
En una noche oscura y fría,
me encontré con una extraña llave
que al acariciarla con mi mano
sintió mi piel su extraña clave.
Sin saber qué usarla para abrir,
empecé a caminar por la ciudad
con la llave aún en mi bolsillo
buscando alguna puerta para penetrar.
Y fue así como llegué a un jardín,
donde los sueños son reales
y al oído, un suspiro me llamó,
pidiendo que entre con la llave.
Abrióse la puerta a mi paso,
y un mundo de maravillas apareció,
montañas de helado y algodón,
animales, ciudades y hasta un dragón.
Pero como todo sueño termina,
la llave desapareció en la bruma
y como al despertar de un gran sueño
buscamos recordar cada cosa una a una.
Desde entonces soy un buscador,
que cada noche aferrado al sueño,
busca en su sueño la llave de oro
para poder entrar al mismo sueño.