Aquel hombre gritaba cada noche desde su habitación Era delgado y despeinado, sin afeitar. Exhortaba a alguien a mirarlo, desafiándole cual Quijote a los molinos de viento. Abrí la ventana de mi habitación y grité: ― ¡ya, déjame dormir maldito loco!―. Su gesto en la distancia me sobrecogió Entonces, escuché una detonación, muy cerca. DeSigue leyendo «REFLEJO EN LA VENTANA (por Anastacia López Navarro)»