
Prisionera perdida, siempre esclava,
En un mundo oscuro que nunca acaba,
Entre las sombras, sin esperanza,
Buscando la luz, sin encontrarla.
Encadenada a un destino incierto,
Sus sueños rotos, su corazón abierto,
Sus lágrimas caen, sin cesar,
En esta cárcel de soledad.
Pero en su pecho aún late la fuerza,
La esperanza que no se desvanece,
Lucha valiente, sin rendirse,
Por encontrar su libertad perdida.
En cada amanecer se levanta,
Con el deseo de escapar de la trampa,
Sus alas rotas, ansían volar,
Y encontrar un nuevo amanecer brillar.
Prisionera perdida, siempre esclava,
Pero su espíritu nunca se desarma,
Atraviesa mares y montañas,
Hasta encontrar la paz que tanto anhela.
Y un día, finalmente, se liberará,
De las cadenas que la ataban sin piedad,
Será un suspiro de alivio en el viento,
La prisionera perdida, encontrará su contento.