Ana y las sombras

Ana vivía en un pequeño pueblo rodeado de bosques frondosos.

Desde pequeña, Ana siempre había sentido una extraña fascinación por las sombras que se filtraban entre los árboles. A menudo se aventuraba en los confines del bosque, donde los rayos del sol apenas lograban penetrar en la densa vegetación, y allí contemplaba las sombras que se movían y danzaban a su alrededor.

Sin embargo, había una sombra que le causaba miedo, una oscura figura que parecía acecharla desde lo profundo del bosque. A pesar de sus miedos, Ana no podía evitar sentir una extraña atracción por la enigmática figura.

Con el paso de los años, sus sentimientos se fueron transformando en una extraña obsesión, una enamoramiento malsano que la consumía día a día.

Un día, Ana decidió que quería ver la figura de las sombras en persona, quería conocer al enigma que había cautivado su corazón y que la había sumido en un mar de dudas y temores. Así que se adentró en el bosque, con las entrañas retorcidas de emoción y miedo.

Al cabo de un rato, Ana creyó ver la figura de las sombras. Sin embargo, cuando se acercó, descubrió con horror que se trataba de una trampa, un ardid del destino para atraerla hacia un peligroso precipicio.

Con una serenidad que le sorprendió a sí misma, Ana logró salir ilesa de la peligrosa situación.

Desde entonces, abandonó su obsesión por las sombras y decidió centrarse en vivir su vida con plenitud y sin miedo, aunque en el fondo quería continuar en la búsqueda de las sombras.

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar