Aquel día, que parece hoy muy lejano ya, pasaba con mi madre frente a la librería, en las estanterías, que siempre parábamos a ver porque a ambas nos gustan mucho los libros, estaba un libro, del que tantas veces había escuchado hablar, pero nunca había tenido la oportunidad de leer, le comenté a mi madre: “oye, ¿alguna vez leíste Robinson Crusoe?, ese libro que habla de un naufrago; a lo cual ella con una sonrisa en su rostro me dice, “si, lo leí hace muchos años, habla de mucho más que un naufrago, entremos a comprarlo y así descubres lo que realmente sucede en esa historia.”
Mi madre y yo, con una sonrisa que no me cabía en la cara, entramos a la librería que era todo un paraíso de historias, cuentos, novelas, cosas que para mí siempre han sido un sueño hecho realidad, de hecho en una oportunidad incluso le dije a mi madre: quiero ser escritora y tener mi propia editorial, sueño que mi madre siempre ha apoyado y aún hoy en día me impulsa y me apoya, para que no me olvide ni desvíe mi camino.
Llegué ese día a casa tan emocionada como cualquier pequeño la noche de navidad, sintiendo la sensación más placentera que existe para algún amante de la literatura, el olor de un libro nuevo, la tinta ya fijada en las páginas pero que aun emana ese exquisito aroma mezclado con las hojas de papel nuevas, que después de haber salido de la imprenta embalado era yo la primera en tocarlas y admirar las letras.
Fue uno de esos libros que te atrapan desde el primer momento, tuve que detener la lectura a la hora de comer, después de haberle dicho a mi madre unas diez veces “ya voy…”, toda la familia estaba sentada ya en la mesa, con la comida un poco fría esperando por mí para iniciar la cena, esas cosas solo un lector las entenderá, mi madre, como buena lectora solo soltó una sonrisa ladeada y señaló con su boca mi puesto en la mesa para que me sentara.
Las aventuras de Robinson Crusoe no solo es el relato de un naufrago, para mí es la historia de la perseverancia, de la resiliencia, de ella aprendí que cosas terribles pueden llegar a pasar en nuestras vidas, y más aún, que cuando pensabas que estaban mejorando, cosas peores suceden, pero que la estabilidad está dentro de cada uno de nosotros, si permitimos que el miedo nos venza, es ahí donde perdemos el camino.
De las cosas malas que suceden podemos sacar algo bueno, Robinson quedó atrapado en una isla durante más de treinta años, si mal no recuerdo, pero ahí fue capaz de hacer su vida, construyó su castillo y su casa de campo, domesticó animales e hizo huertos. El tomó cada cosa que había aprendido en su trayecto y lo puso en practica cuando tuvo necesidad.
Aun hoy en día cuando se me presentan situaciones adversas, me digo a mi misma, vamos que si Robinson hizo todo lo que hizo y salió adelante tu también puedes salir de esta situación, es una pequeñez comparada con las cosas que tuvo que vivir el.
Ves las cosas desde otra perspectiva, perseverancia, organización y llevar un diario por para conservar la cordura, de las cosas malas sacar lo mejor y lograr la superación personal mediante la correcta toma de decisiones, esas son solo algunas de las cosas que cada día mi madre me recuerda sobre el libro y hoy en día puedo agradecerle por aquella tarde maravillosa, donde me hizo uno de los mejore regalos de mi vida, el conocer esa historia y descubrir que es mucho más que solo “la historia de un náufrago”.
