
Aquella era una mañana muy atareada para Míriam, como cada día debía hacer un millón de cosas.
Míriam trabajaba como redactora en uno de los periódicos más famosos del país, era una mujer joven, de hermosas cabellera de rulos negros y bien torneados, su piel blanca hacia buen contraste con el cabello y más aún con sus ojos color verde esmeralda, a su corta edad había logrado sobresalir en su área de trabajo, pero en su vida emocional era todo lo contrario; a pesar de haber tenido varias parejas, siempre terminaba sola, ya sea por su carga de trabajo, que no le daba mucho tiempo para compartir o porque cuando tenía tiempo libre prefería descansar en casa y no estar por ahí de fiesta, de hecho Míriam era lo que podíamos llamar, una mujer de pocos amigos.
Aquella mañana luego de responder sus mails y de sentarse a leer las principales noticias del país, Míriam miró su tasa de café y con un profundo suspiro tomó un pequeño sorbo, sentía que la vida se le estaba yendo de las manos con el trabajo y la monotonía, al mismo tiempo se decía para sí misma: —las cuentas no se pagan solas, hay que trabajar…
Se calzón los tacones, ajustó el cinturón de su saco, tomó su maletín y salió del apartamento cabizbaja, mientas llamaba el ascensor.
Nathaniel es un joven músico, de cabellos rubios y labios, con un cuerpo fornido, grandes piernas por tocar la batería y un sentido del humor muy negro, pero que le encanta estar rodeado de amigos, quizá hasta ser el centro de atención en las fiestas a las que asiste o en los conciertos en los que participa, Nathaniel vive en el edificio de enfrente de Míriam, a diario la observa con admiración, pero la suerte o el destino no han ido a su favor.
Esta mañana Nathaniel ruega a Dios, a los dioses, al universo, al creador o a quienquiera que escuche que sea el día correcto para poder hablar con ella.
El ascensor llega a planta baja, al abrir las puertas Mirian sale como siempre con pisada firme y segura, saliendo del edificio como dueña de su vida y hay que demostrarlo, Nathaniel mirándola se lanza a cruzar la avenida, mientras un auto que viene transitando debe frenar de improvisto para evitar atropellar al joven, quien al darse cuenta de lo que estaba haciendo , salta hacia atrás regresando a la acera; al mirar de nuevo Míriam ya no está.
Llega la tarde y es hora de regresar a casa, mientas se sube en el tren Míriam observa en la estación a un apuesto joven que llama su atención, es Nathaniel, solo que esta vez él está tan absorto en sus pensamientos que no nota la presencia de Míriam, ella como impulsada por una fuerza externa intenta bajar del tren, pero la multitud de gente presente no le permite avanzar, las puertas cierran y Míriam se queda inmóvil en el lugar; mientras camina por la calle desde la estación donde bajó cln dirección a su apartamento, el rostro del joven queda plasmado en la mente de Míriam.
Pasan los días y siguen pensándose, siguen soñándose, sin conocerse se conocen, se sienten, al cerrar los ojos se miran, al dormir se unen, el destino les habla en una lengua silenciosa, en un idioma que ambos entienden a pesar que pensaban no llegar a hablarlo.
Meses después, al estar en el supermercado, en el pasillo de las verduras Míriam se pierde en el pensamiento mientras intenta recordar de nuevo ese rostro que vió aquel día, pensativo y taciturno, mientras en el pasillo de al lado, el de las bebidas, está Nathaniel con su rostro pensativo y taciturno pensando en como hacer para acercarse a Míriam y hablar con ella; se sienten, se sueñan, se esperan peroo hasta ahora el destino no les ha concedido el momento de conocerse.