
Hay días que ni te pienso,
otros que no te extraño,
algunos más me haces falta
como el sol al verano.
Hay instantes que te recuerdo,
segundos de desegaño,
que taladran despacio mi mundo,
que disuelven mis sueños en el pasado.
Mi piel se vuelve de sal
de tanto extrañar tus caricias,
mis lágrimas hacen mar,
cayendo hasta mis rodillas.
Vivo a la mitad de la nada,
esperando algún gesto tuyo,
vivo desconcertada,
cantando como un murmullo.
Por favor, ya no quiero pensar
ni quiero tenerte guardado,
no quiero volver a llorar,
ni cerrar mi corazón con candado.
Hasta nunca, amor mío,
tu voz viajará por el viento,
hasta nunca, cielo mío,
pongamos fin a este cuento.
— Poetisa Rosa