Enoc y la tortuga (por Anastacia López Navarro)



Enoc odiaba tener que mudarse de la ciudad y dejar a sus amigos, su colegio y todas las comodidades que tenía. Solía botar desperdicios fuera de la basura y su mamá le recordaba que podía elegir hacer las cosas bien y cuidar el planeta.
Aunque iba a un lugar hermoso, cercano al mar no quería dejar aquel donde había vivido durante sus 8 años. Se subió contrariado a la parte de atrás del auto de su mamá y se quedó mirando por la ventanilla de atrás lo que dejaba para siempre.
Rodaron durante toda la mañana, ya en la tarde llegaron al pequeño puerto donde tomarían una lancha para llegar Bahía de Tortugas. Su mamá era biólogo marino y le habían asignado montar un laboratorio para estudiar por qué habían estado desapareciendo las especies de aquella zona.
Al llegar a la isla los recibió la estatua de una enorme y majestuosa tortuga de piedra y dos hombres corpulentos llamados Tahi y Moan que habían estudiado biología marina con Arantxa en la universidad de Aberdeen en el Reino Unido y obtuvieron una beca de especialización en rescate ambiental y transformación de desechos químicos en la Universidad de Tecnología de Sídney.
A ambos les encantaba su trabajo de ambientalistas porque habían viajado por todo el mundo haciendo estudios de las diferentes aguas, continentales y oceánicas.
A diferencia de la gran ciudad aquel lugar era muy limpio, estaba todo muy bien ubicado y todas las casas se veían pintadas y arregladas. El único ruido era el de las aves, la brisa entre las altas palmeras y el mar.
De pronto escuchó la risa de unos niños que salieron corriendo, empujándose unos a otros y al verlo se echaron a reír al mismo tiempo que le hacían señas para que se les uniera.
Su mamá le había enseñado a bucear y a nadar muy bien, así que no tuvo problema en zambullirse en el agua donde ya estaban los demás niños. Israel nadó hacia él y le dijo: ― “¿eres Enoc? Y él sorprendido asintió con la cabeza. El niño prosiguió, ― “bien estamos completos, esperábamos por ti, soy Martín hijo de Moan”―
Enoc no pertenecía a ningún clan ni equipo en la ciudad pero aquí ya era parte de un equipo muy particular.
Aquella isla había sufrido mucho por el gran derrame de petróleo que años atrás causó una catástrofe natural, un injusto ecocidio. Gracias a la llegada de Moan y Tahi pudieron salvar la isla y a todas las especies.
Pero hacía unas semanas las pacas de tortugas habían estado desapareciendo y se organizaron unos equipos para ir en su búsqueda. Enoc ya no extrañaba la ciudad de hecho pensaba que la ciudad necesitaba estar más limpia y con menos ruido.
Moan y Tahi construyeron una caverna en el fondo de la bahía para que durante los derrames de aceite, la mayor cantidad de peces y especies se resguardaran, mientras hacían las labores de rescate ambiental. Sus dioses eran espíritus del agua que les otorgaban poderes especiales tales como el desarrollo de branquias durante el tiempo que necesitaban estar sumergidos. Eran grandes y veloces nadadores con la fuerza de un tritón para mover piedras y corales bajo el mar.
Enoc no comprendía la dinámica ni qué tenía que hacer. Israel le explicó que debía pasar por una pequeña prueba para determinar si estaba físicamente apto para realizar algunas labores debajo del agua. Lo llevó a un pequeño acantilado y se paró al borde de la piedra más alta, el viento soplaba fuerte y Enoc se acercó a donde estaba aquel niño tan desafiante.
Debes seguirme y sin esperar respuesta se lanzó de clavado hacia las aguas que corrían al fondo del abismo. El niño se quedó mirando sosteniendo la respiración mientras su corazón latía aceleradamente. No lograba ver a Israel y cerrando los ojos se lanzó al vacío.
Su cuerpo entró como un alfiler al agua y sintió como los remolinos lo arrastraban y se aturdió y asustó cuando empezó a tragar agua. De pronto su cuerpo era suspendido fuera del agua como si flotara sobre una enorme ola.
Abrió los ojos mientras escuchaba voces que gritaban, súbitamente algo enorme emergió del agua y con los ojos abiertos como dos huevos fritos vio la cabeza de una tortuga gigante que lo miraba con dulzura y sonriendo. Empapado de agua se paró sobre el caparazón y pudo ver la entrada del puerto a donde había llegado y notó que no estaba la estatua de la tortuga.
Todos lo esperaban gritando desde la orilla y la gran tortuga camino lentamente mientras le contaba que el hombre de la ciudad había intentado acabar con aquel lugar y que otros de su misma especie trabajaron duro para rescatarla. Así que era una decisión de cada quien elegir hacer el bien o hacer lo incorrecto.
Cuando llegaron a la orilla, Israel le colocó un talismán en el cuello y le dijo: Fuiste valiente y confiaste en mí, eso nos hace hermanos, tienes lo necesario para ser parte de nuestra familia.
Aquel talismán le otorgaba los poderes para bajar a las profundidades y ayudar en la búsqueda de las tortugas. De inmediato se pusieron en camino y sus habilidades como buceador se sumaron a los dones que había recibido.
Encontraron un nido de tortugas enredado en una especie de tela de araña transparente que se había formado por los desechos arrojados al mar por una embarcación. El mismo, había flotado hasta la orilla atrapando a las pequeñas tortugas que habían salido de sus huevos y empezaban a desplazarse por la arena.
Enoc las tomó con cuidado haciendo un nudo y les pidió ayuda a sus compañeros para subir.
Desde entonces Enoc se dedicó a cuidar aquel lugar y cuando se hizo grande fue por el mundo enseñando la importancia de elegir hacer bien las cosas.

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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