
Le conté a ese dios de los balcones, le abrí mi pecho y busqué todas las violencias finas con que hacerme sufrir.
Le conté al dios sobre los sueños, sobre aquellas sensaciones donde caía y me sentía morir.
Le conté del cansancio, de andar descalza y desquebrajada. Le hablé de la miseria y lloré de rodillas ante la cruz del mundo. De rodillas, yo, atea y hereje, esperé el sol.
Me contó entonces de la muerte, del ciervo sacrificado frente a otros dioses, de la incomprensión que le ahoga la existencia.
Abrí los ojos y lo encontré: muerto.
#insomnio
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✍🏻 Lau Carsez