La Reina de las Polillas (por Manuela Sánchez)

En el corazón del bosque encantado, habitaba la reina de las polillas, una criatura tan hermosa como tenebrosa. Durante todo el año, se encontraba prisionera de un hechizo oscuro, pero cada otoño, cuando la luna se alzaba en el cielo nocturno, sus alas se desplegaban y volaba en busca de su anhelada libertad.

Su aspecto era deslumbrante y a la vez inquietante. Sus alas, negras como la noche, estaban adornadas con sutiles destellos de plata, como si fueran estrellas atrapadas en su oscuro vuelo. Sus ojos, profundos y penetrantes, reflejaban una sabiduría ancestral y una tristeza eterna.

La reina de las polillas anhelaba con todas sus fuerzas romper las cadenas que la mantenían cautiva el resto del año. Su vuelo era silencioso y sigiloso, como un susurro en la oscuridad. Se adentraba en los rincones más oscuros del bosque, donde solo las criaturas nocturnas se atrevían a aventurarse.

Mientras volaba en busca de su libertad, se encontraba con otros seres malditos y criaturas de la noche. Había brujos y hechiceras que se ocultaban en las sombras, esperando el momento adecuado para conjurar sus maleficios. Los árboles susurraban secretos olvidados y las sombras cobraban vida, danzando al compás del viento.

A medida que el otoño avanzaba, se sentía más cerca de romper el hechizo que la tenía cautiva. Sentía en su interior la fuerza de la magia, un poder ancestral que anhelaba liberar. Pero el precio de su libertad era alto y oscuro. Debía encontrar el corazón del bosque encantado y enfrentarse a su propio destino.

La noche más oscura del otoño llegó, y se encontró ante el árbol ancestral, el origen de todo su sufrimiento. Con valentía y determinación, extendió sus alas y se adentró en la oscuridad. El hechizo se hizo más fuerte, más opresivo, pero ella no se dio por vencida.

Finalmente, en lo más profundo del bosque encantado, encontró el corazón del hechizo. Era una joya negra, brillante como el ébano, que irradiaba una energía oscura y poderosa. Sin temor, la tomó en sus garras y la destrozó con un último aleteo.

En ese instante, el hechizo se rompió y la reina de las polillas se transformó en un torrente de luz y sombras. Sus alas se volvieron translúcidas, como cristal negro, y su cuerpo se llenó de un brillo iridiscente. Por fin, era libre.

Desde aquel otoño, vuela por el bosque encantado, extendiendo sus alas en la noche para recordarle al mundo que incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay esperanza de encontrar la libertad. Su historia se convirtió en leyenda, y su nombre se susurraba en los rincones más oscuros del bosque, recordando a todos que la oscuridad puede ser vencida por aquellos que se atreven a luchar por la luz.

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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