protegerme y alejarme del peligro. Pero, al igual que todos los demás, quería quebrantarme.
Ahora ambos hemos sido lanzados a un juego que ninguno de los dos quería jugar.
Me enseñaron a ser irrompible como un diamante. Yo era un diamante, y los diamantes no se rompen.

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