Esta es otra de las horitas que resultaron del Mundial de escritura de este año, en este caso debíamos tomar alguna cosa que nos hubiese pasado que fuese dolorosa, yo no tomé algo que me sucediera a mi, sino que imaginé un caso de algo que pudiese ser doloroso para alguien más, así nació noviembre. Espero que lo disfruten.
Ese dolor en la costilla derecha aparece de vez en cuando, cuando pienso que esta vez no aparecerá ahí salta como por arte de magia y viene siempre acompañado de su mejor amiga, la punzada en el oído, esto suele pasar en momentos de mucho estrés, donde la mente divaga y la cabeza no está centrada, cuando las piernas se sientes desfallecer y el alma parece abandonar el cuerpo, como aquel día.
Era noviembre, justo como ahora, recuerdo las palabras nítidamente como si pasó ayer, y cada día retumban en mi cabeza, una y otra vez repetía «no es nada, todo estará bien» Seguido inmediatamente por una arcada con bilis, yo, sujetandole por la cintura hacía fuerza para no dejarle caer al suelo frío, afianzando bien los pies para lograr contener el peso que recaía sobre mis hombros, el peso del cuerpo desfallecido y el peso de las emociones que me invadían, —¿seguro que vas a estar bien?
Como siempre, con una sonrisa en su rostro, y un gesto de amor en su mirada, aunque notablemente cansada de la vida que le había tocado y las penurias que había vivido, estaba entregada a lo que vendría, sabía que era su momento de encontrarse con el creador.
Subimos al auto, un pequeño Mazda cuatro puertas, ella iba sentada delante en el lugar del copiloto, a pesar de ir bien sujetada con el cinturón de seguridad, con el asiento un poco reclinado, yo, desde el asiento de atrás preferí sujetarla por los hombros, y el posa cabeza del asiento del copiloto iba clavado en mi costilla derecha (al momento no sentía ningún dolor, porque mi mente estaba enfocada en otra cosa, en ella)
Veía como en sus ojos, que me miraban fijamente iba apareciendo un color grisáceo, que poco se poco cubría desde el rabillo del ojo lentamente hasta sumergirse en el iris y la pupila, un manto que le iba quitando la luz a su mirada y se llevaba así su vida.
Los autos que iban en la vía, sin saber lo que pasaba, se detenían y Oswald (el chofer) tocaba la bocina de forma insistente pidiendo paso, era tal el ruido de afuera que en un momento sentí como una explosión dentro de mi oído y algún tipo de líquido comenzó a correr desde mi oreja, por mi rostro hasta llegar al asiento del copiloto, ella levantó su mano casi sin fuerzas y me acarició la mejilla llenándose sus dedos de sangre.
Finalmente llegamos a la clínica, después de unos veinte minutos en la vía, me bajé del carro para abrir la puerta del copiloto y poder sacarla, la tomé entre mis brazos y la apreté contra mi cuerpo lo más fuerte que podía, recuerdo que sus brazos rodearon mi cuello y me dió un beso tierno, caminé con paso apresurado hasta la emergencia y le dije al residente:
—»por favor haga algo», la respuesta fue pronta —»no tenemos como atender este tipo de casos aquí, debe llevarla a otra clínica»
—»pero… Si la saco de aquí morirá, los dos morirán… «
—lo lamento, no podemos hacer nada…
Subimos nuevamente al auto, mientras veía como su mirada se seguía apagando y su color era cada vez más pálido, con voz tenue me dice —»tengo sueño… Quiero dormir un poco… » —»duerme… » Le respondí, mientras mi respiración se aceleraba y mi mente gritaba ¡no duermas, por favor no duermas!
El posa cabeza incrustado en mi costilla derecha ya había hecho su trabajo, una fisura, más por la presión que yo aplicaba para sujetarla que por otra cosa, y el oído sangrante con la punzada penetrante no me importaban, me importaba ella y lo que estaba en su vientre que ya no se movía.
Pasados unos minutos llegamos a la siguiente clínica, donde nuevamente me bajé de la parte trasera del auto para tomarla en mis brazos, esta vez su cuerpo era más pesado, inerte, su respiración ya no se sentía, sus manos frías ya no se sujetaron a mi cuello y al llegar a la emergencia con ella cargada el médico me dijo las palabras que jamás un hombre quiere escuchar de la mujer que ama, —»lo siento, esta muerta».
Acostarla en la camilla y saber que sería la última vez que la vería no era lo más difícil, darle el último beso y saber que ya no envejeceríamos juntos, eso es lo que más duele, saber que ella y mi hijo están juntos me conforta un poco, mi familia está en el cielo.
Me tocó seguir viviendo, porque así lo prometí, en soledad los sueño y el dolor en la costilla derecha que surge cuando estoy en momentos de estres junto con su amiga la punzada del oído me recuerdan aquel trágico día, donde perdí lo que más amaba.