
Una vez más, para mi es un honor dar la bienvenida a una colaboración, muy valiosa. En sus redes sociales pueden encontrarle como lacolitadeldiablo esta obra, titulada «el infierno de los artistas» Está conformada por 4 actos que les iré compartiendo semanalmente, así que atentos a las notificaciones para que disfrutes de principio a fin.
¿Qué no puedes intentarlo?,
de todos modos vamos a morir…
ACTO I. El talento
Yo nunca creí ni en el cielo ni el infierno, nada me costaba en realidad pero consideraba todo aquello una pérdida de tiempo y en caso contrario, estaba dispuesto a pagar el precio de lo que se
supone es vivir en libertad.
El ambiente se sentía muy frío, mi cuerpo se sentía muy liviano, muy blando, como si fuera una pluma, como si fuera una gelatina, temía abrir los ojos. Muy a lo lejos se escuchaba un pregonero,
anunciaba una feria de talentos pero ¡yo estaba muerto!
Con algo de temor, decidí abrir los ojos, muy lentamente para evitar la decepción de la
sorpresa, para que, por si acaso, algo me causara disgusto, cerrarlos de nuevo y fingir que duermo.
Fue muy grato todo lo que me encontré. Estaba en una plazuela, donde el viento caliente levantaba el polvo que me golpeaba la cara, repleto de gente obesa que al parecer, vestían muy bien, señoras recatadas y niños altaneros que hacían berrinche. La curiosidad me invadió y decidí recorrer un poco el lugar.
El pregonero gritaba cada vez más fuerte y más emocionado: ¡el show pronto va a comenzar!
Con mucha dificultad me abría paso entre la multitud, no quería tocarlos, ni mucho menos rozarlos, es que, siempre me causó algo de repulsión la gente obesa y sudorosa, y aunque lograba
disimularlo, en mi rostro podía percibir cómo se dibujaba un gesto de desagrado, mientras las señoras regordetas me miraban con la misma repulsión. De pronto, todo oscureció, sólo se escuchaban murmullos y al pregonero que gritaba incansable: ¡el show pronto va a comenzar!
Congelado, me quedé de pie esperando a la luz volver, pero nunca llegó, abrumado, escuché la voz de un anciano a la altura de mí oído:
-¿Cuál es tu talento?- al tiempo que un reflector de incandescente luz blanca y cegadora me iluminaba la cara.
-Yo n-no te-tenngo talento- dije con premura
-¡Aquí todos tenemos uno!- respondió el anciano con un tono de voz que dejaba al descubierto su enojo- Él necesita diversión- agregó susurrante
-Yo nu-nunnnnca fu-fui bueno…
-Eso es un hecho, es la razón por la que estás aquí- puntualizó el anciano mientras soltaba una carcajada y continuaba- ¡vaya que eres gracioso!, a Él le gusta reír mucho
-¡N-no, no!- dije desesperado- yo siempre fui muy tímido, y-yo en la vi-vida nu-nunca tuve amigos y-y c-con los pocos que pude congeniar nu-nunca pu-pude hablar con soltura
-¿Eres un buen cantante?
-N-no lo creo se-señor, soy ta-ta-tartamudo
-¿Tocas algún instrumento?
-Siempre qui-quise to-tocar el violín pe-pero dijeron q-q-q-que era desproporcionadamente gro-grotesco y aún cuando mi maestro dijo que tenía talento no quise intentar más
-¿Algún deporte?, a Él le encantan los golpes- sugirió emocionado
-¡Oh no! M-mi padre suprimió toda la violencia en mi ser y…
-¡Cállate!- tu padre es un imbécil-
-¿Pintas?
-No
-¿Bailas?
-No
-¡¿Escribes?!- preguntó emocionado
-No- respondí sollozando
-¡¿Y qué rayos hiciste toda tu vida?!- seguro viviste al límite, entre sexo y alcohol
-¡No!- yo nunca quise vivir, yo sólo existí, despertaba cada día suplicando que fuera el último de mi existencia, cruzaba la calle con los ojos cerrados porque quería ser arrollado, yo buscaba el
peligro, yo perseguía a la muerte, pero la muerte aún no quería saber de mí.
Entonces todos los malditos días de mi vida, los pasé viviendo la peor de las pesadillas mirando como los otros podían hacer sus sueños realidad, yo deseaba su talento y me pasé la vida
entera saboteando mis propios sueños.
Cuando yo quise cantar, alguien cantó mejor que yo, cuando quise bailar, alguien bailó mejor, cuando quise pintar, alguien pintó mejor, cuando quise escribir alguien lo hizo mejor que yo y me
quedé esperando, hablando sólo dentro de mi cabeza porque ahí no era tartamudo, era un hombre multitalento, que bailaba, cantaba, recitaba, yo era un verdadero artista de teatro, pero no tuve valor,
siempre tuve miedo, siempre estuve callado.
Y aquí me tienes, en las profundidades del infierno, a punto de ser condenado y frustrado,¿Quién iba a pensar que si vivía bien o mal de todos modos acabaría en este lugar? Maldito sea el
tiempo, el espacio y el miedo, malditos los gordos maliciosos que ahora me escuchan hablar, maldito seas tú anciano decrépito que no tuviste ni siquiera la cordialidad de mostrar tu rostro y pronunciar tu nombre, malditos todos.
-¡Magnífico!- dijo el anciano quien al mismo tiempo y con sobresalto se ponía de pie y
aplaudía enjundioso, más reflectores se encendieron y dejaron ver a un público obeso que aplaudía mientras murmuraban.
El Diablo era aquel anciano que me había entrevistado, que me hizo hablar con soltura, un
cazador de talentos que hizo realidad mi único deseo: ser actor de teatro y esa había sido mi primera y única presentación. Sonreí con orgullo y con algunas lágrimas en los ojos, mientras miraba las cortinas bajar, anunciando el fin de mi acto.