En la espesa lejanía moran
Bestias y fieras salvajes
Aunque encerrados estemos
A la oscuridad tememos.
Leopardos de brillantes tintes
Leones de enormes melenas
Y de todas estas fieras
Debemos aquí cuidarnos.
Las Leonas en manada
Vueltas dan a la muralla,
Buscando por ahí una falla
Que nos lleve al matadero.
En las noches más oscuras
Una risa es muy temida
A los enfermos les tira
Y de pronto desaparecen.
Esas bichas bien pintadas
Que andan siempre en gran grupo
Las llaman hienas moteadas
Y no tienen ni un escrúpulo.
Cuando alguien palidece
Sea de día o sea de noche
Hay que mirar bien los bordes
Y correr a refugiarse.
La fecha es mil ochocientos
Mil ochocientos y tanto
En esta llanura inmensa
Vivimos bien encerrados.
El otro día un muchacho
De unos veintitantos años
Me ha mostrado sus manos
Todas rotas y arañadas
Al preguntar que había sido
Me dijo que ni fue un cochino
Que había sido una fieras
De esas que viven afuera.
¡Pero bueno! !Habráse visto!
Las manos tan demacradas
Que parecen una Laja
De esas de piedras grisáceas
Eh, muchacho ¿como ha sido?
Te has metido en algún lio,
Nada de eso mi señor
Fue por un merodeador.
Yo caminaba aquel día
Por allá por el camino
Y de pronto ese felino
Vino y saltó de repente.
Para proteger mi vida
Puse mia manos al frente
veía garras y zarpazos
Con las patas y los dientes.
En eso llegó Ramón
El que vive ahí en el frente
Y a punta de piedra y palos
Me Salvó de aquel demente.
Las manos así quedaron
razgadas y muy maltrechas
Pero al final la fiera
Salto y se fue para afuera.
Que susto, que zozobra
Es lo que se ve de sobra
En estos parajes lejanos
En el desierto Africano.
