Manos Tomadas En Sintonía

Créditos de la imagen a su autor/ grupo Scout Cayaurima, familia auriceleste


Por: Manuela Sánchez

Hace muchos años atrás pertenecía a un grupo Scout, donde el aprendizaje de vida fue esencial para convertir me en lo que soy hoy en día, este grupo se llama Cayaurima, en él hice amistades de vida, varias de las cuales aún conservo, este grupo Scout aún hace vida en el lugar donde crecí, San Antonio de los Altos en Venezuela, cerca de la capital, un lugar montañoso y hermoso.

Pronto la familia Auriceleste cumplirá 50 años, en honor a esto escribí esta historia llena de recuerdos y la gran significado para los que pertenecimos y aún los llevamos en nuestros corazones y el nuestro ejemplo de vida.

La historia se llama «Manos tomadas en sintonía»

En algunas ocasiones las noches eran frías, de esas en las que provoca estar abrazados con alguien, sobre el pasto un tanto húmedo pero muy cerca de la fogata solíamos contar historias de vida, de experiencias vividas, en algunos momentos dejábamos nuestra imaginación volar y nos trasladábamos al futuro, ese futuro donde prometíamos seguir siendo amigos y seguir compartiendo noches bajo las estrellas.
Las risas reinaban la mayoría de las veces acompañadas de manos tomadas en sintonía, de lágrimas que rodaban por nuestros rostros y abdominales adoloridos de tanto reír, pero el pasto húmedo nos seguía sosteniendo siendo testigo y cómplice de aquellas risas y de aquella hermandad que nos unía.
Las conversaciones comenzaban en vos baja, y entrada la noche resonaban por todo el bosque; los árboles con sus copas que se movían lentamente con la brisa nocturna nos acompañaban mientras aprendimos las constelaciones, e intentábamos contar las estrellas mientras reíamos de nuevo porque esa misma estrella ya la habíamos contado como veinte veces.
Otras noches eran calurosas, después de un largo día de escalada o estudiando los nudos (que siempre me costaron más que las estrellas, de naturaleza soy un poco lunática, y menos enrollada, así que amo la Luna y el firmamento, me es difícil anudar y aprender los nombres); en esas noches oscuras y acaloradas el piso de la carpa era muy incómodo aún usando un sleeping bag que generalmente ayudaba a dormir mejor, pero en esos días no había nada mejor que el pasto, el aire libre, y dormir bajo las estrellas, tomados de la mano en sintonía, pidiendo deseos juntos cuando pasaban las estrellas fugaces, el que pedíamos era que siempre estuviésemos ahí, aún en el futuro, aún al crecer y cambiar de rumbo, tener ese punto de encuentro al lado de la fogata, para poder seguir riendo, mirando las estrellas, tomándonos de las manos y siendo cómplices de historias.
Al principio, en nuestra niñez, estábamos en sintonía sin saberlo, grupos separados de niños y niñas, donde los dirigentes durante el día nos invitaban a participar en actividades de cooperación, siempre nos ayudábamos y nos apoyábamos, no era competencia para nosotros, era simplemente poder tomarnos de la mano y saber que estábamos ahí uno para todos y todos para uno, como los mosqueteros. Al llegar la noche debíamos ir cada uno a dormir a su lado del campamento, los dirigentes se quedaban en la entraba conversando mientras nosotros, acostados boca arriba en esos colchones duros y fríos, que más bien parecían estar hechos de piedra, donde a pesar de intentarlo no se podía dormir, dábamos vueltas y vueltas esperando que en algún punto de la noche se ablandara a tal punto que pudiéramos conciliar el sueño, en cambio con los ojos cerrados imaginábamos las estrellas, y nuestros cuerpos acostados lado a lado sobre el pasto húmedo y acogedor, mientras soñábamos con un futuro, donde esa amistad no terminara nunca; hasta que finalmente el cansancio podía más que nosotros y caíamos en los brazos de Morfeo.
Cada quien tomó su rumbo y pasó eso que siempre temíamos, nos separamos, crecimos y cada uno se ocupa ahora de sus responsabilidades, muchos se fueron lejos del lugar, ese que tanto nos gustaba caminar, explorar, descubrir y acostarnos juntos sobre el pasto, tomados de la mano en sintonía.
Aun hoy en día, donde quiera que este, cierro los ojos durante la noche y vienen a mi memoria esos hermosos recuerdos, acostados lado a lado en el pasto, mirando las estrellas y pidiendo que en algún momento podamos volver a encontrarnos en ese hermoso lugar rodeado de árboles, algunos de nosotros ya partieron al cielo y se que desde el firmamento nos observan y son ahora parte de esas constelaciones que aprendimos, de estas estrellas fugaces a las que pedimos deseos y siguen con nosotros en ese momento del recuerdo donde nos tomábamos de la mano en sintonía

Publicado por Escritosoriginalesmanu

Hija, esposa, madre, docente de ❤ escritora en proceso, amante de la naturaleza, confío en un cambio intrínseco de la humanidad

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