La Niebla

dentro de esa niebla habitan las pesadillas más oscuras que has tenido en tu vida

Por: Manuela Sánchez

La niebla cubría aquel lugar, el color blancuzco hacía que todo luciera exactamente igual sin importar en que dirección miraras. Ahí en esa escalinata no había como caminar, cada peldaño podía significar una estrepitosa caída. 

Sin poder moverte de sitio pronto los nervios van apropiándose de tí, la circunstancia lo amerita, esa sensación de que podrías quedarte ahí por tiempo indefinido comienza a afectar en la mente, escalofríos recorren lentamente tu cuerpo mientras al mismo tiempo un bochorno sube desde la parte trasera de la espalda recorriéndola hasta desembocar en la parte alta del cuello, en la base del cerebelo donde bien se sabe habita el cerebro reptiliano, ese que se activa en momentos de vida o muerte, donde la adrenalina podría actuar para sacarte de aquel lugar, pero en esta ocasión te deja inmóvil. 

Cierras los ojos y respiras profundo como tratando de controlar esa sensación que vive en tí, que siempre ha estado ahí pero que ahora aflora como tormenta repentina en medio del mar bravío. 

—vamos, debes calmarte, te dices a ti mismo mientras intentas en vano mover un pie hacia el siguiente escalón. 

Bajar o subir es inútil, dentro de esa niebla habitan las pesadillas más oscuras que has tenido en tu vida, rostros de gente que ya no está en éste plano, esas que alguna vez conociste muy bien y que han desaparecido para siempre, o al menos eso pensabas. Tiempos de antaño que estaban sepultados ahora renacen con más fuerza atormentado tu interior. 

—yo no fui, yo no lo hice, dices internamente mientras las piernas tiemblan a punto de perder la fuerza que hace que te sostengas en pie. 

Cada vez se hace más densa la niebla y los sonidos que trae con ella hacen volver a tu memoria recuerdos cercanos, llantos y gemidos entrecortados de dolor que en noches oscuras vinieron a tí; olores que hace tiempo eran desconocidos, pero que luego llegaste a conocer muy bien, el sudor, la sangre, las feromonas, la desesperación, el miedo, las lágrimas saladas que robadan por esos rostros que conociste bien, de afuera hacia adentro. 

—yo no he sido, yo no lo hice, vuelves a gritar en tu interior como tratando de darte consuelo, mientras tiras con tus manos de tus cabellos rizados. 

Mientras la niebla espesa te cubre por completo, esas voces que te han hablado durante tanto tiempo y que siempre has ignorado van resonando más fuerte en tu cabeza «es tu culpa», «Tu lo has hecho», «Fuiste cómplice» ,»Estuviste ahí y no nos salvaste» ,»Tus manos tienen mi sangre», «Tus labios me besaron antes de matarme», «Mi hiciste tanto daño» ,»Tu me mataste«… 

Un grito ensordecedor retumba por todo el lugar — esta bien he sido yo, yo las asesiné, por amor, no quería que nadie más las poseyera sino yo, fueron mías, son mías y siempre serán mías.

Pronto la niebla se va disipando, la escalinata, escalón por escalón va haciéndose visible, en el parque el silencio reina más que de costumbre, las aves no cantan, los niños no ríen, los padres no hablan, las mujeres no respiran. Todo parece estar detenido en el tiempo y el espacio.

En ese lugar donde estabas sólo queda un zapato roto con una nota donde testificas que tu has sido el monstruo que ha cargado con la vida de varias mujeres en el pueblo.

La niebla misma ha sido juez y verdugo en tu historia personal y ahora estas con ellas llorando tus penas.

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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