Los gritos penetrantes no me dejaban pensar, eran más bien como un chillido agudo y punzante, de esos que sientes que te perforan los cesos al punto de sentir que los vuelan por los aires.Una y otra vez retumbaban en mi cabeza haciendo que sintiera ganas de vomitar, el estómago se doblaba un poco enSigue leyendo «Arriba, en el aire (por Manuela Sánchez)»