Derribo la puerta después del tercer empujón. Mi hombro derecho late por el golpe pero no es momento para pensar en ello. Me abalanzo hacia las escaleras y en un abrir y cerrar de ojos estoy dentro del sótano desde donde recibí la primera señal, luego solo hubo silencio. Entonces mi corazón se detiene. Muerta.Sigue leyendo «MICROCUENTO»