
Aquel lugar parecía estar abandonado, era lobrego y solitario, se podían ver muebles viejo, paredes enmohecidas y por piso una alfombra de hierbas cortas, de esas que nacen donde hay mucha humedad, a simple vista solo parecía una habitación olvidada por el tiempo, donde los hombres no existían desde hace algún tiempo, algo más bien post apocalíptico.
Al acercarse un poco más, algo se mueve, ahí abajo en el piso, la vida rebosante, puedo asegurarles que abandonado no está…
Aquellos seres diminutos se mueven por todo el lugar, quien los viera podría decir de ellos que, a pesar de su piel color verduzco pálido, su extraño movimiento al andar, esa baba que dejan mientras se desplazan de aquí para allá, o los pequeños puntos que tienen por ojos, podrían llegar a ser una criatura fascinante, por no decir algo desagradable.
Mientras observan los líquenes que hay en el suelo, ellos trepan de uno en otro abriéndose pasó entre la espesura para lograr encontrar comida nutritiva que los ayude a subsistir, al encontrarse con otro de su especie se retuercen sobre si mismos y expulsan un olor que apesta todo el lugar, mientras los puntos que tienen por ojos se alargan de pronto para mirar mejor a su oponente, aquí es más cuestión de defender el territorio por la comida, en un espacio desolado como este cualquier milímetro regalado a otro podría significar una muerte por inanición.
Al no tener dientes o extremidades, se hace difícil luchar contra el oponente, la única ventaja es que el tampoco los tiene, se acerca decidido a paso lento pero seguro, dejando tras de sí esa marca distintiva que todos conocen bien, deslizándose con precaución, una su cuerpo como rodillo y se lanza sobre su oponente para tratar de exterminarlo con el peso de su cuerpo, el otro, mientras tanto trata de huir del lugar para no terminar como estampilla en el pasto, algo un tanto difícil cuando la velocidad no está de su lado.
Cuando finalmente logra ganar a su oponente se enfoca en no dejar rastro de él, pero si no tiene extremidades ¿como logra tal hazaña? Simple, lo devora, bocado tras bocado va desapareciendo el cuerpo de su oponente, aunque en su apariencia no lo parezca es un caníbal, come hasta que ya no queda rastro de su oponente, esta lección no quedará aprendida para nadie más, porque simplemente la evidencia ha desaparecido lentamente en las fauces de este ser.
Con el estómago lleno se desliza lentamente buscando algún lugar seguro donde descansar y hacer digestión de a copiosa comida que acaba de tener, al otro lado de la silla blanca hay un buen lugar, pero debe atravesar una selva peligrosa para él.
Levantando los ojos más arriba de su cabeza logra ver el entorno, una chinche por la pared, hormigas por doquier, aquella catarina que desde lo alto observa en busca de comida fácil, las abejas que por alguna razón están construyendo el panal en la esquina del techo, verdaderamente los depredadores están por doquier.
Vuelven los ojos a verse como dos puntos negros, este ser viscoso y desagradable se empequeñece lo más que puede para evitar ser visto por aquellos depredadores, se desliza despacio, silenciosamente arrastra su cuerpo hasta debajo de la mesa y prefiere quedarse ahí inmóvil mientras espera que la pesada carga que lleva en su estómago se convierta en energía para sortear los obstáculos que aquella selva le pone a diario, lo que no sabe es que detrás de él un depredador mayor le sigue el rastro que va dejando en su andar.