Aquella tarde de julio, ya casi terminando el mes, el verano en el centro de París era sofocante; casi 32°C de temperatura, era algo fuera de lo normal, porque las máximas temperaturas solían ser de 24°C. Esto agobiaba a los transeúntes que se dirigían a sus casas tras una larga jornada de trabajo. Los turistas,Sigue leyendo «Ningún lugar es demasiado lejos (por Anastacia López Navarro)»