
Me enamoré de sus desatiempos, de sus «eres mía» sin realmente serlo.
Me enamoré de su confianza, de su forma de mirar la vida sin miedo a lo que traiga.
Me enamoré de su valentía, de su ausencia de miedos en contraste con los muchos que yo tenía.
Me enamoré sin pretenderlo y aún hoy me sorprendo, por no haberme enamorado desde su primera sonrisa.