
Cuando nos exigimos demasiado, bloqueamos nuestra mente sin darnos cuenta. Lo único que conseguimos es poner un filtro delante de nuestros ojos que hará que percibamos cualquier cosa que redactemos como basurilla. Sí, empezarás a pensar que todas las situaciones de la historia son típicas, que los diálogos no tienen nada de especial, que tu vocabulario no está a la altura de un erudito… Ya sabes, chorradas con las que muchas veces nos torturamos de manera innecesaria y que nos hacen perder un tiempo valiosísimo. Ponte a escribir tranquilamente y reposa. Después ya habrá tiempo de corregir.
Seguramente, habrá escritores rebosantes de ego que se piensen que todo lo que hacen es susceptible de romper las listas de ventas. Puede que, incluso, les dé igual hacerlo bien o fabricar una bazofia, ya que contar con el respaldo de una gran editorial es lo único que necesitan para llevarse unos cuantos billetes. Eso no es literatura. Un buen escritor es aquel que transmite su pasión en cada página y hace que el lector sienta lo mismo, algo que solo se consigue liberándonos y dejando los prejuicios a un lado, sobre todo, los que tenemos hacia nosotros mismos.