
En cuanto al lenguaje, deberías huir de las repeticiones y del abuso de sinónimos. También tienes que dejar a un lado las descripciones excesivas o grandilocuentes cuando no tengan cabida. En cuanto al contenido, suprime aquellas partes que no aportan nada en absoluto a la historia, como el relleno porque sí o la información que no lleva a ninguna parte.
Por ejemplo, un personaje se come un yogurt cuando llega a casa. Salvo que el libro verse sobre un gourmet o algún adicto a los yogures al que le produzca verdadero placer la degustación de los mismos, ¿sería necesario describir paso por paso cómo abre la nevera, saca el yogurt, le quita la tapa, hunde la cuchara en él y se lo come? Las elipsis se han inventado para algo más que jugar con el suspense. Omitamos cualquier dato irrelevante que no sume nada a nuestra historia. Los libros son un medio infinito, no hay límite de papel o de páginas en Word. No obstante, esto no significa que tengas que incluir absolutamente todo lo que te pasa por la mente.