
Autores cuyas vidas estuvieron marcadas por el sufrimiento y la creatividad. Sus obras reflejan sus luchas internas y su búsqueda de la verdad y la belleza en un mundo que más bien les parecía una intermitente tempestad, dejando un legado literario que perdura más allá de las limitaciones de tiempo y espacio.
La historia del romance entre Paul Verlaine y Arthur Rimbaud es una saga tumultuosa que ha fascinado a generaciones por su pasión desenfrenada y complejidad. La relación entre ambos comenzó cuando el joven Rimbaud, de tan solo 17 años, envió sus poemas a Verlaine, que ya era un poeta consolidado. Impresionado por el talento y la audacia del chico, Verlaine lo invitó a París en 1871, donde se encontraron y comenzó a gestarse una intensa conexión artística y emocional. Lo que inició como una relación mentor-protégé pronto se transformó en un apasionado affaire entre ambos poetas. Rimbaud, con su espíritu rebelde y su genialidad poética, cautivó a Verlaine, quien se vio seducido por la juventud y el talento de su amante. Su relación se caracterizó por una intensidad emocional sin precedentes, marcada por momentos de éxtasis creativo y tormentosas disputas. Su relación estuvo impregnada de escándalos públicos y conflictos. Sus reuniones estaban marcadas por discusiones acaloradas, excesos de alcohol y pura pasión desbordante, lo que provocaba constantes altibajos en su vínculo. La pareja emprendió varios viajes juntos, incluido un retiro a Londres donde su relación alcanzó su punto más álgido. Sin embargo, la convivencia exacerbó las diferencias entre ambos, y las tensiones aumentaron, dando lugar a peleas violentas y situaciones caóticas. La relación llegó a su fin de manera abrupta y trágica. Después de una discusión violenta en Bruselas, Verlaine disparó contra Rimbaud, hiriéndolo levemente. Este incidente marcó el punto de quiebre en su romance, y Rimbaud decidió alejarse para siempre, poniendo fin a una de las uniones más apasionadas y problemáticas en la historia de la literatura.