Por: Linda Rose
Llegó el invierno, lentamente los copos de nieve comenzaron a caer hasta que pronto cubrieron el paraje completamente, desde la ventana ellos veían como de pronto todo era blanco y frío.
Como cada mañana Celine se sentó en el borde de la cama, se enjugó los ojos, abrió la boca ampliamente inhalando tanto aire que cualquiera pensaría que iba a tragarse toda la habitación en un solo bostezo, se calzó las pantuflas con forma de perritos marrones, de esos que ven con ojos tristes y expresión de puchero, se vistió con la bata y aún dando traspiés por el sueño llegó a duras penas al baño, donde abrió el agua del lavamanos, mientras esperaba que el agua calentara, nuevamente dio un bostezo enorme, en el que casi se trata una mosca que iba volando, afortunadamente la mosca logró escapar ilesa.
Mientras tanto Carlisle aún en proceso de despertarse, daba manotones tratando de encontrar el botón para apagar la alarma del reloj que estaba sobre la mesita de noche, tirando todo al piso, incluso el despertador.
Mientras se estira lo más que puede, casi haciéndose más grande de lo que ya era, suelta un grito donde exhala todo el aire que había inhalado mientras hacía la postura hacia atrás, al escuchar el grito Celine ha abierto los ojos tratando de ver a su marido y el jabón ha entrado en ellos, así que ahora es ella quien grita.
Ambos bajan la escalinata que da hasta la cocina, caminando más por inercia que por voluntad propia ya que como ellos dicen «no somos gente hasta tomar el café de la mañana» Mientras en el trayecto Celine mira por los vidrios que dan hacia el patio trasero que esta cubierto de nieve y piensa —que pereza tener que levantarse con este clima. Arrastrando los pies con las pantuflas de perrito llega finalmente a la cocina, donde, a parte de la montaña de platos sin lavar que la miran desde el mostrador le hacen recordar que debe hacer labores de casa, no puede encontrar la cafetera, y grita de manera ensordecedora —Carl… ¿Has visto la cafetera? , a lo cual un grito similar le responde —querida… Está saliendo el café en este momento…
Como cada día se sientan en la isla de la cocina uno junto al otro, en un estado casi inmóvil, como si evitaran hasta pestañar para no gastar energías innecesariamente.
—Carl… Debemos hacer algo con nuestras vidas, creo que estamos desperdiciando algo, me siento estancada y aburrida de la vida, creo que nada es suficiente para mi.
—querida, que más puedes querer, debemos estar agradecidos, tenemos trabajo, comida, una casa que ya terminamos de pagar, un auto que nos lleva a donde queremos y vacaciones una vez al año. Me tienes a mi y yo te tengo a ti… Eso es más que suficiente para cualquiera…
—sí, ese es el problema, yo no soy cualquiera, necesito un cambio urgente, siento que si sigo así, algún día me convertiré en un vegetal. No hay alegrías en mi vida, solo trabajar y pagar deudas, algo me falta querido.
De pronto, una llamada interrumpe la conversación matutina de la pareja, Celine, se levanta dando traspiés y atiende el teléfono.
—buen día, ¿Sra Thompson?
—si buen día, ella habla ¿quien llama?
—le habla la Srta Rose la Secretaría del Dr Bill.
—buen día Srta Rose, ¿en que puedo ayudarla?
—era para informarle que los resultados de los exámenes están listos, van a ser papás…

Ser mamá sí te cambia la vida.
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Totalmente, era el cambio que ella esperaba sin saberlo ❤ te paso lo mismo?
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Con tres niñas sé de primera mano que ser mamá te cambia, sí o sí.
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Es así, totalmente de acuerdo yo tengo solo una y fue un cambio de 360°
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