5. El crepúsculo teñía de un naranja violáceo y sucio los ventanales altos del gimnasio, proyectando la cuadrícula de los marcos de hierro como una red de sombras alargadas sobre el suelo de madera. Adriano permanecía inmóvil frente al gran espejo del fondo, con los brazos cruzados sobre el pecho y el cinturón negro rozándoleSigue leyendo «La Semilla del Mal 5 (por Anastacia López Navarro)»