Gigoló

Como lo prometido es deuda, por aquí les dejo el resultado del desbloqueo gracias a Bukowski. Tuvimos la suerte de compartirlo por el grupo de lectura y aparentemente gustó mucho.

Espero poder leer sus comentarios también por aquí, saludos nos seguimos leyendo


Esa tarde llegó un mensaje al celular: «señora Rita, soy Gabo el chico de la cuadra, la he visto pasar muchas veces y me gustaría ofrecerle mis servicios, atiendo mujeres maduras, no se preocupe soy discreto… «
Con el celular en la mano, lentamente su ropa va cayendo al piso mientras camina hacia la habitación.
Vuelve a leer el mensaje y se imagina a ese joven parado en la esquina de la cuadra, bajo aquel poste con su cuerpo bien formado, tonificado por el ejercicio que se ve practica arduamente, sus cejas pobladas que esconden debajo una mirada profunda, su rostro serio no muestra ninguna sonrisa, pocas veces deja ver esos dientes un poco torcidos pero que son agradables a la vista, igual, es mejor que no sonría, se ve bien serio.
Acostada boca arriba en la cama vuelve a leer el mensaje, mientras cierra los ojos se imagina esos dedos largos y ágiles como de pianista acariciando su rostro, mientras la toma del cuello para llevar sus carnosos labios a dar el más dulce de los besos, ha pasado tanto tiempo desde que sintió alguna caricia, algún tipo de cariño, alguna sensación agradable en su cuerpo.
Puede imaginar aquel hombre apuesto y musculoso desnudo sobre ella, con una lengua ágil y juvenil lamiendo cada centímetro con esa pequeña pieza metálica que ha visto varias veces salir de su boca mientras está parado ahí en el poste pensativo, con la mirada perdida en el horizonte, con ese aroma al perfume Jean Paul Guthrie que impregna toda la cuadra y que la deja tan loca al pasar, esa mirada que hace olvidar todos los males, que deja a un lado la edad y hace vivir el momento, los labios carnosos, los brazos fornidos y ese abdomen bien tallado, que parece hecho por los mismos dioses, un miembro juvenil bien erecto que roza suavemente su muslo mientras la llena de besos calientes y apasionados.
«Atiendo a mujeres maduras», decía el mensaje, —¿a cuantas mujeres maduras habrá atendido?, ¿a cuantas habrá llenado de placer?, no quiero que atienda a otras, quiero que esté conmigo y me haga recordar lo que se siente ser joven otra vez, quiero revolcarme con él cada día hasta el cansancio, no quiero que esté con otras.
Toma el celular con el mensaje aún en pantalla y con el recorre su cuerpo comenzando desde el cuello, mientras el contacto del vidrio frío del teléfono la hace erizar la piel, «soy discreto» —No quiero discreción, quiero que todo el mundo sepa que eres mío, que me coges a mí solamente. Con la pantalla del celular dibuja un camino por sus senos, firmes y redondos a pesar de la edad, ha sido buena idea la cirugía porque se han mantenido en buen estado, sus pezones firmes y duros se deslizan por la pantalla en el trayecto hacia abajo, para llegar a una cintura bien torneada por las clases de yoga y pilates de los últimos años, al llegar a la cadera voluptuosa suelta el celular a una lado mientras sus dedos juguetones van directo al clítoris, dibujando círculos grandes al principio mientras los introduce lentamente en su vagina para sentir el cálido tacto que no sentía desde hace tanto, los saca y vuelve a los círculos en el clítoris, mientras va aumentando la velocidad va viendo esos ojos que la invita a querer más, a devorarlo a pedazos, a pasar el resto de su vida a su lado, esos labios carnosos, la lengua con la pequeña pieza metálica rozando sus pezones, percibe el aroma al perfume, sus músculos y su torneado cuerpo sobre ella, sus nalgas duras y redondas tan agradables al tocarlas, su miembro erecto penetrándola una y otra vez mientras le da palmadas en las nalgas, las piernas se tensan, los pies se ponen en punta, las nalgas se aprietan, la espalda se arquea y la boca se abre solo un poco mientras da las estocadas finales con los dedos, su otra mano araña suavemente sus senos dejando unas ligeras marcas rojas hasta los pezones, las piernas se abren relajándose y dejando salir toda esa energía contenida por tanto tiempo.
La espalda vuelve a tocar la sabana de algodón egipcio de no sé cuántos miles de hilo. Lentamente saca la mano de su vagina y la sube hasta su boca, la lame para recordar el sabor de la lujuria, mientras con su otra mano sudorosa busca a tientas el celular que había dejado a un lado aún con el mensaje en la pantalla, lo toma y le da a la opción responder…
«Muchacho, hay que ver que eres bien abusador enviando esta clase de mensajes a damas honorables como yo, te agradezco que no escribas más, sino tendré que denunciarte… «

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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