
Ya les había comentado que estoy trabajando en un escrito, tiene por nombre historias inconclusas porque trata de varios escenarios y varias historias de personajes aislados unos de otros pero que espero que en algún momento se encuentren y sus historias se entrelazan, soy brújula, así que no tengo una historia predefinida ni una ruta trazada, simplemente dejó que fluya.
Les he ido dejando fragmentos de las historias para que vayan conociendo más o menos sobre que se tratan
Aquí les dejo otro fragmento, espero los comentarios a ver que tal les parece
Cada noche al dormir sus sueños se tornaban turbios, esa cara que tanto anhelaba volver a ver aparecía de pronto, llamándolo, haciéndolo hundirse en un mar de sensaciones y deseos que alguna vez pensó que no volvería a experimentar.
El aroma de aquel perfume que lo enloquecía con sus dulces notas de jazmín y azahar, aquella piel blanca y suave como seda China que la contacto con sus manos se deslizaba como queriendo escapar, el cabello rizado que al menor movimiento de su cabeza se mecía tiernamente haciendo saltar sus rulos de arriba hacia abajo, la sonrisa que parece iluminar todo el entorno al aparecer, parecía que el sol había salido después de una turbia tarde de tormenta.
El deseo de tocarla, de poseerla una vez más se apoderaba de él, necesitaba sentirla cerca y explorar cada rincón de su cuerpo, escuchar su risa tímida al tocar esos rincones que solo él sabía que le gustaba tanto, necesitaba mirar esos grandes ojos color miel y buscar en el fondo de ellos esos secretos que ella ocultaba tan bien.
Al despertar todo se había esfumado, menos las ganas...
Al otro lado del mundo ella, despierta miraba a en cada lugar la cara de aquel hombre, que de un momento a otro se esfumaba, acelerando el paso en búsqueda de Seguridad, de un lugar donde esconder su ser y alejarse de los recuerdos de aquella otra vida de la que había escapado, o por lo menos eso intentaba a diario. Soñaba despierta con aquella tez trigueña, aquellos ojos negros que le desgarraban el alma como una vez desgarraron su cuerpo, con aquel olor particular que ahora le producía náuseas tan sólo de cruzárselo en el camino. Se sentía invadida en momentos como si este individuo formaba parte de ella aunque estaba muy lejos.
De cuclillas en la esquina de aquel callejón respiraba profundo, tratando de descubrir realmente quien era, a donde pertenecía y cual era su misión en este mundo, mientras desde la distancia era observada por otro ser, que sabía en realidad el trayecto que su alma había tenido durante su evolución, la había seguido por las diversas dimensiones que había transitado y le había acompañado en sus vidas pasadas, era más que su guía, un observador de la creación que poco a poco se iba desarrollando de la forma en que debía, mientras las lágrimas se deslizaban suavemente por su rostro, el péndulo se movía a su favor, las energías se iban alineando poco a poco. Comenzaba a ser invisible para todos los demás ciudadanos, en las calles pasaba inadvertida, sin saberlo ella había evolucionado a tal punto que su cuerpo ya no era percibido, el momento estaba cerca, la verdad finalmente le sería revelada, su ser estaba completo ahora.
Las lágrimas rodaban por su rostro, pálido e inexpresivo, tóxica, le decían en la calle, personas que ella ni si quiera conocía, se atrevían a etiquetarla y ella a un con lágrimas corridas, caminaba con la frente en alto.
Un hombre Maduro se le acercó y tiernamente enjugó sus lágrimas.
—tranquila, le dijo, todo estará bien, no los escuches más.
—y, ¿qué sabes tú? Le replicó ella con actitud defensiva, como era lógico ante los ataques que había recibido.
—sé mucho, sé que no eres lo que ellos dicen.
La figura le parecía atractiva pero a la vez todo por lo que había pasado le truncaba la vida y no le permitía continuar, a pesar de que pensaba que su ser estaba evolucionando, no sabía en realidad que pasaba en su interior.
Los recuerdos de ese hombre y de vidas pasadas se unían en una sola mente que divagaba y se perdía en un mar pensamientos ilusos e irreales, pero que a la vez se sentían y eran tan reales que hacían dudar a cualquier cabeza, por más centrada que estuviese.
Aquel hombre la conocía bien, sin ella saber quién era, formaba parte de ella, era la misma semilla separada en el trayecto de la evolución de las vidas, de las reencarnaciones. Sus energía se unían y se volvían una, se complementaban a pesar de la distancia, sus sueños los atraían