¿Dónde guardar tanta pasión? (Por José Tek)

El día de hoy tengo el placer de presentarles a un excelente escritor nobel argentino, el es José Tek, quien hoy nos comparte un poco nuboso biografía y nos deleita con su cuento ¿A donde se guarda tanta pasion?

José Augusto Tek nació en 1983 en San Miguel de Tucumán. Hijo de un matrimonio de clase media, padre empresario, madre dentista. El segundo de tres hermanos. Contador por profesión, escritor por vocación. Hincha fanático de River Plate. Su cantante favorito Joaquín Sabina. Felizmente casado, con dos hijos. Uno de ellos diagnosticado TEA (trastorno del espectro autista), situación que lo llevó a replantearse muchas cosas, en especial el poder de la palabra.
Su relación con la literatura: sus primeros escritos fueron poesías en la adolescencia, luego pasó a los relatos y por último a los cuentos.



Cuento: ¿dónde guardar tanta pasión?

Dios hizo con el hombre la obra de ingeniera más asombrosa de todo el universo. Pero se le pasó la mano, le puso mucho brillo en sus ojos. Así que esa ambición desmedida terminó en guerras, orgías, en discusiones sin sentido.

Llamó a su serafín predilecto para que con su infinita sabiduría encontrara una cura que calme a las bestias, que consuma esa pasión desmedida. Le pidió algo sutil, sigiloso digno de la mano del Creador. Que con una humildad abrumadora quería interceder sin que nadie lo sepa. Que quede flotando la duda al igual que una bruma liviana, ¿fue él o fue la “evolución”? Esa palabrita que tanto les gusta a los ateos.

Ante una tarea tan compleja, pidió ayuda a los demás ángeles. Pasaron los siglos con numerosos concilios donde discutían acaloradamente que hacer, mientras que los descendientes de Adán y Eva seguían haciendo estupideces a diestra y siniestra. La primera conclusión a la que arribaron es permitirles crear el fuego, el cuarto elemento natural, que hasta el momento desconocían los terrestres. Un halito de sabiduría sopló sobre los homo sapiens. Después de frotar unas varitas, el humo y las chispas, dieron lugar a las lenguas rojas, amarillas y negras que invadieron la Tierra. “Es bonito por la noche”, “da calor”, “es brillante”, le decía su ayudante a Dios tratando de convencerlo. Pero la pasión irracional humana lo terminó usando para destruir la responsabilidad y consecuencias de sus fechorías. Si un problema se hace excesivamente pesado, al fuego con él.

El consejero del Creador volvió a las anotaciones, gráficos, estadísticas. Ideó la rueda, unos 3.500 años antes de Cristo. A plantar la idea en la cabeza de los hombres, con ella van a trasladar objetos con rapidez y  embelesarse con su giro. El mundo no cambió en un ápice, seguían desbordados de un fuego interno que no lograban saciar.

A punto de ser echados del paraíso, Dios volvió a llamarlo y darle una última oportunidad. No quería más diluvios, ni plagas para contener al hombre. Necesitaba algo que los apacigüe, que los atonte, que los excite donde puedan descargar esa vehemencia.

El ser alado reunió a sus colegas más brillantes y generaron una idea superadora a la que llamaron deporte. Dios esbozó una leve sonrisa, todos se felicitaron, habían cumplido su propósito. Una recreación individual que los hombres bautizaron como atletismo, que es correr y correr para llegar primero, mientras consumían todas sus fuerzas. Y para aquellos que no tenían un físico apto para las largas distancias, la lucha libre. Todo permitido, entran se revuelcan un rato, sin sangre, sin muerte hasta que queden exhaustos. Tiempo después los humanos estaban más tranquilos que de costumbre. Cada uno volvió a sus tareas, asunto resuelto.

Cientos de años después, el serafín se distrajo de sus tareas intelectuales y miró una muchedumbre enardecida, con banderas, pecheras identificadoras, caras pintadas y bengalas de colores que hacían juego. A punto de hacer sonar las alarmas, dudó un instante y enfocó su atención. En el centro del campo una esfera, la evolución de la rueda, y alrededor de ella dos bandos de personas corriendo y saltando como conejos. Le dio curiosidad si era un evento aislado, pero kilómetros más allá un recinto con otras dimensiones estaba repleto, en el medio una pelota ovalada y conejos más tonificados. Más allá la misma pelota, pero los saltarines están protegidos por cascos y pecheras. Habían usado la rueda, el fuego y el deporte todo esto en un solo espectáculo. La pasión consumiéndose en un solo acto.

Extendió sus seis alas y a toda velocidad se dirigió a donde estaba Dios, para preguntarle si estaba al tanto. Si iba a ser exiliado o si su invención era correcta. Antes de poder emitir una palabra, el Creador dijo “yo voy siempre por los locales”.



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Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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