El Jardín de Rosas


En lo más profundo de la noche, la luna iluminaba con su suave resplandor el jardín de rosas. Sus pétalos, delicados como terciopelo, parecían susurrar secretos al viento. Una brisa cálida acariciaba la piel de Ana, quien caminaba descalza por el césped húmedo.
Sus sentidos se agudizaban al entrar en contacto con la naturaleza. El aroma embriagador de las flores llenaba el aire, envolviéndola en una fragancia seductora. Cerró los ojos y dejó que los susurros de las hojas y el suave susurro de un arroyo cercano la transportaran a un estado de ensueño.
En medio de la penumbra, sintió una presencia cercana. Unos pasos cautelosos se acercaron a ella. Abrió los ojos y se encontró con la mirada penetrante de Alejandro, su amante secreto. Sin decir una palabra, él la tomó de la mano y la guió hacia una pequeña glorieta cubierta de enredaderas.
Allí, rodeados por la naturaleza vibrante, sus cuerpos se acercaron en un abrazo intenso. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, explorando cada rincón con dulzura y deseo. Las manos de Alejandro acariciaban la piel de Ana, deslizándose con suavidad y provocando escalofríos de placer.
La tensión se desplegaba en el aire. Cada roce, cada caricia, despertaba una llama ardiente en ellos. No necesitaban palabras para comunicarse, sus cuerpos hablaban un lenguaje propio. En ese momento mágico, se entregaron al éxtasis del amor, dejándose llevar por la pasión que los envolvía.
El jardín de rosas fue testigo silente de su encuentro, guardando en sus pétalos la esencia de aquel momento mágico. Y así, en medio de la noche, bajo la luna cómplice, Ana y Alejandro se fundieron en un abrazo eterno, sellando su conexión en un lugar donde el erotismo y el amor se encontraban en perfecta armonía.

@manush1986

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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