
Desde la cabeza hasta la cola es un especimen hermoso, sin lugar a dudas, mientras se desliza lentamente va dejando entrever sus ojos, profundos y posesivos, con colores mate que a pesar de ello llaman enormemente la atención de quien le mira.
Su piel perfectamente lisa y satinada se siente tan bien al tacto que simplemente es imposible no querer tocarla, sentirla, acariciar cada centímetro de ella, poseerla…
Es una lucha con el propio yo el mantener la distancia para evitar caer en la tentación de hacerle mía.
No hace ningún ruido, ya no más, antes de vez en cuando podía sentir su sonidos, un suspiro entrecortado, una respiración profunda.
Un movimiento brusco y otra vez alguno lento me ayudan a saber que sigue ahí, que vive, que siente, intentando deslizarse una vez más por el suelo frío y húmedo, se siente tan bien verla en un ambiente así, donde podría ser libre pero a la vez es una presa fácil para cualquiera.
Depredador o presa, es así, simplemente ella, hermosa, digna, imponente, quiero tocarla, sentirla, hacerla mía de una vez, pero me contengo, no puedo tomarla, no aún, la paciencia es el mayor de los dones, desde una distancia prudencial la observo mientras se retuerce en el suelo.
Sé que espera, ella espera en silencio, ahí en su lugar, espera el momento de mi llegada; ella sabe que estoy aquí, que la miro aunque aún no me ha visto; sus sentidos son muy agudos, con el más mínimo movimiento que yo haga ella querrá defenderse, esta presta al ataque, aun cuando sus movimientos son muy limitados.
La he observado durante días, ahí en el mismo lugar, en el mismo suelo, arrastrándose por el lugar de aquí para allá, no intenta irse, sabe que no podrá hacerlo, no intenta gritar, sabe que nadie más escuchará, solo yo estoy en este lugar, aunque ella no me ve.
Come de vez en cuando, algunas sobras que he dejado en el lugar, bebe de cuando en vez el agua es una necesidad, pero su sed mas profunda es la que me alimenta en realidad, la sed de venganza, la ira que tiene contenida me anima a seguir más, a querer más, a centrarme más en mi objetivo.
El silencio es mi compañero y el suyo también, entre luces y sombras me refugio disfrutando su olor, ella mira por doquier tratando de encontrarme con sus ojos, pero me cubro de su mirada jugando con su mente, luces de noche sobras de día el tiempo pasa lentamente y pronto estará todo a punto para finalizar.
Todos somos animales, ella… yo… sumergidos en las ganas, ella de vengarse, yo de poseerla. No quiero un no por respuesta, no quiero obligarla, pero no quiero dejarla ir, el suelo frío y húmedo en el cual se desliza hace contraste con el día, mientras su cuerpo siente el movimiento del viento sobre sí, ¿seré yo? ¿Será ella? Una despedida que vendrá para llevarnos juntas a la eternidad.
El animal fue ella, una víbora que me envenenó de amor, me cegó y me llevo a matar a tantas otras por celos, por dolor.
El animal fui yo que la traje aquí para pagar sus deudas y sus promesas incumplidas, no sólo conmigo, sino con el tiempo, con la vida y con la muerte.
Nosotras dos, seguiremos juntas más allá del tiempo.