3. Amaneció con una luz grisácea y sucia que se filtraba por las rendijas del dojang, iluminando las partículas de polvo que danzaban como espectros sobre el tapiz gastado. El Maestro Adriano, cuya silueta proyectaba una autoridad serena pero alerta contra el gran espejo del fondo, recorría el perímetro del salón mientras ajustaba su cinturón;Sigue leyendo «La semilla del mal (por Anastacia López Navarro)»