MICROCUENTO



Derribo la puerta después del tercer empujón. Mi hombro derecho late por el golpe pero no es momento para pensar en ello. Me abalanzo hacia las escaleras y en un abrir y cerrar de ojos estoy dentro del sótano desde donde recibí la primera señal, luego solo hubo silencio. Entonces mi corazón se detiene.


Muerta. Esta muerta. Lo veo en la palidez casi verdosa de su cuerpo.


Arrodillado junto a ella está Flavio. Bastardo. Lo voy a desangrar con mis propias manos. Cómo no lo vi venir. Cómo pude ser tan jodidamente ciego.


Ese bastardo la deseaba. Joder. Los dejé solos en demasiadas ocasiones. Cómo no lo sospeché antes . Por qué no lo sospeché antes.


Flavio me mira con cara de confusión. Como si eso le fuera a servir de algo. Confié en él. Puse mi bien más preciado en sus manos y las envolvió alrededor de mi pescuezo. Era mi hermano, lo hubiese dado todo por él sin apenas pestañear. Él lo sabía y aún así me traicionó.


Me acerco a grandes zancadas. Flavio parece paralizado, será que ahora es realmente consciente de sus actos y de lo estúpidos que fueron. Demasiado tarde. Saco mi cuchillo y veo como abre la boca paa decirme algo, no lo dejo y en su lugar rebano su garganta. La sangre salpica mis manos y los zapatos antes inmaculados.
Me acerco a Anna y al tomar su pulso me doy cuenta que aún late, eso me llena de una emoción tan efímera pero a la vez real. Pronto llegarán los refuerzos, solo resta esperar así que miro alrededor.


Veo cuerpos desperdigados por muchos rincones. Cuando entré no fui consciente de ellos, la ira me impedía pensar en nada más y mucho menos observar como debería. Miro a Flavio y lo veo cubierto de sangre, entonces pienso en el momento que entré y recuerdo sus manos sobre el pecho de Anna. No puede ser. No. No puede ser.


Observo a uno de los hombres despatarrado sobre una mesa con un cuchillo enterrado en su sien, el cuchillo de Flavio.


Siento que me falta el aire y se me hace imposible respirar. Flavio. Muerta. Reanimación. Estaba intentando salvar a Anna. Estaba intentando salvarla y yo lo maté. Maté a mi hermano. El dolor me desgarra y ni siquiera puedo gritar. Arderé en el infierno, cualquier dolor quedará pequeño para el que realmente merezco. Mi hermano, mi todo. Esperaré que lleguen los refuerzos. Anna lo merece, yo … yo no puedo decir lo mismo.

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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