
Mínimas partículas de oro
atrapadas en el viento
forman dunas y murallas
ergástulas soberbias del desierto
Como un ingenuo troyano
dejas entrar la mordida inclemente
y altanera de aquel animal
condendo a la carroña
Es un espacio concurrido de soledades
donde a los parpados les brotan alas
las ventanas descalzas
hieren sus pies con el vidrio roto
de las lágrimas.
Sin poder dimitir a la rabia
la esperanza regresa como fenix moribundo de la antártida
Batiscafo de un abismo de arenas
surges con tus manos de la nada
y tras el epicedio de tu inminente partida
Mi lápiz rotundo se levanta